Noches sin dormir, derechos que defender
Mi hijo ha estado enfermo estos días. Desde que empezó la escuela infantil ha caído varias veces (y las que quedan). Pero esta vez me ha hecho pensar en mi madre y en todas las madres que, además de tener sus trabajos, hacían malabares para tenerlo todo en orden y cuidar 24/7 de los suyos. Todas esas noches sin dormir. Todos esos calditos. Todo ese amor que se da por sentado y que contadas veces se agradece.
Y no lo pienso romantizando ni ensalzando esa idea de mujer perfecta (¿guerrera?) que lo da todo por su familia. Se trata de todo lo contrario. Lo digo pensando en la necesidad de proteger lo que tenemos hoy, porque los derechos cuestan sudor, lágrimas y sacrificios, pero pueden perderse de un plumazo.
Hoy tengo a mi lado un compañero que sabe que cuidar y mimar a nuestro hijo es también su responsabilidad. Pero esto no es tan habitual como debería y, viendo el panorama, no parece que vaya a ir a mejor. Empiezan censurando una película y acaban por pedirle a tu marido que autorice la apertura de una cuenta bancaria o proponiendo un voto por hogar…
Ante problemas complejos, desconfiemos de quienes señalan un blanco fácil a quien culpar o nos ofrecen soluciones sencillas.
A este mundo lo que más falta le hace es ternura, empatía y firmeza ante las injusticias. Qué curioso que sean características normalmente asociadas a las madres.
De odio ya vamos servidas.