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“Catolicinismo”

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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Desde que el cardenal Prevost fue elegido el año pasado, habemus papam, cierto, el 267 para más señas, pero en España, por si había dudas, nos hemos enterado de sobra en estos días en los que recibimos una dosis vaticana excesiva.

Como quiera que me importan un bledo tanto las religiones, incluida la católica, y sus líderes como el reguetón, no he prestado demasiada atención a las noticias sobre la visita del papa o la de Bud Bunny, aun a riesgo de ser señalado por abogados cretinos o por clubs de fans memos. A pesar de ello, me ha sido imposible abstraerme del todo de tales acontecimientos, mayormente los relativos a “El corona”, como le llama un amigo cheli, por el atracón informativo al que hemos sido sometidos por todos los medios —incluso soñé, lo prometo, que la camioneta que pasa con cierta frecuencia por la calle anunciando el “tapicero en su propio domicilio”, hacía pausas para avisar de la presencia del vicediós—. No tengo ninguna inquina ni nada personal contra ninguno de los personajes citados ni sus seguidores, incluso podría estar de acuerdo con algunas de sus opiniones. En el caso de León XIV, que es de quien trato hoy, su defensa de los inmigrantes me ha parecido muy a propósito: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera». Entre los máximos exponentes del «catolicinismo» hispano, grandes seguidores de la Iglesia católica, besaculos del papa y otros chupacirios incluidos, se encuentran PP y Vox, aplicadores de políticas xenófobas y absolutamente inhumanas. Estos celebran, en cambio, su rechazo al aborto y la muerte digna, expresado además en la misma Cámara donde se aprobaron ambas leyes. Por cierto, no sé a qué se debe que el papa, por muy Jefe de Estado que sea, venga a sermonear en el Parlamento y le aplaudan el mitin hasta algunos presuntos rojos. De acuerdo que puede visitar las Cortes, pero ¿un acto de este tipo se hubiera realizado con los líderes de otras religiones?

En cambio, hay que manifestar lo que calló sobre los abusos sexuales en la Iglesia durante su visita a Montserrat. Desoyó así la petición de algunas víctimas que le rogaron no dar la espalda a esta realidad en la «zona cero de la pederastia de la Iglesia catalana», como expresó Miguel Hurtado, portavoz de los supervivientes de abusos en la abadía.

España, que en la Consti del 78 se declara aconfesional porque laico sonaba demasiado fuerte, ha quedado en aconfesional ma non troppo. La visita papal ha subrayado la influencia que aún tiene la Iglesia Católica en la vida pública española que ya estaba acreditada, sobre todo, por el Concordato y por la subvención que recibe del Estado. Por ejemplo, quien marca la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta, detrae esa parte de sus impuestos del patrimonio común —este privilegio no lo tiene ninguna otra confesión—.

En la actualidad, el régimen concordatario en España está compuesto por un Acuerdo entre el Estado y la Santa Sede de 1976 y por otros cuatro de 1979. La pregunta es sencilla, y no se la voy a hacer a la derecha, sino al PSOE: ¿A qué esperamos para derogar concordatos y acuerdos con la Santa Sede de una vez?

La derogación de tales acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede creo que sería una medida beneficiosa para ambos, ya que permite la eliminación de subvenciones al clero y la destitución de privilegios que no se alinean con la Constitución Española.

Aprovecho este asunto para reivindicar la abolición del Concordato. De la visita me quedo con la imagen de miles de devotos aplaudiendo a rabiar cada padrenuestro mientras se santiguan con la muñeca teñida de rojigualda a la par que aborrecen al prójimo no nacional y son fanáticos de la xenofobia, la aporofobia y el racismo. Claros exponentes del «catolicinismo», o sea.