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Ceuta: de zombis, invasiones y avalanchas

4 de agosto de 2026 22:21 h

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Guerra Mundial Z: miles de zombies intentan entrar en una fortificada Jerusalén, usando sus propios cuerpos para formar una escalera de carne que supere las murallas, unos sobre otros como hormigas enfurecidas, hasta llegar arriba y caer por el otro lado donde van acumulándose en una montonera informe que facilita el paso a los que vienen detrás, sin que los soldados puedan hacer nada por frenarlos pues son demasiados y, cuando unos caen, otros caminan sobre sus restos.

¿Tú también te acordaste de Guerra Mundial Z al ver las imágenes de Ceuta? Elon Musk lo hizo, las redes sociales de la ultraderecha mundial lo repitieron, todos compartiendo fotogramas y vídeos de la famosa película ¿Y nosotros? El problema no es que la extrema derecha proponga un imaginario de “zombis”, “invasión” y “avalancha”: el problema es que todos lo tenemos interiorizado, y por mucho que nos digamos comprometidos con los derechos humanos, también nosotros vemos una masa amorfa de cuerpos anónimos que avanzan como “zombis”, “invaden” y caen en “avalancha”.

No culpo al cine de zombis, que desde sus inicios ha recogido nuestras ansiedades colectivas con su fuerza metafórica: ya fueran las tensiones raciales, el miedo a la enfermedad contagiosa o ahora las migraciones, el zombi es “el otro” por excelencia, el que amenaza nuestra forma de vida, el que puede infectarnos y convertirnos también en otros. Desde que además los zombis del cine corren veloces y atacan en grandes grupos -frente al zombi lento y tonto de antes-, en el inconsciente colectivo ha quedado fijada esa imagen del primer párrafo como representación de nuestros terrores.

A los migrantes siempre los ha deshumanizado el relato político y periodístico, y a veces también la ficción, incluso cuando es bienintencionada. No vemos personas individuales con nombre e historia propia, sino “migrantes” genéricos, miembros de un ser colectivo, anónimos, intercambiables, prescindibles. El relato de la “invasión” y la “avalancha” acentúa esa deshumanización: nos invaden como plagas incontenibles; caen sobre nosotros en avalancha como piedras o como una masa informe e indistinguible.

No es solo la ultraderecha la que habla de “invasión” y “avalancha”: estos días la prensa, no solo la de derecha, presenta a los migrantes como proyectiles humanos, munición en manos de gobiernos y mafias, objetos arrojadizos que son lanzados, que hay que detener, que se acumulan en las fronteras, que las desbordan, que agujerean vallas, que pasan unos sobre otros, que se hunden en el mar y caen rodando por las rocas, que ocupan la ciudad, que se dispersan por las calles, que provocan el pánico y las persianas bajadas, que luego son enviados de vuelta, que se disuelven pero permanecen como amenaza hasta la siguiente ocasión.

Nadie pondrá nombre ni dará historia al centenar, tal vez más -desconocer la cifra exacta es parte de su deshumanización-, que han muerto intentando entrar en Ceuta. Son solo parte de una invasión, de una avalancha.