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Se busca al presidente 'olvidado' del Real Madrid, fusilado por Franco en 1939 y enterrado en una fosa común

Marta Borraz

8 de marzo de 2026 22:36 h

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En la galería de presidentes del Real Madrid no existió la Guerra Civil. El listado que el equipo mantiene publicado en su página web –que empieza en 1900 y acaba con el empresario Florentino Pérez, actual directivo del club– hace un salto en los años que duró la contienda. Sin embargo, entre 1936 y 1939, el equipo tuvo al frente a dos presidentes republicanos que ejercieron el cargo después de que fuera incautado por el Frente Popular. Uno de ellos, Antonio Ortega, fue fusilado solo tres meses después de que los golpistas ganaran la guerra y su cuerpo fue arrojado a una fosa común de Alicante que va camino de abrirse.

Sus restos reposan junto a los de otros 51 represaliados procedentes de unos 15 municipios en la Fosa IX del cementerio, usado por los franquistas para enterrar a quienes mataron entre mayo de 1939 y 1945. “Usaban las llamadas fosas de beneficencia, para personas sin familia o recursos. Las iban llenando una a una y cuando acababan, pasaban a la siguiente. Por eso hay casi una treintena”, explica Jorge García, arqueólogo de Drakkar Consultores, que se ha encargado de exhumar ya una de las fosas y de redactar el proyecto para intervenir la que contiene los restos de Antonio.

“Sería cerrar un ciclo que lleva muchos años abierto”, sostiene su nieto, José Ignacio Echeverría Ortega, desde México, a dónde se exilió la familia tras su muerte. “En alguna ocasión me han comentado que no era importante recuperar unos huesos, que mejor mirar hacia delante, pero sí lo es, la historia trágica del dolor vivido es una parte intrínseca de esos huesos”, añade. La Asociación de Familiares de Represaliados del Cementerio de Alicante (AFRFCA) y el Ayuntamiento de Aspe, de donde eran varias víctimas, están impulsando los trabajos en la fosa y llevan tiempo moviéndose para lograr financiación.

La entidad desconfía de que la Generalitat Valenciana –en manos del PP gracias al apoyo de Vox– vaya a sacar una nueva línea de presupuesto este año para exhumar los enterramientos, por lo que ha reclamado la intervención del Gobierno central. De momento, la apertura de la Fosa IX será financiada por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, que destinará a ello 50.000 euros, según confirman fuentes de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. La asociación espera que antes de verano comiencen los trabajos.

Los huesos de Antonio Ortega están en la ciudad de la Comunitat Valenciana porque fue allí donde fue capturado y fusilado. Era una de las miles de personas que intentaron escapar del país por el puerto de la ciudad, a la espera de unos barcos que solo llegaron para unos pocos. La guerra estaba terminando y la gente se agolpaba para intentar subir a una de las embarcaciones prometidas mientras las tropas franquistas avanzaban. Cuando tomaron la ciudad, la mayoría fueron encerrados en campos de concentración, entre ellos Antonio, que pasó por el de Los Almendros antes de ser condenado a pena de muerte.

Nacido en 1888 en Rabé de las Calzadas, un pequeño pueblo de Burgos, Ortega se convirtió en militar con 18 años entrando en el Cuerpo de Carabineros, que se encargaba entonces de la vigilancia de fronteras y costas. Según ha documentado EFE en un exhaustivo perfil, desde el inicio tuvo una “intensa actividad pro republicana” que incluso le hizo pasar por prisión. Con el tiempo ascendió y el golpe de Estado de 1936 le pilló como teniente. Por eso, durante la Guerra Civil desempeñó un papel clave en el bando republicano, pero su perfil más conocido y el que ha trascendido históricamente es haber presidido el Real Madrid en mitad de la contienda, entre 1937 y 1938.

Entonces el equipo se denominaba Madrid Football Club y estaba bajo el control de una Junta de incautación republicana de la Federación Cultural Deportiva Obrera, una entidad “adscrita al Frente Popular”, sostiene Eduardo González Calleja, catedrático de Historia de la Universidad Carlos III de Madrid y codirector de Historia del Real Madrid, 1902-2002: la entidad, los socios, el madridismo (Everest), publicado en el centenario del club. El experto explica que, durante esta época, el asesor técnico del equipo, Pablo Hernández Coronado, era el “presidente en la sombra”, pero Ortega lo representaba formalmente.

Su familia no ha llegado a saber exactamente cómo acabó en el puesto, pero sí sabe que era cercano al presidente anterior al estallido de la guerra, el republicano Rafael Sánchez Guerra, y a muchos jugadores destacados de la época que eran de Irún, donde Antonio fue destinado. Durante su mandato, no había partidos oficiales en el viejo estadio de Chamartín –como era entonces conocido el Santiago Bernabéu–, sino que el espacio se puso a disposición de la causa republicana: acogió varios partidos y festivales gimnásticos y se transformó en centro deportivo y de instrucción del Batallón Deportivo, apunta González Calleja.

El historiador asegura que Ortega sí aparece en el libro editado por el Real Madrid en 2002, pero no está reconocido entre los presidentes oficiales del club. El Real Madrid no ha respondido de momento a las preguntas de este medio al respecto.

De Irún a Madrid

Más allá del fútbol, el republicano, que se afilió al Partido Comunista ya avanzada la guerra, “tuvo un papel importante” durante la contienda en el terreno militar, apunta el historiador de la Universidad Complutense de Madrid Pedro Barruso. Se encargó de la defensa republicana de Irún y después fue nombrado gobernador civil de Gipuzkoa, momento en el que 13 militares sublevados fueron fusilados por los republicanos en dos consejos de guerra. Este sería uno de los episodios que marcaría a Ortega, puesto que los franquistas lo utilizarían como uno de los motivos para asesinarle.

Barruso explica que los consejos fueron la respuesta republicana a los bombardeos que dos barcos franquistas estaban lanzando contra la población civil. “El comisario de guerra era el comunista Jesús Larrañaga, que había advertido de que, si continuaban las bombas, habría represalias. Finalmente condenaron a muerte a 13 prisioneros. ¿Fue cosa de Ortega? Él no dio la orden y no estaba de acuerdo, pero era el gobernador civil”. El historiador ha analizado a fondo la correspondencia que el embajador de Francia, Jean Herbette, mantenía con París, en la que da cuenta en varias ocasiones de la situación en San Sebastian. En varios de sus telegramas habla de la “inquietud” que le provocaba a Antonio Ortega la represión en la retaguardia republicana.

En uno de ellos, Herbette asegura que el propio gobernador civil le ha dicho: “Se hablaba de ir a matar a la gente de derechas para vengarse [de los bombardeos]. He pasado una de mis peores noches”. “Esto es demasiado para mí, preferiría luchar en el frente”, le dijo tras el segundo consejo de guerra. Según Barruso, las cartas revelan que Ortega “intercedió para evitar muchos asesinatos y que la guerra no se fuera de las manos”. En una carta del 19 de agosto, Herbette explica a París que Ortega ha ayudado a que Álvaro de Figueroa y Torres, el Conde de Romanones, huya de España.

En varios telegramas posteriores, el embajador cuenta cómo ha visto al gobernador civil “telefonear delante de mí” a las autoridades republicanas de Fuenterrabía, a 20 kilómetros de San Sebastián, “para disuadirles encarecidamente de proceder a la ejecución de rehenes” franquistas. En otro de los textos, cuando ya San Sebastián estaba a punto de ser tomado por los sublevados, Herbette explica que Ortega ha decidido embarcar a los detenidos políticos “con la finalidad de sustraerlos a tentativas de liquidación”.

Tras la entrada de los sublevados en la ciudad, Herbette reconoce que Ortega “ha salvado muchas vidas” –llega a asegurar que “hay 600” combatientes franquistas susceptibles de ser “salvados” facilitando su huida en barcos– y que, como gobernador civil, tomó decisiones en los últimos momentos que “lograron que San Sebastián no fuera destruida por los incendios ni ensagrentada por las masacres”. “Es un mes, el señor Ortega se ha labrado, en plena adversidad, una figura heroica que jamás olvidarán los que han sido testigos de su sencillez, valentía y humanidad”.

“Muero tranquilo”

El militar estuvo después al frente de las Milicias Vascas Antifascistas y combatió en Madrid contra el avance franquista. En 1937 fue nombrado Director General de Seguridad (DGS), un puesto en el que estuvo dos meses y bajo cuyo mandato se produjo la desaparición de Andreu Nin, líder del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Algunas voces situaron a Ortega como uno de los responsables de lo ocurrido, que con el tiempo se supo que había sido una operación soviética debido a la posición crítica del POUM con Moscú, según apuntan los historiadores.

Agentes del NKVD, que en España estaba representado por el espía ruso Alexander Orlov, fabricaron antes de la entrada de Ortega en la DGS pruebas falsas que supuestamente relacionaban al partido con el espionaje franquista. Esto, unido a la insurrección de la formación en Catalunya contra el gobierno republicano, los enfrentamientos internos y la presión comunista, provocó que la cúpula del POUM fuera detenida. Nin fue apartado del resto de los detenidos para ser interrogado y trasladado por agentes españoles a Alcalá de Henares, donde agentes soviéticos lo secuestraron. Nin fue asesinado y su cuerpo hecho desaparecer sin que aún se sepa dónde están sus restos.

Pedro Barruso explica que las acusaciones contra el POUM de conspirar con Franco “se demostraron que no eran verdad” y al mismo tiempo, sobre la implicación de Ortega, sostiene: “Lo más plausible es que ni tuviera conocimiento. La DGS de Ortega sí tenía algo que decir en la decisión de las detenciones y también de separar a Nin del resto, pero no hay ningún indicio ni documento que le implique en el posterior asesinato. De hecho, estaba en Valencia y Largo Caballero llegó a decir de él que 'no se enteraba de nada”. Fue director solo dos meses“, apunta.

Tras el fin de la guerra, Ortega fue detenido y sometido a un Consejo de Guerra que el 12 de junio de 1939 le condenó a la pena de muerte por un delito de adhesión a la rebelión, según consta en el sumario. En su carta de capilla, a la que tuvo acceso EFE, escribió a su mujer y a sus hijos: “Muero tranquilo, completamente tranquilo, porque soy inocente”.

La familia se exilió a México, donde sigue viviendo su nieto José Ignacio. Su madre, Amalia, la hija más pequeña de Antonio, envió a España una muestra de ADN antes de morir en 2022, poco antes de cumplir 97 años. “Murió sin cumplir con la ilusión de recuperar los restos de su padre. Le había pedido a mi hija Gabriela que, cuando ocurriera, los trasladáramos a la cripta donde están los muertos de la familia. Ojalá lo logremos”, anhela José Ignacio.