Utopías 52: Ceuta
La cuestión de humanidad que se originó en Ceuta el pasado 30 de julio, cuando 80.000 personas se abalanzaron sobre la frontera de Marruecos con España y entraron en nuestro país ha degenerado hasta tal punto que hoy 26 de agosto es una grave crisis de gobierno con repercusiones directas en toda la ciudadanía, especialmente en los vecinos de Ceuta y en los extranjeros que pululan por sus calles, sin que quienes están en la obligación de hacerlo les den un techo habitacional y tres comidas al día. Las dos cosas, el alojamiento y la alimentación, España lo puede proporcionar sin ningún esfuerzo económico. Una vez alojados con los mayores se puede proceder a todo lo demás a la identificación, al país de procedencia, a la situación de cada uno de ellos y a poner en marcha los trámites de repatriación o de asilo, si las causas por las que han pasado a España son políticas o de guerra en sus territorios de origen.
En cuanto a los niños, esos menores 26 días después tenían que estar ya en territorio peninsular. Alojados en internados, jugando en patios y calles, comiendo cinco veces al día e incluso recibiendo clases de alfabetización. En España hay edificios que fueron grandes colegios con grandes internados que con muy poco acondicionamiento podrían recibir a esos menores. Hay ONGs y Asociaciones de voluntarios que están esperando a que les digan cuando pueden empezar.
Ya sé que esta medida la rechazan de lleno muchas instituciones y colectivos sociales. No he dicho que sea algo definitivo. Sí me gustaría que fuese una solución transitoria. También estoy convencida de que entre andar sin rumbo por las calles y tener una cama y un techo en el que descansar la diferencia es enorme, además el trabajo de los funcionarios sería más fácil y rápido. Ni que decir tiene que cuando la emergencia apremia, los trámites se agilizan. Si los gobiernos no lo hacen es porque no saben hacerlo, porque no tienen ni idea, porque sus asesores son teóricos de mucho máster y poco oficio.
Hasta aquí la cuestión de humanidad. En cuanto a la crisis de gobierno… Esa no tiene nombre, ni apellidos. Los ministros Robles y Marlaska ofreciendo versiones contrarias del mismo hecho. ¡Por favor!. Alguno de los dos está mintiendo. ¿Qué actuación política es esa?: es una actuación chapucera. Que el presidente Pedro Sánchez vaya a comparecer en el Congreso el 3 de septiembre es vergonzoso y que la gran Europa con su presidenta Ursula Von der Leyen al frente sean tan cobardes es para sentir vergüenza. Del rey de Marruecos, de su Gobierno y de su gran aliado EEUU, resaltar su coherencia: actúan como piensan.
Hasta aquí he escrito con las tripas. Es verdad. También con la razón. Esta última me ampara. Ahora voy con la solución política: Pedro Sánchez tiene que dimitir ya. No tiene que convocar elecciones. Sí dejar que la presidencia la asuma otra persona: Carlos Cuerpo, vicepresidente primero, Sara Aagesen, vicepresidenta tercera… Cualquiera de los dos haría un buen trabajo. Son jóvenes y están preparados y capacitados. Para que esto se consiga el PSOE tiene que dar grandes muestras de generosidad y aceptar que ahora mismo el gobierno de Sánchez y el partido que fundó Pablo Iglesias, están acorralados, sobrepasados y tan exhaustos que no pueden seguir así.
No soy partidaria de unas elecciones generales inmediatas porque la alternativa ultraderechista del PP y VOX me aterran. Me da tanto miedo el resurgimiento del nazismo que, en español castizo, sigue siendo franquismo, que aludiendo a la Utopía de esta columna abogo por unos meses de transición hasta las elecciones generales. En la esperanza de que encontremos o encuentren una solución a tanto despropósito.
Sé que mi amiga Tere Alonso estaría de acuerdo con el final de esta Utopía. Lo anterior lo habría dicho con la elegancia que le ha caracterizado. En lo esencial, sobre todo en lo político, siempre hemos estado de acuerdo. En la expresión verbal, hemos sido el día y la noche. Y durante este verano hemos tenido ocasión de hablarlo.
¡Va por ti, Tere!. Un beso enorme. Hasta siempre.
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