Cómo acabó Carlos VI convertido en 'el rey loco' que sumió a Francia en una profunda crisis
El vacío que se abrió alrededor de Carlos VI acabó diciendo tanto sobre su enfermedad como sus delirios, porque cada ausencia devolvía poder a familiares y facciones que aprendieron a gobernar prescindiendo de su intervención.
Aquel rey recibido años antes como el Bienamado fue quedando asociado a una corona intermitente, hasta que el Loco dejó de describir un episodio aislado y pasó a identificar una incapacidad que condicionó Francia.
Una expedición terminó con varios caballeros muertos en 1392
Carlos VI de Francia, rey entre 1380 y 1422, sufrió una enfermedad mental prolongada que alternó periodos de lucidez con recaídas capaces de apartarlo temporalmente de sus funciones. La Chronique du Religieux de Saint-Denis, obra del cronista oficial del reinado, conservó una de las principales descripciones contemporáneas de esas alteraciones, y las crónicas de Juvénal des Ursins aportaron otros testimonios. La acumulación de episodios terminó desplazando la imagen del monarca prometedor hasta convertir su estado mental en uno de los rasgos más identificativos de su figura pública.
Antes de aquella transformación, Carlos había heredado la corona con 11 años y pasó buena parte de su juventud bajo la tutela política de sus tíos, que controlaron el Consejo de Regencia. Al recuperar capacidad de decisión en 1388, apartó a esos príncipes y recurrió a antiguos consejeros de su padre, llamados Marmousets por el cronista Jean Froissart. La mejora del gobierno y la pacificación le valieron el apelativo de el Bienamado, muy alejado de la denominación que acabaría imponiéndose.
El 5 de agosto de 1392, durante una expedición hacia Bretaña, el joven monarca atravesaba el bosque próximo a Le Mans cuando su comportamiento quebró la normalidad de la comitiva. World History Encyclopedia relata que un hombre vestido con harapos le advirtió de una supuesta traición y, poco después, un paje dejó caer una lanza sobre un casco de acero. Carlos desenvainó la espada, atacó a sus propios caballeros y mató a varios antes de ser reducido, en el primer brote psicótico público documentado.
Carlos VI creía que su cuerpo puede romperse
Las recaídas posteriores añadieron síntomas que alimentaron todavía más la fama del monarca, desde etapas en las que no reconocía a su esposa o a sus hijos hasta periodos de abandono físico. Sky History recoge que en noviembre de 1405 tuvo que ser bañado por la fuerza tras cinco meses sin lavarse, con llagas infectadas y piojos. También desarrolló la llamada delusión de cristal, por la que creía que su cuerpo podía romperse en mil pedazos y llegó a llevar refuerzos de hierro en la ropa.
El futuro papa Pío II recogió una versión de aquel temor corporal que terminó convertido en uno de los relatos más conocidos sobre Carlos VI. “A veces pensaba que estaba hecho de cristal y no permitía que lo tocaran”, escribió al referirse a la enfermedad del rey.
El investigador Gill Speak, autor en 1990 de un estudio sobre la delusión de cristal en Europa, lo consideró “posiblemente el primer caso de un hombre que creía que todo su cuerpo estaba hecho de cristal”. En 1399 se registraron seis ataques en un solo año.
La falta de pruebas impide confirmar una enfermedad concreta
El deterioro del rey terminó alterando la estructura política de Francia, ya que Isabel de Baviera, Luis de Orleans y los duques de Borgoña ocuparon espacios de poder que la corona dejaba libres con frecuencia cada vez más importante.
El asesinato de Luis de Orleans en 1407 aceleró la guerra civil entre armagnacs y borgoñones, mientras Enrique V venció en Azincourt en 1415. El Tratado de Troyes de 1420 llevó a Carlos a reconocer al rey inglés como heredero y a desheredar a su hijo, futuro Carlos VII.
La medicina moderna ha propuesto diagnósticos distintos para explicar las recaídas de Carlos VI, entre ellos esquizofrenia, trastorno bipolar, porfiria y otras enfermedades neurológicas o metabólicas. Un equipo de psiquiatras franceses defendió en 2018 la hipótesis de un trastorno bipolar a partir de episodios maníaco-depresivos de intensidad variable separados por periodos sin síntomas, mientras un análisis académico de 2017 contabilizó 56 crisis de salud mental.
Ninguna propuesta puede cerrarse mediante pruebas actuales, porque falta un diagnóstico médico contemporáneo y tampoco existen restos analizados con técnicas modernas.