Entrevista Médico de familia
José Manuel Iglesias: “La prohibición de fumar en terrazas tiene respaldo social, pero los lobbies visitan a los políticos”
Cuando un paciente llega a su consulta para dejar de fumar, lo primero que hace es felicitarle. José Manuel Iglesias (1958, Ferrol) es médico de familia y uno de los portavoces de la iniciativa 'Semana Sin Humo' de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. La semFYC acaba de publicar una encuesta a más de 9.300 personas que arroja resultados esperanzadores en la lucha contra el tabaquismo: alrededor del 75% apoya ampliar espacios sin humo y que se refuercen las campañas de prevención.
Algunos datos son más preocupantes, como que el 12% de los adolescentes de entre 14 y 18 años consumen cigarrillos electrónicos bajo una falsa percepción de que son menos perjudiciales. El doctor pone un ejemplo gráfico sobre esa supuesta estrategia de “reducción de daños”: “Qué prefieres, ¿tirarte desde un tercer piso, desde un segundo o no tirarte? Como sanitario, no puedo decirte que te tires desde el segundo, ni vendértelo como algo saludable?”.
La encuesta de la semFYC refleja que el 12% de la población fuma. ¿Estamos ante un estancamiento en la reducción del tabaquismo o sigue habiendo avances?
Hay que esperar a las encuestas nacionales, pero estamos en un descenso progresivo del cigarrillo convencional. Lo que nos da la voz de alarma es que se está desviando el consumo, sobre todo entre la población joven, a los nuevos dispositivos de nicotina. Manejamos cifras de entre el 18 y el 20%.
Muchos adolescentes creen que vapear “no es fumar”. ¿Qué riesgos reales tienen estos dispositivos para ellos?
Algunos de esos riesgos ya han sido detectados. Ha habido casos de fallecimientos en Estados Unidos —si bien es cierto que la mayoría lo utilizaban combinado con otras drogas—. En España, hemos tenido casos de neumonías lipoideas y hay diferentes estudios en los que se aprecia daño celular, sobre todo en el árbol respiratorio, y casos de riesgo cardiovascular. Está demostrado que la nicotina aumenta el riesgo de sufrir infartos e ictus.
¿Esos riesgos están asociados a los dispositivos que no llevan nicotina?
Respecto a los cigarrillos sin nicotina, ya se han detectado alijos en los que se veía que contenían nicotina, a pesar de que en el etiquetado ponía que no. Hay más de 32.000 dispositivos de liberación de nicotina, por lo que su control es bastante difícil. Se pueden adquirir a través de internet y la industria está utilizando el truco de poner lo que denominamos ‘análogos de la nicotina’, que son altamente adictivos, pero con los que se saltan toda la normativa de los productos con nicotina.
Hablamos de la nicotina como componente, pero los cigarrillos electrónicos, aparte de la nicotina, llevan muchas otras sustancias. Se calcula que alrededor de 200 o 300 para convertir el líquido en un vapor. Las más conocidas son el propilenglicol, que se utiliza para el humo de los escenarios, y la glicerina, que se ha detectado en una parte de las neumonías. También hay sustancias tóxicas de metales pesados, pequeñas partículas y cantidades de sustancias productoras de cáncer. Como ocurrió con el tabaco, se tardará tiempo en ver los efectos a medio y largo plazo, porque son de introducción reciente.
La industria no deja nada al azar, está empleando todas las herramientas que utilizaban con el tabaco
¿La industria ha reinventado las estrategias de captación que utilizó con el tabaco tradicional?
La industria no deja nada al azar. Está empleando todas las herramientas que utilizaban con el tabaco. Si antes eran actores famosos, que salían fumando en todas las películas, ahora son los influencers, que utilizan vapeadores o bolsitas de nicotina en sus directos de TikTok o Instagram, siempre bajo la idea de que están dejando de fumar y utilizan este nuevo producto, que venden como algo menos dañino. Tienen miles de visualizaciones y la gente joven quiere imitar esas conductas.
Desde la industria del tabaco se traslada incluso que estarían de acuerdo con prohibir el tabaco.
Porque dicen buscan alternativas que venden como de ‘reducción de daños’. Nosotros ponemos un ejemplo muy típico: qué prefieres, ¿tirarte desde un tercer piso, desde un segundo o no tirarte? Como sanitario, no puedo decirte que te tires desde el segundo, ni vendértelo como algo saludable. Aun en el supuesto de que los vapeadores fuesen menos dañinos, tirarte desde el segundo también supone un riesgo para la salud.
El 75% de los encuestados apoyaría ampliar los espacios sin humo. Parece que sí hay una conciencia social en torno a la reducción de estos hábitos. ¿Cree que hay un factor generacional en cuanto a la percepción del riesgo?
Los jóvenes creen que son menos perjudiciales. Además, la adolescencia es una época en la que el riesgo implica emoción y el marketing juega con eso. Te lo venden como la libertad de decidir, de escoger algo ‘cool’, porque los cigarrillos electrónicos tienen diseños atractivos, hay variedades de sabores y te dicen que no son perjudiciales.
Desde la gran reforma antitabaco de 2010 no ha habido un salto regulatorio comparable. ¿Cree que la regulación ha ido por detrás de la expansión de vapeadores y nuevos productos de nicotina?
La industria va siempre un poco por delante: como nos prohibís esto y disminuye nuestro beneficio, nos inventamos otra cosa. Por eso creemos que hay que avanzar en las medidas, porque ellos van adelantándose a cada una. De hecho, la ley de protección frente al tabaquismo que está parada en el Congreso va en esa línea: prohibir los sabores en todos los productos de nicotina, restricción de la publicidad en redes sociales, prohibir la venta a menores… Hay máquinas expendedoras hasta en los aeropuertos, se venden en los conciertos, en las discotecas… Te los regalan al entrar en algunos festivales. Hay que avanzar en la regulación.
Si hay un consenso social, ¿por qué cada vez que se ponen sobre la mesa medidas, como la ampliación de espacios sin humos, se monta un revuelo político?
Por intereses comerciales de las multinacionales. Nuestra encuesta muestra que más de un 80% de los españoles no quiere que se fume en terrazas. El porcentaje es más elevado entre no fumadores, pero incluso la mitad de los fumadores estarían de acuerdo. Socialmente, hay un respaldo a la medida, pero existen lobbies que visitan a los políticos e instituciones que pueden hacer que una ley avance. De otra forma, no tiene sentido que tengamos esta norma aparcada.
No parece normal que se venda un dispositivo de nicotina con la imagen de Bob Esponja
¿Echáis en falta algo en esa ley?
Esa ley es un avance. Nosotros queríamos que el empaquetado sea genérico, que se regule la publicidad, que los productos no sean atractivos o que no haya dispositivos infantiles. No parece normal que se venda un dispositivo de nicotina con la imagen de Bob Esponja o que en las comuniones sea un regalo divertido, como antes se daban los cigarrillos de chocolate. Por eso, consideramos importante cualquier avance y ese plan integral iba de eso, aunque está ahí durmiendo el sueño de los justos.
Cuando un paciente llega a su consulta y le dice que quiere dejar de fumar, ¿qué pasa después?
Lo primero, le felicitaría por su decisión, que es muy personal. Sabemos que muchas familias están machacando continuamente a los fumadores, pero son ellos quienes tienen que tomar la decisión. Después, preguntamos si tiene algún motivo concreto para dejarlo, para que puedan reflexionar, y explicamos que el tabaco tiene diferentes componentes, que es una adicción crónica que dura toda la vida y que es recurrente.
¿Esa idea de que solo hace falta fuerza de voluntad ha quedado atrás?
La fuerza de voluntad es llegar a la consulta para dejar de fumar. Hay un porcentaje muy elevado de fumadores que lo han intentado por su propia cuenta y recaían pronto, probablemente porque no utilizaron todas las herramientas que les podemos ofrecer desde los centros de salud. Esa recaída no es un fracaso, sino parte del aprendizaje, porque las adicciones son difíciles. El tabaco está asociado a muchos hábitos que hay que romper, así que ayudamos a la persona entrenándola para cambiarlos, hasta que se acostumbren a hacerlo todo sin tabaco. Si es necesario, hacemos terapia cognitiva conductual y farmacológica, que multiplica por tres las posibilidades de éxito. Por eso, reclamamos que los fármacos sean accesibles y estén financiados para toda la población.
Cuando preguntan qué motivos llevan a un fumador a querer dejarlo, ¿qué le responden?
Lo primero que sale es la salud, pero siempre vamos un poco más allá: ¿Qué es para ti la salud? Empiezan a mencionar que quieren respirar mejor, cansarse menos, mejorar su actividad física, porque tienen alguna enfermedad… A veces te dicen que lo hacen por su familia o por disfrutar más de sus nietos. Otra respuesta que nos llama mucho la atención en consulta es que son presos de una adicción, que buscan ser libres, que no quieren irse a la cama pensando si les queda o no tabaco o llegar a un sitio de vacaciones y buscar un estanco antes que nada. La libertad es otro de los motivos que da mucha gente. No lo decimos los médicos, lo argumentan los fumadores.