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Opinión - 'Ceuta, los hechos y las mentiras', por Raimon Obiols

Ceuta, los hechos y las mentiras

3 de agosto de 2026 22:29 h

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A sucesos tan espectaculares y trágicos como los de Ceuta les sigue siempre un alud de campañas mediáticas y políticas, de comentarios, análisis, interpretaciones y especulaciones de todo tipo. Aunque en un artículo de opinión pueda parecer paradójico, tal vez lo mejor, en estas circunstancias, es limitarse al ejercicio de resumir y sopesar los hechos verificados.

Algunos de estos hechos conocidos son los siguientes. El pasado viernes 31 de julio, entre 50.000 y 60.000 personas cruzaron de forma masiva e ilegal desde Marruecos hacia la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron en su inmensa mayoría a nado, a través del espigón del Tarajal. Los servicios de emergencia han rescatado del mar, hasta la fecha, cerca de un centenar de cadáveres de migrantes fallecidos en el intento, en su mayoría jóvenes y niños. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó a Ceuta y calificó la situación de “violación de la integridad territorial”. El Gobierno desplegó a las Fuerzas Armadas y dispuso cierres temporales de los pasos fronterizos. Los dos gobiernos acordaron una repatriación ordenada y en 48 horas los migrantes irregulares regresaron o fueron devueltos, casi en su totalidad, a territorio marroquí.

También es un hecho evidente que las imágenes de lo sucedido -espectaculares, impresionantes- se difundieron rápidamente por televisiones y redes y causaron un profundo impacto. Es asimismo un hecho comprobado que tanto la derecha como la extrema derecha de España y del mundo entero se lanzaron inmediatamente en tromba sobre lo sucedido. La tragedia humana de Ceuta se transformó al instante en combustible para una ofensiva mediática y política masiva y global. Vídeos y fotografías falsos o procedentes de escenarios violentos de otros países y circunstancias que mostraban refriegas, saqueos y homicidios se hicieron virales. Iban acompañados de mensajes que conviene mencionar, porque tendemos a prescindir de su seguimiento. Véase este ejemplo: “Un inmigrante marroquí apuñaló en el cuello y asesinó a un hombre a plena luz del día en Ceuta, dejándolo desangrarse en el medio de la calle”. O este otro: “Están fuera de control en Ceuta y Melilla. La población en grandísimo peligro. El Ejército deberá intervenir antes de que sea muy tarde, pues se está reportando otra oleada de migrantes”.

Es un hecho también perfectamente comprobado que en Washington las declaraciones incendiarias no se hicieron esperar. El presidente Trump, que lleva meses calificando a España de “terrible partner”(“socio espantoso”), difundió imágenes de Ceuta acusando al Gobierno español de hacer esfuerzos deliberados para favorecer la inmigración clandestina. Aprovechó para hacer campaña, de cara a las elecciones estadounidenses de mitad de mandato: “Es terrible. Recuerden esa imagen. Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”. Si los demócratas ganan las elecciones del 3 de noviembre, apostilló, “nuestro país será invadido a un nivel que hará que lo ocurrido en España parezca insignificante”. El vicepresidente Vance le fue a la zaga: “Gracias a Dios, @POTUS (Trump) fue elegido y la frontera de nuestro país ya no tiene este aspecto. Estas imágenes procedentes de España son un lamentable recordatorio de las consecuencias de la migración masiva y de las políticas globalistas de la izquierda radical que han hecho posible la invasión de Occidente”.

Es también un hecho verificable que Itamar Ben Gvir, el ministro de Seguridad Nacional israelí, se permitió un mensaje supuestamente sarcástico: “Mis felicitaciones al Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, por su profundo compromiso con la acogida de la inmigración y la ‘diversidad humana’. Le llamo a traducir las palabras en hechos: abra las puertas de España y conceda refugio a los residentes de Gaza que solicitan emigrar”.

También es un hecho evidente que en Europa ha habido quien ha querido sacar tajada de la tragedia. Un ejercicio de fact-checking del periódico italiano La Repubblica ha desmontado, punto por punto, las afirmaciones sobre las que se construyó la reacción de Giorgia Meloni y sus ministros (uno de ellos, Tajani, se precipitó a declarar que “las imágenes que llegan de Ceuta demuestran que la decisión del Gobierno de Madrid de dar la ciudadanía española, y por tanto europea, a más de 500 mil inmigrantes irregulares ha sido profundamente equivocada”).

Subrayó el periódico italiano el hecho indiscutible de que no es posible desplazarse desde Ceuta y Melilla a la Península sin pasar por un control policial de identificación y que por consiguiente la integridad del espacio Schengen estaba plenamente garantizada. Señaló asimismo que la acusación a España de que había concedido la ciudadanía europea a más de 500.000 inmigrantes irregulares era falsa: el decreto español otorgó permisos de residencia y trabajo, no pasaportes. Pero el punto más contundente, que invertía las acusaciones de Meloni y sus ministros, es que los datos de Frontex para el periodo 2021-2026 dicen que 478.600 migrantes irregulares llegaron a Europa a través de Italia, frente a 234.760 a través de España. También aquí los hechos se imponían.

Detrás de los hechos y de las mentiras están, naturalmente, los hechos aún no conocidos, con sus correspondientes interrogantes. Una pregunta, en particular, destaca sobre todas las demás. Se la hizo ayer, desgarradamente, según ha narrado Ignacio Cembrero, una madre antes de enterrar el cadáver de su hija Faten, ahogada frente a Ceuta: “La juventud está perdida, todos van a matarse. ¿Por qué? ¿Quién abrió la puerta la primera vez? ¿Por qué la abrieron para que maten a nuestros hijos?”

No sé si serviría de mucho saber hasta qué punto los trágicos sucesos de Ceuta se han originado con el impulso, la complicidad, el beneplácito, el conocimiento o la impasibilidad de unos u otros. Bastan, para saber a qué atenernos, los hechos conocidos.

Basta saber de que hay quienes no vacilan en jugar con la vida y la muerte de miles de jóvenes en situación desesperada, fascinados por el “sueño de Europa”. Basta tomar conciencia de la la increíble capacidad de manipulación de las redes sociales (“Engañar a más de sesenta mil personas prometiéndoles el paraíso parecería imposible si no lo hubiéramos visto en Ceuta”, ha escrito Carmen del Riego).

Bastan los hechos ya conocidos para saber que existe una estrategia en marcha para para infundir en nuestras opiniones públicas el miedo creciente a una “invasión migratoria”; para desestabilizar al Gobierno de España y, a ser posible, hacerlo caer sin elecciones; para dividir, debilitar y someter a la Unión Europea. Lo menos que se puede decir es que se trata de una estrategia con muy terribles precedentes.