El periodismo basura se postula como modelo hegemónico
No parece que la sociedad sea consciente de la amenaza que nos acecha a todos, ni todavía quizás algunos profesionales de la información. Resulta que la cloaca mediática, el periodismo basura, se está reivindicando como modelo con creciente éxito. Para lograrlo ataca sin cuartel al que informa con honestidad. Por eso, hay que seguir hablando de raíces, no solo de frutas podridas; de cimientos, no solo de ventanas rotas por las que se cuela el aire. Hay que insistir en contextos y antecedentes. Mirar qué sucede entre tramo y tramo para constatar, a veces con un dolor en carne viva, evoluciones e involuciones. Acabamos de verlas en un ejemplo muy claro.
Ha sido llamativo. Este fin de semana ElDiario.es celebró su Festival de las Ideas y la Cultura (FIC) en Rivas Vaciamadrid, superando el intento del PP de censurarlo, por cierto. Participé en el primero, cuando este medio cumplía 10 años. Fue en Valencia en 2022. Y se perciben cambios sobrecogedores en solo cuatro años. Los peores desenlaces de los que hablábamos Gumersindo Lafuente, Lucía Taboada, Javier Pérez Royo, Antón Losada y yo, se han confirmado a lo grande. La ultraderecha ya está aquí. Y la política sucia, toda ella, ha podrido parte de la justicia y del periodismo, más de lo que estaban.
Este FIC se daba en una situación bastante especial. En plena ofensiva de las fuerzas más involucionistas. Y ha recibido mayor atención mediática de ellas. La mesa redonda inaugural para hablar de periodismo, precisamente, mostraba una preocupación que no se daba hace cuatro años. Y con razón. Desde algunas zonas de la cloaca han saltado sobre todo contra los intervinientes más famosos como forma de derribar cabezas sobresalientes: junto a Ignacio Escolar, Silvia Intxaurrondo y Jordi Évole.
¿Cómo han osado hablar de neutralidad? ¿Qué es eso? ¿Quién decide qué es neutralidad? leí tal cual. Lo que decía Intxaurrondo es que “ante la saturación que mezcla información con opinión e incluso entretenimiento, el periodismo tiene que poner una jerarquía, un criterio y decir qué es verdad y qué no. Es decir, debe cumplir su función”. Y alertaba sobre la manipulación del concepto neutralidad. Nuestra querida Olga Rodríguez lo expresó hace tiempo de una forma tan gráfica que es insuperable:
La tendencia del periodismo basura apostaría como mucho por esta “equidistancia” y mejor poniendo en cuestión al rabino del gueto de cualquier parte. Donde va usted a compararlo con un acreditado miembro del gobierno nazi.
La crítica se agudiza cuando media la televisión y... sus ingresos por publicidad consecuentes a la audiencia. TVE les ha enfermado. Dado que ya no son tiempos de quejarse del independentismo por si puede echar una mano, confirma Feijóo, diría que les molestan más los grandes datos de audiencia de TVE que el temor a que “se rompa España”. No olviden que la derecha-ultraderecha española tiene su corazón básicamente en la cartera y sus cuentas corrientes.
La hasta ahora líder de la podredumbre televisiva, la que entrevista cada semana a Isabel Díaz Ayuso para que insulte al gobierno a su conveniencia, ha registrado el peor año de audiencia de su vida. Pero la empresa ha encontrado en su otra cadena un “peor todavía”: ese programa donde psiquiatras -todavía con licencia, o no, cualquiera sabe- piden entre risas un electroshock por vía rectal para Patxi López por haberse quejado de que Feijóo le mentara a su padre como dialéctica “política” en el Congreso de los Diputados del Estado español. Al paso que quieren que vayamos, esa bazofia mediática puede ser dominante. Ya es admirada hasta en Washington. O en un trocito a los pies del autócrata de la Casa Blanca.
Hay que decirlo así de crudo para que se vea la dimensión del problema. Ya no queda tiempo. La desinformación, maniobra caculada, ha allanado el camino a los neofascismos. Ha sido, es, vehículo esencial -no cabe decir impagable, claro- para el éxito de la más irracional ultraderecha. Y ataca los obstáculos que encuentra a su paso. Como también se recordó en el FIC, ya han amenazado con entrar a TVE con la motosierra cuando lleguen al poder. Menos mal que todos los intervinientes en ese panel afirmaron que seguirán informando hasta el último segundo que puedan. Casi viene a la memoria la imagen de Esta tierra es mía, de Jean Renoir, filmada en 1943. Hace poco la citaba alguien de la bulosfera para apropiársela también. Lo que hubiera aprendido Goebbels de esta gente.
Curiosamente, los miembros de la cloaca mediática se sienten muy orgullosos de su labor. Se felicitan, aplauden, jalean... presumen de sus filtraciones, y sobre todo de cómo se enfrenan “al poder” solo con las armas del periodismo, cuando forman parte del poder real en la sombra que intenta tumbar al elegido en las urnas les guste o no la realidad de las Cortes en una monarquía parlamentaria.
La información es vital, más esencial que nunca. Cuando diseminados por todos los focos posibles de comunicación, se lanzan mentiras, exageraciones, se condena sin juicio a la brava, se silencian hechos constatables, cada ciudadano está en peligro. Si hoy va el novio de Ayuso a un juzgado y confirma que fue él quien envió a Miguel Ángel Rodríguez las fotos y datos personales de dos periodistas de El País y añade que borró la comunicación porque le hackearon el móvil, todo el mundo debe saber o recordar que el Tribunal Supremo del Estado Español instauró una doctrina que debería llevar su nombre -“Amador de Ayuso”, al menos-, porque la que borrar mensajes es signo de culpabilidad.
Y también es preciso informar a los ciudadanos que el fiscal anticorrupción César de Rivas concluye, tras un interminable proceso, que Kitchen tenía “una finalidad bastarda”: “boicotear” el caso de la caja B y “proteger” a dirigentes del PP. Y que este operativo lo dirigió el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz. Al que le piden 15 años de condena. A comparar en su benevolencia con otras sentencias en curso mucho menos trascendentales que casi la duplican. El PP mediático se ha echado a la espalda esto y sigue en piñón fijo vituperando al gobierno con toda saña.
No les quepa duda a nadie de que la información es imprescindible para la vida de las personas y sus sociedades, y que por eso la manipulan y pervierten. No nos vengan con cuentos de sucedáneos que ofenden la inteligencia, tanto como deterioran la moral de quienes los producen y quienes los compran a sabiendas.
El mismo peligro entraña el periodismo basura que curar un cáncer con infusiones de hinojo o los virus pandémicos con lejía (como propuso Trump, por cierto). Que encaje una clavícula rota un fontanero, o repare los frenos de un coche un abogado. La misma seguridad da que la mugre mediática sustituya al periodismo. Porque sin duda el hinojo puede aliviar los gases, la lejía blanquear la ropa, los fontaneros arreglar cañerías y los abogados defender en un juicio. No es tan difícil de entender. Hay que saber a qué se dedica cada uno y qué hace en realidad. Claro que igual se trata de soluciones imaginativas como blanquear el periodismo basura con lejía.