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Meter más ruido en el mar para salvar al cetáceo más pequeño y amenazado

Raúl Rejón

8 de junio de 2026 21:58 h

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Hacer el mar más ruidoso. La principal medida para intentar evitar que las marsopas ibéricas mueran atrapadas en las redes de pesca y salvarse así de la extinción es emitir ultrasonidos que ahuyenten a los cetáceos, según el Plan de Recuperación diseñado por el Ministerio de Transición Ecológica.

La marsopa (Phocoena phocoena) es el cetáceo más pequeño de todo el Atlántico norte. La gran familia en la que se encuadran desde las ballenas azules a los cachalotes y los delfines. Y alrededor de la península ibérica nada una variedad exclusiva —la meridionalis— cuya población se ha desplomado, sobre todo, por “las capturas accidentales” de la flota pesquera, como admite el documento gubernamental.

El problema es que las marsopas ibéricas se alimentan, especialmente, de las especies comerciales que buscan los buques pesqueros de fondo. Así que el “interés comercial” choca con la pequeña marsopa. O más bien se enreda.

Estas capturas se conocen como bycatch y “es el aspecto crucial del problema”, explica el responsable del programa marino de WWF, José Luis García Varas. “A eso se le suma que las marsopas solo son capaces de ecolocalizar las redes de enmalle a distancias inferiores a 3-6 metros”, incluye la orden ministerial del Plan de Recuperación. Dicho de otra forma: cuando los animales detectan el peligro de la red, ya es tarde, están encima.

García Varas remacha que “una buena parte de lo que sabemos es que los animales muertos que se encuentran están varados y muestran señales de redes”. Atrapadas en los sedales, terminan muriendo al no poder subir a la superficie a respirar o caer en un cansancio extremo en sus intentos por liberarse. Finalmente, son arrastradas por la corriente hasta la costa.

La situación de la población ibérica de marsopas es muy mala. Tanto como para que, primero, la Comisión Europea abriera un expediente sancionador a España por no preocuparse convenientemente por el estado de la especie. Después, tras los avisos de la UE, el Gobierno incorporó en 2020 a este cetáceo en la lista de variedades en peligro de extinción. Esta acción obliga por ley a diseñar un plan de recuperación. “Es previsible la desaparición de la población de las marsopas de las aguas de la península ibérica en los próximos 18-20 años si no se toman las medidas necesarias”, detalla ahora el Ministerio de Transición Ecológica.

Por eso este plan establece que determinados barcos que utilizan ciertos tipos de redes en profundidades superiores a 80 metros, que suelen ser hábitat de las marsopas, “tienen la obligación de utilizar dispositivos acústicos de disuasión durante sus actividades pesqueras”.

Esos “dispositivos” son balizas incorporadas a las mallas que emiten ultrasonidos. Se trata de crear una barrera sónica que ahuyente a las marsopas. “Usan una frecuencia que, en teoría, molesta a los animales y provoca que se alejen”, aclara García Varas. Una frecuencia, inaudible para los humanos pero detectable para la sensibilidad ultrasónica (por encima del los 10 Khz) de estos cetáceos.

Aunque las guías técnicas de estos aparatos indican que deben calibrarse para espantarlas, pero sin ocasionar daños o sordera, lo cierto es que el ruido en el mar es un problema. La contaminación acústica en las profundidades disturba un mundo oscuro (a 100 metros penetra un 1% de la luz, según explica la Agencia Estadounidense del Océano y la Atmósfera) pero con gran capacidad para conducir el sonido. Los cetáceos como la marsopa se han adaptado a este ecosistema.

“No nos parece lo mejor porque, al final, se trata de meter más ruido en el mar que ya tiene un alto nivel”, concluye el responsable de WWF.

El biólogo de la organización Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (CEMMA), Alfredo López, cuenta que el uso de dispositivos sonoros “es un tema controvertido porque va a incrementar el ruido marino en general y no se ha comprobado que sean efectivos para evitar las capturas accidentales de las marsopas”.

Varas y López coinciden en que “falta información” sobre esta medida aplicada a las marsopas ibéricas. “Se ha perdido mucho tiempo entre que apareció el informe de la CEMMA sobre el mal estado de la marsopa y este plan, en el que se podría haber recopilado información”, dice López.

Además, también “existe el riesgo”, abundan, de que ese ultrasonido aplicado para ahuyentar a las marsopas de los pesqueros, funcione como “un reclamo para otras especies como el delfín mular” porque les está avisando de que, allí, hay un banco de peces, es decir, alimento.

El refugio de las marsopas

El plan de recuperación se va a aplicar en la costa de Galicia. El “área crítica”, como lo llama el documento, abarca casi 790.000 hectáreas de aguas atlánticas desde la desembocadura de río Miño hasta el cabo Prior. Eso sí, va a quedar excluido el interior de las rías donde “hay delfines mulares” residentes que, según los estudios biológicos, expulsan a las marsopas en su competencia por alimentos.

En toda esa superficie los barcos tendrán que instalar las balizas. Además, la “Administración competente deberá valorar la pertinencia de proponer a la Comisión Europea la designación del área crítica de la marsopa como Lugar de Interés Comunitario para su inclusión en la Red Natura 2000 marina”.

Además, el borrador del plan exige la mejora del conocimiento de la interacción pesca-marsopa “para poder determinar los puntos críticos”, las zonas y periodos de mayor impacto y las flotas y especies objetivo que más influyen. También se establece el “refuerzo de la obligación de notificación obligatoria de cualquier captura accidental y marcaje mediante bridas de los ejemplares que no sean traídos a puerto” después de enredarse y morir.

Puede servir para defender el mar de otras agresiones

El borrador del plan contiene algunas medidas que, de aplicarse, podrían redundar en la mejora y protección de hábitats. La defensa de la marsopa beneficia ecosistemas enteros. Así, el texto pide que se tenga en cuenta la “prevención y mitigación de efectos negativos de planes, proyectos y actividades” que quieran instalarse en esas aguas.

Por ejemplo se deberá evaluar los impactos de proyectos de parques eólicos marinos que se pretenda instalar dentro del área crítica o de proyectos de exploración submarina o subterráneas.

También pide que se identifiquen las “fuentes de vertido desde tierra al mar” que contribuyen a la contaminación del hábitat de la marsopa, para que las autoridades competentes reduzcan esos vertidos. En la misma línea, la recuperación del pequeño cetáceo debería servir para disminuir los vertidos que los buques hacen en las aguas de la Phocoena, que lo son también de muchas otras especies.