“¡Que se jodan!”

Acaba la legislatura más larga. No sólo porque nunca se había apurado tanto los plazos (4 años y un mes), convocándolas en la fecha tope sino porque se ha hecho larguísima. Desde un 20-N de hace cuatro años hasta las elecciones en diciembre, muchos españoles nos hemos sentido en el desierto. Una larga travesía. Insoportable. Sin agua y recibiendo latigazos de quienes se han creído no los reyes del mambo sino los propietarios del poder y a los demás súbditos y no ciudadanos.

Pero si hay que buscar una síntesis de lo que ha sido esta oscura etapa en nuestra historia es que se ha hecho realidad lo que fue anunciado. No por el candidato luego investido Mariano Rajoy –este ha incumplido todo lo que prometió- sino desde un sitio sagrado en democracia como es el Parlamento (teórica representación de los ciudadanos).

Se ha cumplido el grito que sonó a blasfemia y que todavía retumba en los oídos de muchos ciudadanos: “¡Que se jodan!”. Se estaba debatiendo siete meses después de llegar, una batería de medidas que constituía el mayor recorte presupuestario de la historia de la democracia. En ese momento, justo cuando Rajoy anunciaba disminuciones de las ayudas a los desempleados, entre aplausos de la bancada del PP sonó ese grito, no sé si dedicado a la oposición (como ella alegaría) o, más bien, a los trabajadores que iban a quedar menos protegidos tras perder su trabajo. La autora de esa frase, Andrea Fabra, cuyo padre ha sido condenado por fraude fiscal y está lleno de sombras y que muy cerca, en casa, tiene también una persona imputada judicialmente como consejero de Sanidad de Madrid (igual que otros dos que ocuparon tal puesto con Esperanza Aguirre, la fichadora de talentos).

No traería a colación estos detalles personales si su actitud después hubiera sido otra. Pero con esta gente uno no puede ser elegante. No pidió disculpas públicas. Solo en una carta posterior dirigida al presidente de la Cámara calificó como “error” y expresión “inapropiada” lo que exclamó, pidiendo disculpas (¿)al PSOE como pidiendo árnica. Desde su tribu recibió cercanía o silencio, pero no crítica alguna. Merecen pasar a la historia pero de la infamia.

Es el mejor resumen, anticipado, de la legislatura que ha echado el telón. Esa palabra expresada al principio por una diputada desconocida y que ha pasado por esos escaños con más pena que pena, se hizo realidad y carne cruda en estos cuatro años.

Bruselas ha advertido que las medidas electoralistas -¿no es esto populismo?- del Gobierno como final traca fallera (¡Ay, Rita!) no van sino a aumentar el déficit público ya muy alto. Pero no importa a los patriotas del bollo suizo. Con ello han intentado hacer caricias a algunos de los sectores sociales masacrados. No obstante lo cierto es que ese sentimiento y esa concepción ideológica exclamada sinceramente por la diputada es la que se puso en práctica. ¿O acaso es una actitud moral la de esta gente?

En efecto, el “que se jodan”, se hizo realidad y es imposible olvidarlo. Quedaron hundidos los desempleados ya irrecuperables como también los que logran ahora un trabajo absolutamente precario por no hablar de los que fueron expulsados de España teniendo que buscarse la vida fuera. Quedaron humillados los que se encuentran en situación de dependencia y que vieron retiradas sus ayudas y viendo, al final, que con el dinero que los españoles pagamos, el presidente lo sustraía para su familia. Jodidos (no en el sentido que a ellos les gusta) los jóvenes, cuyas desesperanzas de un trabajo con un sueldo digno hacen muy difícil que puedan ni con mucho esfuerzo acceder a una vivienda y a una vida con hijos, teniendo no pocos que irse al extranjero o siendo reacogidos por sus familias.

Quedaron masacrados los usuarios de la sanidad y profesionales, con pérdida de recursos por la filosofía de favorecer a los amigos así como los que vieron limitada su atención o restringidos tratamientos o pagando fármacos que antes asumía la Seguridad Social. Quedaron abandonados los del sector de educación, restringiendo becas, incrementando artificialmente la necesidad de masters universitario (negocio), aumentando la ratio alumno-aula, disminuyendo los profesores de apoyo e integración o subiendo disparatadamente las tasas de acceso a universidades. Quedaron damnificados los ciudadanos usuarios o los profesionales de la justicia: las aberrantes y disparatadas tasas judiciales, la penosa regulación de los procesos, la poca atención a la justicia de oficio de quien tiene pocos recursos, la insuficiencia de medios destinado a este servicio público o el tratamiento privilegiado por la Fiscalía General a delincuentes de cuello blanco y corazón negro.

Quedaron saqueados los contribuyentes que veían que mientras les incrementaban los impuestos, se daban amnistías fiscales a los defraudadores amigos, que se apretaba los asalariados -clase media-, se favorecía a los que creaban SICAV para eludir impuestos. Golpeados los funcionarios a los que no sólo les quitaron (¿para qué?) unos días de permiso (ahora se los devuelven x elecciones) y les bajaron el sueldo, sino que fueron humillados públicamente en su imagen desde su empleador, el Estado y la patronal. Masacrados los emigrantes huyendo de la pobreza extrema de sus países, que llegan aquí y que son recibidos con tiros en el agua o con restricciones para acceder a una sanidad pública y universal (un recuerdo a Ernest LLuch).

Destrozados quedaron los creyentes convencidos de la democracia y la Constitución, que soñaron con éstas y vieron como quebraban las instituciones, los principios y valores y se retrocedía en derechos humanos que son reprimidos mediante, entre otras varias medidas, con la ley mordaza.

Como tengo más educación que la diputada anunciante de lo que se avecinaba, no me referiré a las personas damnificadas en los mismos términos que ella hizo y a los que nunca pidió perdón ni tampoco el ejecutante, Mariano Rajoy Brey, pero en el fondo se ha cumplido su deseo expresado, porque numerosos españoles quedaron hundidos, humillados, masacrados, maltrechos, damnificados, saqueados, despreciados, destrozados….Sí, humillados y ofendidos, pero con la dignidad muy viva y la memoria muy clara.