Si a un neófito en el patrimonio arquitectónico de nuestra geografía le preguntan por un acueducto famoso, a buen seguro que pensará rápidamente en la joya romana de Segovia. Sin embargo, a poco más de 400 kilómetros de dicho acueducto, se puede ver y admirar de cerca el de Albatana, una igualmente notable obra hidráulica situada en la provincia de Albacete y reconocida como la construcción más interesante de su tipo en la provincia. Ubicado en el paraje conocido como Los Molinos, en las cercanías de la mencionada localidad manchega, este conjunto de ingeniería es también llamado acueducto del Molino de Arriba. Su importancia histórica y constructiva fue ratificada cuando fue declarado en 1990 Bien de Interés Cultural (BIC).
El origen exacto del acueducto ha sido históricamente un tema de debate entre diferentes expertos. Casi siempre se ha considerado una obra romana, situándose su construcción entre los siglos III y IV d.C. Esta teoría fue recogida en su primer estudio en profundidad publicado en la revista AL-BASIT en 1975. Sin embargo, también hay otra teoría, basada en la inscripción del molino, que data de 1742, que sugiere que el acueducto es una obra de mediados del siglo XVIII. En cualquier caso, en lo que no hay discusión es que el conjunto en funcionamiento posee una longitud total de 389 metros desde la toma de agua hasta el Molino de Arriba. La construcción está formada por hileras de sillares regulares de caliza y biocalcarenita unidos con cemento a base de cal, arena y restos de teja.
La pendiente es uniforme y la obra está correctamente integrada en el paisaje. El acueducto recoge sus aguas de una fuente natural localizada aproximadamente a un kilómetro entre el camino de Albatana y el de Tobarra. Para minimizar la pérdida de nivel, el agua se captaba inicialmente en una mina excavada bajo el terreno, y su curso transcurría en la primera parte por una trinchera hasta alcanzar la cota del terreno natural. La conducción, de directriz recta y altura decreciente, tenía una anchura exterior de poco más de un metro en el canal. Es relevante señalar que la estructura se compone en realidad de dos obras hidráulicas realizadas en momentos distintos. El acueducto más antiguo yace en ruinas de forma paralela al actual, y es una obra maciza de mampuesto y argamasa.
Los restos de esta antigua obra pero capital del patrimonio de Castilla-La Mancha, eso sí, evidencian las dificultades constructivas para conseguir el desnivel suficiente, mostrando que las paredes del canal tuvieron que ser elevadas y que padecía numerosas filtraciones de agua. Debido a la imposibilidad de seguir usando el viejo acueducto romano, y tras una prolongada sequía que afectó el nivel freático, los vecinos de Albatana y Ontur solicitaron a los marqueses nuevas obras a principios del siglo XIX. El acueducto actual, denominado “Acueducto nuevo”, fue proyectado en 1844 para reemplazar la vieja “calzada de piedra” y “calzada de tierra”. En la construcción del acueducto que hoy se puede ver, que pertenece lógicamente a la Edad Contemporánea, se utilizaron sillares de piedra arenisca. Aunque esta piedra era común en otras obras públicas del siglo XIX, resulta excepcional para el canal de un molino.
180 metros de arcos
El acueducto propiamente dicho comienza transcurridos 186 metros del inicio, pues hasta ese punto la construcción es un canal de una sola hilera de sillares. A partir de ese punto, comienza la zona de arcos, que mide alrededor de 180 metros. La estructura está formada por un total de 61 arcos escarzanos o carpaneles, separados cada tres metros. Estos arcos se sustentan en pilares cuadrangulares formados por dovelas que descansan en triángulos de descarga. Su altura oscila entre 1.68 metros y 2.55 metros, alcanzando los dos metros y medio a la altura del molino. El objetivo original de la obra era conducir el agua hasta el Molino de Arriba, propiedad de los marqueses de Espinardo hasta la abolición de los señoríos jurisdiccionales en 1811.
En la zona de los Campos de Hellín, que formaba parte del Reino de Murcia, el agua era vital para los cultivos de regadío y para alimentar dos molinos harineros. El agua, además, fue utilizada en el siglo XVIII como batán para el lavado de lanas. En cuanto a su estado, la poca calidad de los materiales utilizados, ya sea la caliza o la piedra arenisca, los hace muy sensibles a la erosión. El acueducto se encuentra deteriorado con el paso de los años, lo cual se evidencia en las numerosas fugas de agua. Aunque se realizaron sellados de fugas, estos se llevaron a cabo con materiales y técnicas inadecuados, y el monumento fue incluido en la Lista Roja en 2016 por su mal estado. Pese a que el acueducto se mantuvo en funcionamiento con caudal circulante permanente hasta 2011, en la actualidad el agua necesaria para el riego ya no se extrae de la fuente sino de pozos. De esta manera, el acueducto ha cesado en el uso para el cual fue concebido.
No obstante, el sitio forma parte de la “Ruta del agua de Albatana”, un sendero accesible y de baja dificultad que recorre elementos hídricos como el Molino de Abajo (construido en 1813), mostrando la relevancia histórica del agua en la comarca albaceteña. Y es que, como en tantas otras zonas de riqueza patrimonial repartidas por toda nuestra geografía, molinos, puentes o acueductos muestran a un viajero curioso y agradecido cómo era y cómo funcionaba la vida de antes, cómo eran los campos, los pueblos, las casas y cómo se abastecían de un bien tan fundamental cómo el agua. De ahí que, sea el de Segovia o el de Albatana, en Albacete, cuando uno se acerca y roza la piedra de un antiguo acueducto, uno puede sentir cómo corría el agua hace… no tanto tiempo.