El rostro de las jóvenes generaciones de Guinea-Bisáu: así es el futuro arquitecto que ayudará a la sostenibilidad de su país

Carla Rivero

Sevilla —
15 de abril de 2026 06:02 h

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Cristovão competía de pequeño contra su tío para ver quién pintaba mejor. El paisaje, los edificios, los animales que pasaban, cualquier color y forma apresaba su imaginación para plasmarlo rápidamente en el papel. “Solía ganar yo”, ríe sentado en la recepción de la residencia de estudiantes en la que vive desde hace seis meses en Sevilla. Ahora, con 21 años, su deseo es llegar a diseñar las viviendas del futuro de su tierra, Guinea-Bisáu, saber qué tecnología usar para hacerlos más eficientes y, sobre todo, contribuir a una mayor sostenibilidad en su entorno.

Para cumplir su sueño, Cristovão Wilkey Pereira Sanhá primero está cursando un ciclo de formación profesional en Proyectos de Edificación en la Escuela Politécnica Superior, ubicada en el barrio de Los Remedios, con el apoyo de la ONG Periodistas Solidarios, cuya labor social en el país africano ha servido como puente para que el estudiante haya superado los obstáculos burocráticos en España. Tras lograr la homologación de su título académico, mandaron la solicitud a las universidades públicas andaluzas, pero su nivel educativo no era suficiente para pasar el corte de las inscripciones. Por ello, la FP se convirtió en la oportunidad para colocar unos cimientos fuertes con los que fortalecer su conocimiento: “No ha sido fácil, porque fueron dos años de espera hasta que logré venir a Andalucía”.

“Tengo muchísimas cosas que aprender aquí como, por ejemplo, sobre innovación, tecnología o digitalización, y por eso prefiero quedarme y aprovechar el tiempo para luego intentar desarrollar ciertas cosas que tienen que ver con la sostenibilidad en las obras de mi país”, remarca. La adaptación a lo largo de estos seis meses ha sido dura, más para entender los términos técnicos del idioma o adecuar su nivel al de sus compañeros, siendo la asignatura de Estructura y Reordenamiento una de las que más costosas. “Es difícil, pero estoy muy fuerte”, subraya. En un primer momento, intentó cursar sus estudios en Portugal, pero fue inviable a causa de los altos costes que tenía que enfrentar su familia y su padre, que conocía la ONG Periodistas Solidarios, solicitó a la organización colaboración con tal de seguir más posibilidades y medios con los que lograr que su hijo tuviera una buena proyección laboral.

El camino: la educación

En la actualidad, la situación de Guinea Bisáu es convulsa. El pasado mes de noviembre sufrió un golpe de Estado a manos del general Denis Ncanha, jefe de la casa militar del palacio de la República, a las puertas de las elecciones. La que fuera la primera colonia portuguesa que logró la independencia en 1974 continúa siendo una economía eminentemente agrícola y ganadera, aunque se ha convertido en uno de los puntos claves para el mercado de la cocaína. Una nación que, aun desestabilizada, tiene la fuerza de su juventud, ya que, de los 1,6 millones de habitantes que viven en el territorio, se estima que los menores de 24 años representan el 60% de la población. “Mi país tiene un nivel de pobreza muy grande, pero creo que vamos a conseguir cambiar muchas cosas”, afirma, confiado.

Al otro lado del Atlántico, sus hermanos le piden que cuente cómo es su día. Qué está haciendo, a quién conoce, cómo es la ciudad, unos detalles que les da en cada llamada que mantienen. Pronto les explicará tanto a ellos como a sus vecinos cómo potenciar el proceso de reciclado, una de las cuestiones que más entusiasman al estudiante y que refleja la sensibilidad de las nuevas generaciones por el bienestar del planeta frente a la explotación desmedida de recursos. “Es una de las mejores cosas que hay aquí, no solo se trata de usar y dejar, sino de crear una cadena para que todo sea renovable, ya que una de las cosas que más afectan a África es la contaminación del ambiente”, resalta.

Cristovão atiende a cada medio de comunicación con desenvoltura. No parece nervioso y su español ha mejorado a grandes pasos a base de escucha y lecturas en apenas seis meses. A su lado, quien ha remado a su favor es Rodrigo Elías-Zambrano, perteneciente a la ONG Periodistas Solidarios. La organización, nacida en el seno de la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS), mantiene su labor humanitaria en el país a través de varios proyectos, como la construcción de centros sanitarios y educativos o la rehabilitación de algunas infraestructuras, como en el hospital regional de Bafatá, la segunda ciudad más poblada de Guinea-Bisáu. También, apoya en el desarrollo de la sociedad en materia de género e igualdad con iniciativas en torno a la comunicación, como Radio Mulher, en Bafatá, dirigida solo por mujeres.

Lograr que realice las prácticas de FP

Dentro del área educativa, la entidad colabora en la formación de 30 alumnos de secundaria y becan la carrera académico de otros cinco universitarios, por lo que la atención al estudiante se enmarcaría dentro de estos esfuerzos por las generaciones más jóvenes. “Han sido dos años de gestiones porque España no tiene convenio con Guinea-Bisáu, así que la homologación fue complicada, pero se consiguió”, rememora, “y los profesores están muy contentos con él por el empeño que le está poniendo, porque las carencias educativas las suple con ganas y motivación”. Sin embargo, no podrá desarrollar las prácticas de empresa que están contempladas en el programa de la FP debido a que no tiene número de la seguridad social. En plenos trámites para regularizar su situación en el país, aun ya teniendo el visado portugués, buscan una vía para que el curso siguiente pueda completar el itinerario académico.

Las trabas administrativas al alojamiento las han salvado esta vez gracias a la colaboración desinteresada de la residencia Kadora. Un complejo diáfano que acoge a 680 alumnos y alumnas que vienen a Sevilla para completar sus estudios: “La oportunidad para que estudie en España ha surgido gracias a la educación pública de Andalucía y, en cuanto a la vivienda, sin la ayuda de esta residencia sería imposible porque los costes para mantener a un alumnado en la ciudad es muy elevado”. Tirando de las viejas amistades forjadas en la escuela, Elías-Zambrano logró convencer a Edmundo Hernández, presidente del ente, con posibilidades de prorrogar para el año que viene. “Estamos muy agradecidos a la residencia porque, si no, este curso habría sido imposible”, admite.

Como Cristovão se incorporó en la convocatoria extraordinaria de FP en septiembre, los trámites con la administración se antojaron lentos para la urgencia del caso. De ahí que, en esta primera ocasión, la ONG no acudieran a los organismos públicos. “Pusimos todo en marcha deprisa y corriendo porque, hasta entonces, todo habían sido negativas”, llegando a acoger en su casa al joven durante las primeras semanas.

Esto ha sido, de algún modo, una experiencia piloto para la organización, así que tomarán apuntes y analizarán qué tomar y dejar de este aprendizaje colectivo. Edmundo Hernández, director de la residencia, comparte que uno de los propósitos del traslado del joven de Guinea-Bisáu a España era que también socializara con jóvenes de su edad. “La cuestión era que no estuviera aislado, sino con gente joven, de su edad, por lo que estamos encantadísimos de recibirlo”, indica, “nos está ofreciendo una visión diferente a la que tienen los chicos de aquí y siempre con simpatía, contento y alegre”. Es la primera vez que acogen una iniciativa similar, pero tampoco descartan que se pueda repetir.

La primavera resplandece en Sevilla y Cristovão quiere preguntar por la posibilidad de pertenecer al club de la residencia. Es uno más en la capital hispalense, porque vive esta experiencia de manera plena y, mientras juega al fútbol con sus compañeros y desarrolla su interés por las artes audiovisuales, se congratula de haber hecho nuevos amigos tan rápido, “son personas maravillosas, y eso que no esperaba que fuera a ser tan fácil”. La semana próxima se celebra la Feria de Sevilla y ya lo han invitado a acudir con ellos, todo un logro dentro de la idiosincrasia andaluza.