Aparece en Berlín una moneda de 2.300 años procedente de Troya y reaviva las dudas sobre su recorrido

Héctor Farrés

7 de mayo de 2026 16:00 h

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Un relato antiguo empezó a circular durante siglos sin pruebas claras y acabó fijando el nombre de una ciudad que hoy sigue generando preguntas. Troya fue una ciudad situada en la actual Turquía, cerca del estrecho de los Dardanelos, y se hizo conocida por una guerra que, según los textos griegos, enfrentó a varias ciudades durante años.

Esa historia llegó a través de poemas atribuidos a Homero, donde se cuenta el asedio a la ciudad y el engaño final con un gran caballo de madera que permitió la entrada de los atacantes. A partir de ese episodio, Troya pasó a ocupar un lugar destacado en la cultura antigua porque su caída se convirtió en referencia para explicar conflictos, viajes y relatos posteriores. Sin embargo, durante mucho tiempo no quedó claro si aquella guerra ocurrió de verdad o si pertenecía solo a la tradición literaria.

Un hallazgo en Berlín abrió preguntas sobre contactos antiguos

Un adolescente encontró en Berlín una moneda acuñada en Troya del siglo III a. C., lo que abre preguntas sobre contactos antiguos entre el norte de Europa y el mundo griego. El hallazgo, recogido por el comunicado de PETRI Berlin, sitúa ese objeto fuera de su lugar de origen y plantea cómo pudo recorrer tanta distancia.

La pieza apareció en el distrito de Spandau y ahora forma parte de una investigación más amplia sobre el terreno. Ese punto sirve para conectar una ciudad antigua con un espacio europeo muy alejado de su entorno original.

El lugar donde apareció la moneda ya tenía antecedentes conocidos por los arqueólogos. En esa zona se habían encontrado restos que indican un uso prolongado como área de enterramiento. Los trabajos realizados en distintas décadas sacaron a la luz fragmentos cerámicos, restos de cremaciones humanas y pequeños objetos metálicos.

Estos elementos sitúan el origen del uso del terreno en la Edad del Bronce o en los inicios de la Edad del Hierro, aunque el espacio siguió activo en épocas posteriores, incluso bajo dominio romano y con presencia eslava.

Un chico de 13 años recogió una pieza sin saber su valor

El hallazgo concreto partió de un paseo sin intención arqueológica. Un chico de 13 años vio en el suelo una pieza muy pequeña y decidió recogerla. La moneda medía unos 12 milímetros de diámetro y su tamaño dificultaba reconocer su importancia en un primer momento. Aun así, decidió llevarla a un museo durante una visita escolar para saber qué tenía entre manos.

Ese gesto activó la revisión del objeto por parte de especialistas. Jens Henker, arqueólogo de la Berlin Heritage Authority, explicó en declaraciones recogidas por DW que el joven entendió que había encontrado algo interesante y buscó confirmación. El primer examen abrió una duda habitual en estos casos: si la pieza pertenecía al contexto antiguo del terreno o si alguien la había perdido en tiempos recientes. La respuesta dependía del análisis del entorno donde apareció.

El estudio posterior permitió situar la moneda en su origen. Los expertos confirmaron que había sido acuñada en Ilion, nombre griego de Troya, entre los años 281 y 261 a. C. Ese dato la coloca en el periodo helenístico y convierte el hallazgo en el primero de este tipo documentado en el área urbana de Berlín. La procedencia quedó fijada tras comparar sus características con otras piezas conocidas.

La moneda también aporta información por su diseño. En una cara aparece la cabeza de la diosa Atenea con casco corintio. En la otra se muestra una variante de la misma figura, con un tocado y con una lanza en la mano derecha mientras sostiene una rueca en la izquierda. Esa iconografía coincide con representaciones habituales en el mundo griego y confirma su relación con Troya.

Las posibles rutas explican cómo llegó al norte europeo

El recorrido que llevó la pieza hasta el norte de Europa no está claro, pero existen varias opciones. Una de ellas apunta a las rutas comerciales del ámbar, que conectaban el Báltico con el Mediterráneo mucho antes de la época romana.

Otra posibilidad plantea movimientos de personas, como mercenarios que pudieron servir en ejércitos griegos o macedonios y regresar después a sus lugares de origen. Ambas explicaciones encajan con los contactos conocidos entre regiones distantes en la Antigüedad, aunque ninguna puede probarse con certeza en este caso.

El valor material de la moneda no explica por sí solo su presencia en ese lugar. El bronce que contiene tenía un valor económico bajo en su contexto original, lo que lleva a los expertos a considerar un uso simbólico. Su posible depósito en una tumba apunta a una función ligada a creencias o a la identidad del difunto.

Henker explicó que la falta de textos escritos en el norte de Europa obliga a depender de objetos como este para entender las conexiones con otras culturas, ya que los autores griegos apenas mencionaban esas regiones y las describían como territorios ajenos.