La arqueología apunta a un giro sorprendente: el Disco de Festo habría servido para jugar, no para escribir

Las explicaciones cambian con el tiempo, sobre todo cuando un objeto resiste una interpretación durante más de un siglo. El Disco de Festo ha ocupado ese lugar de misterio dentro de la arqueología, entre hipótesis que se suceden y una paciencia que parece infinita. Descubierto en Creta a comienzos del siglo XX, su superficie cubierta de símbolos en espiral ha dado pie a decenas de intentos de lectura y a un sinfín de teorías.

Algunos lo han considerado una escritura perdida, otros un calendario o un instrumento ritual. Cada intento de descifrarlo ha sumado más dudas que certezas. Lo que ahora se propone es otra mirada, una en la que el disco no cuenta una historia, sino que establece un sistema de pasos o movimientos, algo más cercano a un tablero que a una frase.

Esto plantea que el enigma no reside en el idioma, sino en la función, y que la pieza pudo servir como un dispositivo de juego, un objeto que enseñaba o registraba turnos y acciones. Con ello se abre una pregunta más amplia sobre cómo entender los artefactos que imitan el lenguaje sin serlo.

El diseño apunta a un uso interactivo más que narrativo

Un nuevo estudio plantea que el Disco de Festo podría ser un artefacto de procedimiento, posiblemente un tablero de juego, y no un texto escrito, según La Brújula Verde. El trabajo, firmado por Constantinos Ragazas, sugiere que el objeto se comporta como un dispositivo secuencial, un sistema de reglas codificadas en símbolos.

La hipótesis se apoya en rasgos físicos y no en conjeturas lingüísticas: la disposición de las figuras, la calidad de las impresiones y las diferencias entre sus dos caras. Esta lectura recupera la idea de que la pieza pudo funcionar como un prototipo inacabado, fabricado por etapas, en lugar de una obra final de escritura.

El diseño del disco ofrece indicios claros. Presenta una zona exterior de compartimentos y un espiral interior que lleva al centro. Las figuras del borde miran hacia fuera, mientras que las interiores siguen el giro del espiral, una orientación incoherente para un texto pero natural en un sistema que requiere visibilidad desde distintos ángulos. Esa disposición es propia de un objeto pensado para la interacción, no para la lectura. Los compartimentos, además, actúan como casillas fijas, lo que sugiere que cada grupo de signos correspondía a una acción o una secuencia de juego.

Los detalles de fabricación refuerzan la hipótesis. Ragazas observó que las marcas en una de las caras son más profundas que en la otra, lo que indica que el material estaba más blando al principio del proceso y más endurecido al final. Esa diferencia apunta a un trabajo en dos fases, hecho mientras la arcilla cambiaba de consistencia, lo que sería poco compatible con la escritura continua de un mensaje. En cambio, encaja con la elaboración de un modelo que se iba ajustando con cada ensayo.

Antiguos juegos del Mediterráneo refuerzan la hipótesis

Los paralelos culturales apoyan la propuesta. Juegos con recorrido espiral aparecen en el Egipto faraónico, como el Mehen, y en otras zonas del Mediterráneo oriental. Aunque no exista una relación clara, la presencia de estructuras similares demuestra que ese tipo de diseño era conocido y útil para organizar turnos o desplazamientos. En ese sentido, el Disco de Festo podría ser una versión local de un mismo principio de juego, adaptado a la cultura minoica.

Aceptar esta posibilidad no resuelve el misterio, pero lo desplaza a otro plano. Si se trataba de un tablero, su función seguiría siendo enigmática: no se conocen fichas ni instrucciones. Aun así, el planteamiento cambia el tipo de pregunta. Ya no se buscaría una lengua sino un sistema. Las repeticiones de signos, las divisiones rígidas y la ausencia de correcciones dejan de ser obstáculos y se convierten en pistas de uso. El disco dejaría de ser un mensaje fallido para pasar a ser una herramienta experimental.

El hallazgo original en el palacio minoico de Festo también encaja con esa lectura. El objeto apareció en un depósito de servicio, fabricado en arcilla sin cocer y endurecido solo por un incendio fortuito. Todo apunta a que no era una pieza terminada, sino un modelo en desarrollo. La reinterpretación actual no cierra el debate, pero propone una base más tangible para seguir investigando. Según el estudio citado por La Brújula Verde, el Disco de Festo podría ser la huella de un juego antiguo, un artefacto que enseñaba reglas y no palabras, y que sobrevivió por azar dentro de las ruinas.