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Opinión - 'El triunfo de la dignidad y la presión social', por Rosa María Artal

El triunfo de la dignidad y la presión social

25 de septiembre de 2026 22:36 h

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Nos dejó petrificados, indignados, conmovidos. La dignidad de Mari Carmen, la anciana desahuciada a los 87 años del que ha sido su hogar durante casi toda su vida. Su padre le dijo que no se rindiera nunca. Y ella, a pesar de su dolor, contagiaba su fortaleza incluso sentada en una silla de ruedas dado que las piernas ya no la sostienen. Lo cierto es que el impacto de este desahucio ha movido voluntades como nunca, aquí y fuera. Medio mundo sabe lo ocurrido con ella, lo han contado las principales cabeceras internacionales y ha protestado hasta la relatora de la ONU que había pedido proteger a la anciana española y ha censurado a la jueza que ejecutó la orden de desalojo. Ha tenido tal efecto que los dueños de Urbagestión, dos primos leoneses, se retractaban y ofrecían este viernes al Ayuntamiento de Madrid el piso de Mari Carmen para que le implemente un alquiler social. Y tras haber rechazado incluso cobrar el abusivo total que pedían, facilitado por personas que fueron a parar el desahucio. El Ayuntamiento de Madrid rechaza la oferta de Urbagestión para el piso de Maricarmen, porque dice no cumple los requisitos necesarios, pero se abre una mediación. Suena a hueca la oferta. Pero la bola ya ha salido y no va ser fácil pararla porque contiene razones irrenunciables ya.

 Por ejemplo y no es en absoluto accesorio: un fallo grave de la operación ha sido permitir abusos como los ejecutados por la policía nacional contra los activistas que intentaban parar el desahucio, de gran violencia en algunos momentos. Hasta personas que pasaban por allí sufrieron un trato inadmisible. La delegación del Gobierno en Madrid ha abierto una investigación, dice. Aquí hay un ministro que sobra, Grande Marlaska, también por acciones impropias de la policía en Ceuta. E igualmente Margarita Robles, por las palizas de militares a migrantes en la ciudad autónoma, acreditados en los videos que ha ofrecido en primicia elDiario.es.

Frente a todo eso, y movidos por el desahucio de Maricarmen, lo llamativo -y alentador- es que hay miles de jóvenes entre quienes le han mostrado su apoyo en las calles. No todos son, ni mucho menos, alevines de fascistas como gusta destacarse. Estos comprenden el problema de la vivienda porque también lo sufren, y afortunadamente parece que han encontrado en Mari Carmen un motivo para no rendirse. La empatía y la humanidad también cuentan y es reconfortante comprobarlo.

Hay una serie de puntos básicos en el marco general de la vivienda. España apostó siempre por situarla como un producto de mercado, sujeto a especulaciones, que como un bien social. A diferencia de otros países europeos, por cierto. También por la propiedad frente al alquiler, porque “alquilar es tirar el dinero”, se decía. Hasta que se ha ido imponiendo la codicia del lucro máximo, abierto a todo tipo de inversionistas, usureros y agiotistas y ya es inaccesible tanto comprar como alquilar. Al tiempo, convertían las ciudades, sobre todo el centro, en parques temáticos para turistas expulsando a los vecinos de toda la vida. Con el beneplácito o el dejar hacer de la política.

Tarea ardua revertir semejante dislate, con tanto dinero y poder detrás. Pero se impone hacerlo. Y existen ya quienes se han propuesto conseguirlo, tanto políticos como sus votantes. Nueva York ha apostado por ello eligiendo a Zohran Mamdani. Y Berlín, esa isla en medio de la propia Alemania. Siempre fue diferente también en esto.

Miguel Ángel García, corresponsal de TVE en Berlín entonces, elaboró una excelente información en el verano de 2011 ante la fuerte demanda de vivienda que se estaba dando en la capital alemana, incluso por parte de españoles. Elena Noman, de inmobiliaria Brickberlin, declaraba: “Por el precio de una plaza de garaje en una ciudad como Madrid o Barcelona de 30.000 ó 50.000 euros, te compras un apartamento en Berlín” y “por el precio de un piso bien ubicado en una zona buena de Madrid o Barcelona, aquí te compras un edificio completo”. Lo mostraba con un ejemplo gráfico: acababa de vender una vivienda de 50 m2 a un inversor español. Esa vivienda estaba ya alquilada por 550 euros al mes, aportando una rentabilidad anual bruta del 10%.

La candidata de Die Linke, la izquierda, Elif Eralp, acaba de ganar las elecciones en Berlín con las expropiaciones de vivienda a grandes tenedores inmobiliarios como bandera, habla de propietarios de más de 3.000 viviendas, que los hay. Por supuesto con indemnizaciones. El 80% de los berlineses viven de alquiler y también han padecido un brutal aumento de sus mensualidades.

Pues bien, el canciller Merz, el gran derrotado, el que está hundiendo a la conservadora CDU a niveles no conocidos por el partido, se ha revuelto como suele hacerlo el establishment y acelera una ley para detener las pretensiones de Die Linke. Los socialdemócratas alemanes están con él. El debate está siendo duro estos días, pero Die Linke afirma que “el Gobierno federal no logrará imponer la prohibición de las expropiaciones”.

Se puede.

Y, si les parece “muy fuerte” la expropiación -que no debería para determinados casos-, se ha de implementar una legislación que al menos acabe con los abusos en los desahucios. De propietarios particulares grandes tenedores, de fondos buitre sin duda y de bancos, pero otra vez nos topamos con el trato reverencial del que gozan por parte de los políticos. No reflexionamos sobre el hecho de que, si cuesta lograr mayorías sobre vivienda, es porque una buena parte del Congreso entiende que su público electoral está con los especuladores. Y habría que ser mucho más consciente de lo que se vota, y más coherente.

 Y no digamos en las Comunidades Autónomas. Cuando Ayuso habla con desprecio del caso de Mari Carmen -a quien ni siquiera citó por su nombre-, una anciana más de quien prescindir, por cierto, es porque tiene muy claro para quién gobierna. Al parecer, muchos de sus votantes, no. Esto de 2025 lo repite cuando tiene ocasión, de hecho estuvo en una reunión de fondos buitre la víspera del desahucio de Mari Carmen con similar discurso.

Vivimos, a otros niveles, en un círculo vicioso. Si por las medidas de este Gobierno, sociales -nada radicales-, están haciendo al mandato de Aznar lo que pueden hacer quienes disponen de poder desestabilizador, y sufrimos una amenaza permanente de golpe de mano, ¿se puede ir más?

Por supuesto, y se debe. Algunos lo intentan, y ya empieza a ser un clamor en la sociedad reclamarlo. Esas calles que se siguen llenando de gente indignada por el desahucio de Mari Carmen parecen haber llegado al límite de lo soportable. Y hay más signos de hartazgo incluso a altos niveles. No es ninguna anécdota que la Asamblea general de la ONU casi se vaciara cuando iba a tomar la palabra el genocida Netanyahu.

Algo sí está ocurriendo y no sabemos si va a ser una actitud permanente de fuerza o algo que logren disolver los políticos del sistema y los esbirros mediáticos que trabajan para ellos que bien a fondo se emplean. Está por ver si es el hartazgo extremo irrenunciable o volverá a ser apaciguado. Así lo han hecho otras veces. Desde luego, dudosamente la rectificación de Urbagestión -caso de concretarse en términos efectivos que en este momento está bastante en duda- va a parar la indignación desatada, hasta que no se resuelvan los problemas existentes. Lo cierto es que afectan a muchas más personas. Hay desahucios todos los días, y dificultades para adquirir o alquilar una vivienda. Y es un tema de imprescindible y urgente solución.

Con gran dolor por su parte, partiendonos el corazón a muchos verla abandonar su hogar, el detonante ha sido esa anciana de voluntad férrea, valiente como se es cuando se tienen muchos años bien vividos, con coherencia precisamente. Ojalá vuelva en efecto a su casa, y le ayuden a limpiar el polvo mugriento que dejó su violenta expulsión. Y ojalá la política se dirija de verdad al bienestar de las personas. Ayuda el seguir en la brecha.