Que ser de izquierdas vuelva a ser sexy
Apartemos un rato consideraciones sobre convocatorias electorales, dinámicas parlamentarias, mayorías o negociaciones, importantísimas todas, pero también café de consumo regular para los más cafeteros. Un problema que ha tenido la izquierda en los últimos tiempos ha tenido que ver con el atractivo. Frente a la exaltación de unas nuevas juventudes gozosamente derechistas, como los libertarios en Argentina, que hallan placer en humillar al débil y destrozarlo todo, ante su impotencia a la hora de construir, la izquierda era caricaturizada como una fuerza moralista, un cura que riñe, partícipe del dedito levantado permanente, castradora, casi.
Muchos fueron convencidos, a través de ese discurso, de que la juventud estaba seducida por una derecha punk, por cómo esta encarnaba una nueva rebeldía canalla y con desparpajo. Algo en eso resultaba casi natural: los hijos siempre se rebelan contra los padres y, para la generación más joven, la autoridad y el Estado parecían progresistas, igual que para mi generación la rebeldía iba contra el Gobierno conservador de Mariano Rajoy. Así, en lugar de impugnar cosas, la izquierda pasó al papel de defensora de lo que hay. En ese proceso perdió atractivo, sex appeal, deseabilidad.
No dejo de pensar en una cosa, desde que comenzó, fruto de la labor del Sindicato de Inquilinas, la acampada en Sol por la vivienda, mientras he observado cómo crecía hasta llegar a las calles aledañas, a Preciados y Arenal: más allá de lo que se logre en el corto plazo en términos legislativos en lo que a vivienda se refiere, más allá de cambiar la agenda, más allá de recordarnos a muchos lo que es la demostración de músculo, lo que es la fuerza sindical o lo que es la colectividad, una gran conquista, que ya está sucediendo, es que la acampada ha logrado que ser de izquierdas vuelva a ser sexy.
Me explico. Estoy viendo a gente que no había militado nunca preguntarse por dónde empezar a militar, a familiares despolitizados de amigos dar un volantazo hacia la izquierda. En la acampada de Sol no hay un tribuno, un amo, un líder o un Dios: lo que hay es una fuerza fundamentada en estar juntos, disciplinados y coordinados, y también un gozo que proviene de ese encontrarse repetidamente y verse, incluso disfrutar en compañía, por incómodo que sea dormir sobre una esterilla, escuchar el metro en los túneles o el reloj dando campanadas. Mención aparte a los propios amores y encuentros que hayan surgido de la acampada en sí, a la reunión de gente joven, porque es una acampada de jóvenes.
Hay una virtud extraordinaria en que el reproche de la derecha vuelva a ser, como en los momentos en los que más ha desbordado la izquierda, que parece que esta se lo pasa demasiado bien: al menos ahí no somos ascetas. Igual de extraordinario es el placer al ver, día tras día, cómo los agitadores de extrema derecha se van expulsados por masas de gente que no les tiene miedo; o quizá sí, a los fascistas que trataban de reventar la manifestación el sábado, pero el miedo colectivizado se transforma en otra cosa. Es, en no poca medida, un logro de organizaciones como la CJS y otras de las presentes en la acampada, con las cuales se puede discrepar, pero no negarles el enorme mérito del atractivo que han construido: un atractivo de la comunidad, algo que lleva a quien lo ve a querer formar parte de esa cosa.
Esa izquierda, la que logra que para la juventud ser de izquierdas, militar, vuelva a ser algo sexy, no se parece a la izquierda de Gobierno ni a sus últimos movimientos, y es normal, porque necesita no parecerse en nada a eso. Necesita desbordar incluso a quienes convocaban la propia asamblea. Para mucha gente joven, lo que en la acampada sucede será su primera socialización política, el momento en el que vean por primera vez a colegas participar en algo político, emocionarse por una cosa que afecta a muchas y a todas. Llevábamos años sin que algo así sucediera, sin que pudiera despertar de esta manera el deseo de una generación. Solo por eso, evolucione como evolucione, siento que ya vale la pena el esfuerzo en su perseverancia.