La colonia perdida de Roanoke desapareció poco después de su fundación y convirtió un fracaso en leyenda
La empalizada recibió a los marineros con tablones vacíos mientras la maleza cerraba los caminos que antes conducían hasta las viviendas levantadas por los colonos. El gobernador John White avanzó entre restos abandonados tras una demora de meses que había convertido el regreso prometido en una llegada demasiado tardía.
Cada puerta abierta aumentó la inquietud porque dentro faltaban las personas que esperaba encontrar tras cruzar el Atlántico. Los hombres recorrieron el asentamiento sin hallar cuerpos ni señales de lucha mientras White buscaba algún rastro de su familia entre construcciones desiertas.
La ausencia ocupó cada rincón conforme la expedición comprobó que tampoco quedaban voces capaces de explicar la marcha. White terminó aquel recorrido con la certeza de que todos se habían marchado pero sin saber cuánto tiempo llevaba vacío el lugar.
Unas inscripciones señalaron el posible destino de los colonos
La colonia de Roanoke había sido fundada en 1587 frente a la costa de la actual Carolina del Norte con 117 o 118 hombres mujeres y niños según las distintas fuentes recogidas. Cuando White regresó el 18 de agosto de 1590 encontró el asentamiento abandonado y dos inscripciones que dirigían la atención hacia Croatoan.
La palabra completa aparecía tallada en una empalizada mientras las letras CRO figuraban en un árbol cercano y ninguna señal sugería un ataque apresurado. Entre los desaparecidos estaban la hija de White, Eleanor Dare, y Virginia Dare, que había sido la primera niña inglesa nacida en América.
Croatoan era el nombre de la actual isla de Hatteras donde vivía un pueblo indígena aliado de los ingleses. Esa relación ofrecía una salida razonable para unos colonos que sufrían escasez de alimentos y conocían peor el territorio.
Kathleen DuVal, profesora de Historia de la Universidad de Carolina del Norte, considera probable que el grupo necesitara instalarse junto a una comunidad indígena para alimentarse. La isla contaba además con personas que ya habían tratado con los recién llegados durante expediciones anteriores.
Los objetos ingleses aparecieron en antiguos poblados indígenas
Las excavaciones iniciadas en Hatteras aportaron después objetos ingleses del siglo XVI entre ellos anillos de cobre, empuñaduras de espada, pendientes, pizarras de escritura, vidrio y piezas de armas. Scott Dawson, arqueólogo y presidente de la Croatoan Archaeological Society, impulsó esas investigaciones junto con voluntarios locales y especialistas profesionales.
Mark Horton, arqueólogo que participó en los trabajos, interpretó la dispersión como una salida posible tras conflictos internos o dificultades de abastecimiento. Los restos aparecieron en antiguos poblados indígenas de Buxton, Frisco y Hatteras donde también se documentaron viviendas con rasgos europeos y trabajos sobre cobre, plomo e hierro.
El hallazgo anunciado en 2025 añadió dos acumulaciones de escamas de martillo bajo una capa antigua de residuos. Esas partículas nacen cuando un herrero golpea hierro caliente y pequeños fragmentos se desprenden durante el trabajo. Dawson defendió en Island Free Press que la concentración formaba parte de un taller mantenido durante años porque una fragua exigía una instalación estable.
Horton declaró al Daily Mail que aquellas escamas probaban la presencia de ingleses que trabajaron metal entre los croatoanos. “Las escamas de martillo muestran que colonos ingleses vivieron entre los croatoanos en Hatteras y acabaron integrados en su comunidad”, dijo. La interpretación encaja con otros utensilios modificados como alambres convertidos en anzuelos o piezas de armas reutilizadas ante la imposibilidad de recibir repuestos.
La lectura arqueológica conserva límites importantes que impiden presentar el caso de Roanoke como definitivamente resuelto por ahora. Whitney Leeson, profesora de Historia y Antropología de Roanoke College, considera arriesgado deducir una integración completa a partir de esas partículas porque esperaría encontrar carbón y escoria propios de una fragua.
Por otra parte, Charles Ewen, profesor emérito de Antropología de East Carolina University y coautor de Becoming the Lost Colony, plantea que ciertos objetos europeos pudieron llegar mediante intercambios con barcos de paso: “No veo ninguna prueba de que hubiera europeos viviendo allí”. Ewen recuerda además que la investigación todavía carece de publicación revisada por especialistas y reclama restos de construcciones europeas o un cementerio cristiano.
John White nunca pudo comprobar el traslado hasta Croatoan
Las inscripciones halladas por White encajan con un acuerdo previo entre el gobernador y los colonos. Debían señalar el lugar al que se trasladaban y añadir una marca si la salida había ocurrido bajo amenaza. La ausencia de ese signo llevó al propio White a creer que habían partido hacia Croatoan con tiempo suficiente para organizarse. Intentó navegar hasta allí pero una tormenta dañó los barcos y obligó a la expedición a regresar a Inglaterra.
La hipótesis de Hatteras es la que reúne más indicios hasta ahora porque encaja con las palabras talladas que encontró John White, la buena relación que los colonos mantenían con los indígenas de esa isla y los numerosos hallazgos arqueológicos descubiertos allí durante las últimas décadas. Aun así, ninguno de esos elementos demuestra por sí solo qué ocurrió exactamente con todos los habitantes de Roanoke.
Durante años también cobró fuerza otra teoría basada en las llamadas Dare Stones, unas piedras atribuidas a Eleanor Dare que supuestamente relataban el destino de la colonia. Sin embargo, la mayoría fueron consideradas falsificaciones y solo una conserva cierto respaldo entre algunos especialistas.
Las investigaciones recientes han reducido las posibles explicaciones, pero todavía no existe una prueba definitiva que permita confirmar qué ocurrió con cada uno de los colonos. Por eso, la empalizada vacía que encontró White sigue marcando el inicio de uno de los mayores misterios de la historia colonial inglesa en América.