Así arrasó la peste de Mallorca de 1820, el último gran brote epidémico de peste en Europa occidental
En 1820, tuvo lugar en el Levante de Mallorca una epidemia de peste que acabó con la vida de más de 2.400 personas. Hablamos del que es considerado el último gran brote de esta enfermedad en la Europa Occidental, el cual empezó alrededor de Son Servera a comienzos de mayo de ese año y, desde allí, se extendió hasta Artà, Capdepera y Sant Llorenç.
Durante mucho tiempo, se interpretó este terrible episodio como una peste bubónica clásica, es decir, una enfermedad que se transmitía principalmente a través de pulgas infectadas que habían picado a roedores portadores de la bacteria. Sin embargo, los datos recopilados en una investigación reciente apuntan a una historia bastante más compleja.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista científica PNAS y realizado por Joana Maria Pujadas-Mora, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Pere Puig, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), sostiene que parte de los contagios pudo producirse directamente entre personas, y no únicamente a través del tradicional ciclo de ratas y pulgas.
Las conclusiones del análisis
Basándose en el estudio de diversos documentos históricos, la investigación recoge que los enfermos que sufrieron la peste de Mallorca empeoraban muy rápidamente. A esto se sumó una letalidad extraordinariamente elevada, del 78 %, y unos periodos infecciosos muy cortos, de alrededor de 2,8 días en Son Servera y de 2 días en Capdepera.
Para los investigadores, la combinación de estos factores apunta a que la enfermedad pudo transmitirse de formas que hasta ahora no se habían contemplado. “Nuestro análisis aporta nuevas evidencias y sugiere que las formas neumónica y septicémica podrían ayudar a explicar aquella elevada mortalidad”, explica Pujadas-Mora en declaraciones a la UOC.
El brote llegó probablemente desde Tánger a través de los tripulantes de un barco, ya infectados, que desembarcaron de forma clandestina en la zona de Son Servera, en el este de la isla. Según el estudio, lo más probable es que las pulgas infectadas que viajaban en la embarcación picaran a los vecinos de la zona, que también cayeron enfermos.
A partir de este primer foco, la peste podría haberse extendido rápidamente a través de ectoparásitos humanos, como pulgas o piojos, pero también mediante la transmisión directa entre personas. En conjunto, el estudio concluye que los resultados obtenidos obligan a revisar la imagen tradicional que durante siglos se ha tenido de aquella terrible epidemia.