El caballo de mármol encontrado bajo tierra apunta al culto de uno de los templos griegos más extraños del Mediterráneo

Héctor Farrés

26 de mayo de 2026 14:40 h

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Las tormentas decidían la suerte de muchas ciudades del mundo griego. Zeus ocupaba el lugar más alto dentro de aquella religión porque gobernaba el cielo y porque su voluntad podía alterar guerras, cosechas o viajes marítimos. Los relatos antiguos lo presentaban como un dios capaz de castigar juramentos rotos, proteger leyes y premiar a los gobernantes que respetaban el orden religioso.

El rayo terminó convertido en su símbolo porque los griegos interpretaban los truenos violentos como señales enviadas desde el Olimpo. Aquella fuerza del cielo inspiraba temor y obediencia al mismo tiempo, sobre todo en comunidades que dependían del clima para sobrevivir. Los templos levantados en su honor buscaban ganarse el favor de un dios que representaba autoridad, castigo y protección.

Un relieve ecuestre apareció frente a Agrigento

Un bloque de mármol con la figura de un caballo rampante salió del fondo del Mediterráneo frente a la costa siciliana de Agrigento. Según BCsicilia y las autoridades italianas que participaron en la operación, la pieza apareció a nueve metros de profundidad y a unos 300 metros de San Leone, en una zona donde ya se conocían restos arqueológicos dispersos.

Los especialistas creen que el relieve pudo formar parte del célebre Templo de Zeus Olímpico de la antigua Akragas. El rescate fue realizado en 2024 por submarinistas de los Carabinieri, miembros de la Superintendencia del Mar y voluntarios de BCsicilia tras varias jornadas complicadas por el oleaje.

El Templo de Zeus de Agrigento ocupó un lugar singular dentro de la arquitectura griega antigua. La construcción comenzó después de la victoria de Himera en el año 480 a.C., cuando el tirano Terón impulsó un edificio destinado a exhibir poder político y militar. A diferencia de otros templos dóricos, las columnas no rodeaban el recinto de forma independiente, ya que parte de ellas quedaban integradas en los muros exteriores.

Aquella disposición desconcertó durante décadas a muchos arqueólogos por su estructura poco habitual. El edificio también destacaba por sus atlantes gigantescos, figuras masculinas de más de siete metros que parecían cargar el peso del santuario y que todavía permanecen tendidas sobre el suelo arqueológico.

Akragas creció hasta dominar la Magna Grecia

La antigua Akragas llegó a convertirse en una de las ciudades más influyentes de la Magna Grecia. Colonos griegos la fundaron en el siglo VI a.C. y su crecimiento transformó el enclave en un importante núcleo político y cultural de Sicilia. El poeta Píndaro la describió como “la ciudad más bella de los mortales”.

Buena parte de aquella fama nacía de sus construcciones monumentales, levantadas para impresionar tanto a aliados como a enemigos. Con el paso de los siglos, terremotos, derrumbes y cambios del litoral alteraron gran parte de la costa cercana, hasta el punto de que numerosos restos clásicos acabaron bajo las aguas del Mediterráneo.

Los investigadores italianos relacionan el caballo hallado con la iconografía tradicional de Zeus. En muchas representaciones antiguas, los caballos aparecían asociados al carro divino del dios olímpico y a imágenes vinculadas con autoridad y fuerza militar. El relieve recuperado conserva unas dimensiones notables, con cerca de dos metros de largo, más de metro y medio de ancho y unos 35 centímetros de grosor.

La pieza fue tallada en mármol proconnesio, una piedra muy apreciada en la Antigüedad que se extraía en la actual Turquía. Los arqueólogos creen que el bloque pertenecía al friso decorativo del templo y que su dinamismo encajaba con el lenguaje monumental del edificio.

El hallazgo abre dudas sobre el templo siciliano

El ingeniero Gaetano Lino y el Grupo Sub de BCsicilia desempeñaron un papel decisivo en la identificación del fragmento. Los estudios fotogramétricos realizados meses antes permitieron detectar que aquel bloque cubierto de concreciones marinas podía ocultar una escultura de enorme valor histórico. Después de comunicar el hallazgo a las autoridades, comenzaron los trabajos de extracción. Las corrientes y el mal tiempo obligaron a retrasar parte de las operaciones, aunque finalmente los submarinistas consiguieron asegurar el relieve y trasladarlo a tierra firme.

El descubrimiento abre nuevas preguntas sobre uno de los monumentos menos comprendidos del mundo griego antiguo. Muchos especialistas consideran que el Templo de Zeus todavía conserva enormes lagunas históricas pese a su fama y tamaño colosal. La aparición de nuevos fragmentos decorativos puede ayudar a reconstruir la disposición escultórica original y aclarar cómo era realmente el edificio durante el siglo V a.C. Asimismo, yambién refuerza el valor arqueológico de las aguas sicilianas, atravesadas durante siglos por rutas comerciales, guerras y contactos entre Europa, África y Oriente Próximo.

A medida que avanza el conocimiento sobre el hallazgo, la imagen del caballo emergiendo desde el fondo marino devuelve a Agrigento parte de la grandeza que convirtió a Akragas en uno de los símbolos más admirados del Mediterráneo antiguo.