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Las nuevas predicciones meteorológicas desde el espacio: adelantarnos a las tormentas y controlar los incendios

Gemma Barra

17 de septiembre de 2026 22:29 h

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El pasado 27 de agosto llegó al espacio el MTG-I2, un satélite meteorológico que se une a la tercera generación de Meteosat con el objetivo de mejorar “drásticamente” la predicción meteorológica inmediata. El nuevo sistema satelital va a suponer un “salto importante en cuanto a vigilancia”, según el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología Española (AEMET), Rubén del Campo.

Las imágenes desde el espacio se obtendrán “cada dos minutos y medio”, cuando antes “era cada diez”. Esta actualización permitirá en el segundo trimestre de 2027 —fecha prevista para que el satélite entre en fase operativa— una mayor y rápida exploración, así como “conocer con mayor antelación dónde y cuando se forman las tormentas”, explica el portavoz.

El seguimiento constante de Europa y norte de África permite “desarrollar productos de predicción a muy corto plazo”. El Coordinador Científico del Satellite Application Facility (SAF), Xavier Calbet, coincide en la importancia de la reducción temporal y añade otro factor: “Los fenómenos que tienen una rápida evolución, como las tormentas o los incendios, se podrán detectar y seguir más de cerca gracias a esta gran resolución temporal, acompañada por la mayor resolución espacial, desde 500 metros a un kilómetro”. 

Detectar antes las tormentas y conocer la severidad del fuego

El objetivo principal, según Calbet, es “mejorar la predicción meteorológica inmediata”, también denominada como nowcasting. Así se podrá “facilitar la emisión de alertas tempranas antes fenómenos extremos severos como inundaciones rápidas, tormentas de evolución súbita e incendios forestales”. El científico denomina como “revolucionaria” a la frecuencia de escaneo, puesto que permitirá observar el clima en “tiempo real”.

Francisco Javier Escribano, ingeniero de Telecomunicación y profesor de la Universidad de Alcalá, ya subrayó hace unos meses la importancia de la observación vía satélite: “Pueden ayudar no solo en los momentos en los que se prevé una emergencia, sino también para detectar tendencias que permitan poner en marcha, con conocimiento de causa, políticas de prevención a más largo plazo”.

En el caso de las tormentas, Calbet explica el proceso a la hora de detectarlas: “El seguimiento preciso de la evolución temporal-espacial de la formación de pequeñas nubes (cúmulos) indica con antelación si estos se van a convertir en estructuras potencialmente peligrosas –denominadas cúmulo-nimbus– o, por el contrario, se van a quedar en forma de pequeñas nubes sin mayores consecuencias”. Esta detección mejora sustancialmente con estos satélites e incluso puede “preceder en varias decenas de minutos a otros instrumentos comunes como los radares meteorológicos”.

Una vez se desarrolla el cúmulo-nimbus se debe prestar atención a diversos factores. Las características de los topes de las nubes, los anillos fríos alrededor del centro de la convección, la velocidad de expansión o la presencia de ondas de gravedad sobre la nube, “pueden indicar la severidad de la situación”. Estos indicadores resultan “más fácilmente detectables” con el trío satelital de la tercera generación.

La resolución a la que se refieren ambos expertos también incide en la identificación de incendios: “Permite detectar los fuegos de mediano tamaño muchísimo antes”. Además, Calbet señala que el satélite MTG-I contiene el instrumento Flexible Combined Imager (FCI), el cual “dispone de un nuevo canal sobre la frecuencia de 3,8 micras que se sitúa espectralmente en el medio del máximo de emisión de luz de los fuegos”, así se determina la severidad o temperatura “con mucha más precisión”.

Unos llegan, otros se van

El satélite partió desde la Guayana Francesa, donde se encuentra la Agencia Espacial Europea (ASE) y a bordo del cohete Ariane 6. Al llegar a la órbita satelital, se unió a los otros dos anteriores para completar el “trío inicial de la nueva infraestructura de monitorización atmosférica”: el MTG-I1, también de imágenes y lanzado en 2022, y al satélite buscador o de sondeo MTG-S1, que fue incorporado en 2025. 

Según AEMET, se trata del nuevo sistema de satélites meteorológicos geoestacionarios “más complejo e innovador jamás construido”. Pero no siempre ha sido así, los de primera generación “captaban una imagen de la atmósfera cada 30 minutos y disponían de únicamente tres canales” y aunque era “un gran avance en la predicción meteorológica”, resultaba complejo seguir la evolución detallada de algunos fenómenos como “detalles finos de los topes de las tormentas o detección precoz de los incendios”, relata Calbet. 

A pesar de que los satélites de anteriores generaciones no son tan ágiles como los recién lanzados, resultan de utilidad para obtener series temporales “muy largas” que permitan determinar características climáticas: “Es lo que se está haciendo ahora con los datos de su hermano menor, el Meteosat de Segunda Generación, que lleva tomando datos desde el 2002”. El coordinador científico del SAF señala que para realizar el mismo proceso con la nueva generación “habrá que esperar algunos años todavía”.

Así como se vayan instaurando los nuevos satélites, se irán retirando otros, cuenta Calbet. Lo harán de forma “progresiva y a medida que acaben su vida útil”: “El último de la serie MSG se lanzó en 2015 y se espera que se retire más allá del 2033”. 

La tercera generación del Meteosat es una serie compuesta por cuatro satélites con sensores de imágenes (MTG-I) y dos con sondeadores (MTG-S). Se irán incorporando satélites hasta 2026 y coincidirán todos ellos en la órbita aproximadamente dos años: MTG-I1 o Meteosat-12 (2022-2033), MTG-I2 (2026-2037), MTG-I3 (2033-2044), MTG-I4 (2036-2047), MTG-S1 (2025-2036) y MTG-S2 (2035-2046).

Detector de rayos

El MTG-I2 incluye también un detector de rayos, llamado Lightning Imager (LI). Según el coordinador científico del SAF es “un nuevo instrumento a nivel europeo”. Permite “determinar donde hay actividad eléctrica en la atmósfera”, así como la extensión, intensidad y concentración, en general tiene el objetivo de “conocer el índice de severidad de la tormenta que contiene el rayo”. 

La detección de rayos “ya era posible mediante instrumentos en tierra”, pero “se hacían con diferentes herramientas en diferentes localidades”, cuestión que daba lugar a una “gran inhomogeneidad”. Al observar estos fenómenos con el sensor LI, se miden de manera uniforme: “Esto simplifica enormemente los algoritmos automáticos y realiza una cobertura general sobre países que no están dotados de infraestructuras de detección de rayos”.