El 'cerdo del infierno' recorrió Catalunya 36 millones de años después de los dinosaurios y dejó su huella en el registro fósil
El menú de Entelodon era bastante más variado de lo que su apodo podría hacer pensar, porque el desgaste microscópico de los dientes de E. magnus apunta a una dieta omnívora comparable a la del jabalí actual. Un estudio de 2023 de Florent Rivals y sus colaboradores examinó esas marcas dentales y rebajó la tentación de imaginar a estos animales como cazadores dedicados exclusivamente a la carne. Podían actuar como depredadores y carroñeros gracias a su corpulencia y sus mandíbulas, aunque comían recursos muy diversos.
Rocallaura confirma la presencia de Entelodon en Iberia
Una nueva revisión de los fósiles de Rocallaura, cerca de Vallbona de les Monges, confirma que Entelodon habitó la cuenca del Ebro hace unos 30 millones de años. Àngel H. Luján, investigador principal del estudio del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP-CERCA), lidera un trabajo publicado en Geologica Acta que constituye la primera evaluación detallada de material de entelodóntidos de la Península Ibérica. El registro peninsular de este grupo era muy escaso y carecía hasta ahora de un estudio en profundidad.
Tres piezas han bastado para precisar el género de aquel mamífero, ya que el equipo examinó un fragmento de mandíbula, un molar superior y un canino procedentes del yacimiento leridano.
Los rasgos de estos restos permiten asignarlos a Entelodon, un nombre que alude a una dentición completa propia de un mamífero placentario. La identificación amplía la información disponible sobre la presencia del género en el suroeste de Europa y sobre los grandes mamíferos ibéricos del Oligoceno.
La especie sigue abierta pese a que durante años se contempló la posibilidad de que los fósiles pertenecieran a Entelodon magnus, descrito en 1846 por el naturalista francés Auguste Aymard a partir de hallazgos de Haute-Loire.
La revisión encuentra diferencias respecto a E. magnus y también frente a E. deguilhemi, conocida por restos abundantes en Francia. Por ese motivo, los investigadores emplean Entelodon sp., una denominación reservada para casos en los que puede establecerse el género sin llegar a determinar la especie.
Sus parientes actuales incluyen hipopótamos y ballenas
El aspecto de estos animales ayuda a entender el origen de un apodo que ha resultado engañoso durante décadas, pues tenían cabeza alargada, pómulos prominentes y grandes dientes afilados. Albert Vidal-Martí, investigador del ICP especializado en entelodóntidos, señala que su parentesco los acerca más a hipopótamos y ballenas que a los cerdos actuales.
Una reconstrucción científica incluida en el estudio sitúa al animal en el entorno de Rocallaura y constituye la primera realizada para un yacimiento de la Península Ibérica. Jesús Gamarra, investigador del ICP, coautor e ilustrador del trabajo, elaboró la escena a partir de la anatomía preservada y del conocimiento disponible sobre la biología del grupo y los ambientes oligocenos de la cuenca del Ebro. La escasez de piezas obliga a completar buena parte del animal mediante comparaciones con parientes mejor conservados.
Los entelodóntidos eran artiodáctilos y vivieron en Eurasia y Norteamérica aproximadamente entre hace 35 y 25 millones de años. Algunas especies alcanzaron unos dos metros de altura, aunque una síntesis de 2002 de Jordi Agustí y Mauricio Antón situó a las europeas de Entelodon en unos 1,35 metros a la cruz y unos 65 centímetros de cráneo.
Rocallaura conserva restos de hace 30 millones de años
El yacimiento de Rocallaura pertenece al Rupeliense, la primera edad del Oligoceno, situada aproximadamente entre hace 34 y 28 millones de años. El Entelodon leridano vivió, por tanto, unos 36 millones de años después de la desaparición de los dinosaurios no avianos, ocurrida hace unos 66 millones de años. Los entelodóntidos aparecen de forma poco abundante en las faunas euroasiáticas conocidas, con un registro compuesto habitualmente por dientes, mandíbulas y otros huesos.
La mayor parte de sus fósiles procede de Asia o Norteamérica, aunque también se han documentado restos desde Europa occidental hasta Mongolia, China y Japón.
Las próximas respuestas pueden llegar desde yacimientos cercanos, porque el equipo ya analiza otros fósiles procedentes de lugares como Talladell para precisar qué entelodóntidos recorrieron Iberia durante el Oligoceno.
Hasta que ese trabajo aporte rasgos suficientes para una atribución más precisa, Rocallaura conserva una identificación segura en el nivel de género y una especie todavía sin determinar.