Hace tres años, la bailarina y artista de circo Greta García (Sevilla, 1992) se daba a conocer como escritora con una de las obras más divertidas y gamberras de las última décadas. Solo quería bailar, publicada por Tránsito, no solo superó los 11.000 ejemplares vendidos, sino que obtuvo el premio Ojo Crítico y el Almudena Grandes de las librerías de Madrid. Luego, García regresó a sus escenarios, como si hubiera sido solo una distraída turista de la literatura. Pero este año regresa, y por partida doble.
La primera cita será el próximo 28 de enero en el Teatro del Barrio de la capital española, donde la actriz malagueña Olalla Hernández va a llevar a escena la celebrada novela. “A Greta la conocía de oídas, sabía de su trabajo con Hermanas Gestring, pero nunca nos habíamos visto”, recuerda. “Cuando una amiga, Olga Magaña, me pasó la novela, vi clarísimo que era el monólogo que yo siempre había querido hacer. Pensé que era probable que alguien se me hubiese adelantado ya, pero parece que la Pili me estaba esperando a mí”.
El personaje principal, que escribe desde la cárcel rememorando su lucha contra la burocracia, enamoró de inmediato a Hernández, pero también le imponía mucho respeto y pudor. “Lo que ha hecho Greta es muy guay, ha calado mucho en determinados círculos, y no es fácil estar a la altura del texto”. Tal vez por eso, la actriz rechazó la posibilidad de adaptar ella misma la novela, y encontró en Sergio Martínez Vila el aliado idóneo para esta empresa. “Con él había hecho un taller de dramaturgia, le hablé del proyecto y un buen día me dijo: ‘Perdona, pero yo me he enamorado de la Pili como tú. Si me lo permites, le meto mano a esto, me veo capaz”.
Enamorados de la protagonista
Según recuerda Hernández, no ha sido un trabajo fácil. “Yo no le hubiera quitado ni una coma, pero la novela es inviable para el lenguaje escénico, así que había que quedarse con lo esencial. Pero sí, ha dolido dejar cosas fuera”, reconoce. También recuerda que “antes de firmar, me pasé dos meses mirando el contrato, porque me daba vértigo estar tan sola en esto. Pero muchos amigos me han orientado y apoyado. Todos se iban enamorando de la protagonista. Lo más bonito del proceso ha sido el modo en que la gente ha ido sumándose al proyecto, y las ganas con que lo han hecho. No sé qué vida tendrá la obra, pero el proceso para llegar hasta aquí ha sido muy gustoso”.
Malagueña afincada en Madrid desde hace 17 años, Olalla Hernández estudió en la ESAD de Málaga antes de iniciar su carrera artística. En su currículum incluye títulos como La llamada de los Javis o El salto de Darwin, en teatro, junto a Natalia Menéndez. En el campo del monólogo, recuerda haber participado junto a Matías Umpiérrez en una experiencia de teatro inmersivo en el que se enfrentaba ella sola a un espectador, durante media hora, con ocho pases diarios. Pero Solo quería bailar es un reto de otra envergadura.
Y aunque la novela tiene un sello andaluz muy marcado, la actriz está convencida de que su alcance es universal. “La obra se titula Solo quería bailar, pero podría ser Solo quería tener una vivienda, Solo quería sacar adelante mi negocio, Solo quería hablar con una persona y no con una máquina… Estamos en un momento en el que más de uno se va a sentir identificado con la Pili. No sé cómo estamos tan tranquilos delante de una pantallita, mientras vemos cómo unos cuantos manejan toda la movida”, asevera. “Es un mensaje extrapolable a otras regiones de España, y otras circunstancias personales. Todos tenemos la sensación de no poder salir de un sistema sin fisuras, es muy difícil ser disidente dentro de la película que nos han montado. La novela y la adaptación son una llamada a la acción, un recordatorio de la importancia de lo colectivo frente al individualismo que nos han impuesto, haciéndonos olvidar que la unión hace la fuerza”.
Matar al padre
Mientras tanto, Greta García prepara su regreso a los anaqueles de novedades. Como adelantó elDiario.es Andalucía hace unas semanas, Muere, papá es el título de esta nueva entrega, de nuevo publicada por Tránsito. La principal novedad es que se trata de una obra ilustrada por el propio padre de la autora. “Mi padre dibuja. Yo escribo. Decidí que el libro se llamase Muere, papá, como si se tratase de un juego. Fantaseaba con su muerte, como un alivio poético. Como si escribiendo sobre sus miedos los exorcizara. Como si burlándome del mal pudiera sacarlo como una zanahoria fresca. Así, en plena catarsis, mi padre, que lleva años sin salir de casa, resurgiría del viscolátex con una columna vertebral espigada y unos abdominales nuevos, con una actitud zen y una luz que sale de los poros como a toda figura santa. Pero pasan las horas y dudo. ¿Y si he invocado lo contrario? Y si de tanto recrearme en ello, ¿lo he matado? Sería de un morbo repugnante. Pornografía familiar. ¿Es un homicidio alevoso? ¿Me lo publicarían? ¿Qué es un artista si nadie lo conoce? ¿Qué sentido tiene una vida si nadie la cuenta? Hay gente que no sabe hasta dónde es mi persona y hasta dónde el personaje. El problema es que yo tampoco lo sé. Y tú, ¿papá?”
En el volumen, añade, se conjugan “mis palabras y sus dibujos. He escrito a raíz de los dibujos a tinta que mi padre ha ido acumulando a lo largo de los años y nadie ha visto. Junto a los dibujos, planteo la ficción de un padre que no sale de casa, y una hija que vive con él... y van pasando cosas. Con rabia, cariño y humor hablo de la relación entre padre e hija, la familia, el arte, la crisis de la edad... yo me he sentido al escribirlo como una psicoanalisista bastarda petarda”. Está anunciado para el 4 de marzo, “así se lo pueden regalar les hijes a sus padres para el día del padre”, añade con guasa.