Alfonso X el Sabio y las conquistas de Cádiz y Sanlúcar que transformaron la costa gaditana
El 14 de septiembre de 1262 Alfonso X el Sabio incorporó Cádiz a la Corona de Castilla, en un periodo de cambios en el control político del litoral del actual territorio gaditano. Dos años después, las campañas desarrolladas en 1264 alcanzaron también Sanlúcar de Barrameda en el contexto de la revuelta mudéjar y de la respuesta militar del monarca. Ambos episodios formaron parte de un proceso que alteró el control político de enclaves estratégicos del Atlántico y de la desembocadura del Guadalquivir.
Alfonso X llevaba una década en el trono cuando sus fuerzas tomaron Cádiz en 1262. La ciudad tenía entonces una población reducida y había perdido buena parte de la importancia alcanzada durante la Antigüedad, pero mantenía un notable valor estratégico. Su situación permitía vigilar los movimientos marítimos de la zona, proyectarse hacia el norte de África y disponer de una base con posibilidades comerciales y militares. Tras su incorporación comenzó un proceso de reconstrucción y asentamiento de nuevos pobladores.
La transformación de Cádiz tras 1262
Los primeros habitantes llegados bajo dominio castellano participaron en la recuperación de las defensas y se establecieron, entre otros lugares, en el actual barrio del Pópulo. La situación volvió a cambiar en 1264, cuando los musulmanes que permanecían en Cádiz y sus alrededores fueron expulsados después de una revuelta fallida. La ciudad fue entonces repoblada con habitantes procedentes primero del norte de Castilla y posteriormente con personas llegadas de localidades marítimas como Laredo, Santander y Castro Urdiales.
La nueva etapa reforzó también la dimensión marítima de Cádiz. Alfonso X aspiraba a convertirla en una base desde la que desarrollar proyectos comerciales y militares, mientras la llegada de nuevos pobladores contribuía a recomponer una ciudad que había quedado muy disminuida. Su relación con el mar adquirió un peso creciente y Cádiz acabaría siendo elegida como sede de los astilleros reales, vinculando desde entonces buena parte de su desarrollo a la actividad naval.
De Cádiz a Sanlúcar de Barrameda
El escenario regional volvió a transformarse en 1264, cuando se produjo una sublevación de población mudéjar en distintos territorios sometidos a Castilla, apoyada por los benimerines norteafricanos. La respuesta de Alfonso X dio lugar a nuevas operaciones militares destinadas a recuperar el control de las fortalezas de la zona. Jerez fue uno de los principales focos de aquellos enfrentamientos y sufrió un prolongado asedio antes de quedar en manos castellanas, tras lo cual gran parte de su población musulmana fue expulsada.
Sanlúcar de Barrameda pasó también al dominio castellano en aquel contexto de 1264. Su emplazamiento en la desembocadura del Guadalquivir le otorgaba una especial importancia estratégica. Durante la etapa islámica, su territorio había formado parte de la cora de Sidonia y contaba con estructuras destinadas a proteger el estuario, entre ellas un ribat del que todavía se conservan restos integrados posteriormente en construcciones de la localidad.
La relación de Sanlúcar con Castilla había comenzado, sin embargo, antes de esos acontecimientos. Tras la toma de Sevilla por Fernando III en 1248, el área de Jerez, incluida Sanlúcar, quedó sometida mediante capitulaciones negociadas que respetaban inicialmente la vida y la religión de sus habitantes musulmanes. Sus condiciones fueron deteriorándose durante los años siguientes hasta desembocar en la sublevación de 1264, después de la cual Alfonso X afianzó el control castellano sobre las fortalezas de la región.
El proyecto territorial de Alfonso X
El monarca pretendía integrar además las tierras de Sanlúcar dentro de un amplio alfoz dependiente de Cádiz, según los estudios históricos aportados. Aquel proyecto territorial no llegó a materializarse tal como había sido concebido y durante las décadas siguientes se plantearon distintas fórmulas para organizar un enclave sometido tanto a los intereses castellanos como a las tensiones derivadas de su posición frente al norte de África.
Sanlúcar terminó siguiendo una trayectoria diferente de la inicialmente imaginada por Alfonso X. En 1297 Fernando IV confirmó su concesión como señorío a Guzmán el Bueno, iniciando la consolidación del dominio de la Casa de Guzmán. Sus nuevos señores impulsaron la repoblación, levantaron nuevas fortificaciones y favorecieron la ampliación del núcleo urbano. Al mismo tiempo, el Puerto de Barrameda, más tarde conocido como Puerto de Bonanza, contribuyó al crecimiento económico del señorío.
La posición marítima que había convertido a Cádiz y Sanlúcar en enclaves codiciados durante el siglo XIII continuó condicionando su evolución en los siglos posteriores. En el caso de Sanlúcar, su situación junto a la desembocadura del Guadalquivir acabaría otorgándole un papel destacado durante la expansión atlántica: entre los siglos XV y XVII fue uno de los escenarios vinculados a la exploración y a las comunicaciones con América, prolongando una importancia estratégica que ya había marcado su historia medieval.