Construida durante el siglo XVIII, esta es la imponente masía barcelonesa en la que pasó sus últimos días Jacint Verdaguer
En la barcelonesa sierra de Collserola, un curioso viajero puede visitar una antigua masía conocida hoy como Vil·la Joana. Aunque existen evidencias de un sustrato bajomedieval del siglo XV y documentación que data del siglo XVI, el edificio actual corresponde principalmente a una estructura del siglo XVII. A lo largo de los años, este espacio situado en la parroquia de Vallvidrera ha logrado sobrevivir al paso del tiempo bajo el abrigo del parque natural. Su historia es una sucesión de épocas y etapas que comenzó como el Mas Ferrer, especializándose en la viticultura durante el próspero siglo XVIII. Fue en ese periodo cuando la masía consolidó su carácter agrícola antes de sufrir las grandes transformaciones del siglo XIX.
Actualmente, se alza en la carretera de la Església, rodeada de una naturaleza que parece detener el tiempo en los límites de Barcelona. Su arquitectura actual, aunque arraigada en el pasado, refleja las reformas que la convirtieron en una quinta de recreo. Es un edificio que narra la evolución de la vida rural catalana hacia la modernidad residencial de las élites. La fisonomía que hoy admiramos se debe a la familia Miralles, quienes adquirieron la propiedad en el siglo XIX para convertirla en la mencionada quinta de recreo. Bajo un estilo neoclásico, reformaron la masía añadiendo galerías laterales y una elegante torre mirador que corona la estructura original. Un elemento distintivo de su fachada principal es el reloj de sol donde todavía puede leerse la inscripción “Quinta Joana” junto a un campanario.
El edificio consta de una planta baja y dos pisos con cubierta a dos aguas, manteniendo su esencia de planta basilical original pese a las reformas. Esta transformación convirtió una explotación rural en una residencia señorial destinada al descanso estival de la burguesía de Sarrià. La intervención arquitectónica dotó al conjunto de una solemnidad que la diferencia de otras masías catalanas de la zona. Es este entorno el que atrajo a una de las grandes figuras de la literatura de Catalunya, Jacint Verdaguer, que buscó allí un último y necesario descanso espiritual. Los Miralles, amigos cercanos del escritor, transformaron su hogar en un sanatorio improvisado para el ilustre huésped.
Verdaguer, el máximo exponente de la Renaixença, llegó a Vil·la Joana el 17 de mayo de 1902 buscando alivio para su avanzada tuberculosis. El poeta escogió este emplazamiento por su ubicación privilegiada en plena naturaleza y por su estrecha amistad con el propietario, Ramon Miralles. En aquel entonces ya era una figura venerada, pero se encontraba distanciado de las élites tras sus duros enfrentamientos con el obispado. Su llegada a Vallvidrera supuso un retiro íntimo en un ambiente sereno que reforzaba su conexión con la tierra y la espiritualidad. Aquejado por la enfermedad, el autor de obras maestras como ‘L'Atlàntida’ y ‘Canigó’ buscaba en el aire puro de la montaña un milagro. Verdaguer, gran conocedor de la flora catalana, encontró en la vegetación de Collserola una fuente de inspiración final antes de su fallecimiento. La masía se preparó así para albergar los últimos suspiros de un hombre que había dignificado la lengua catalana.
La estancia del poeta fue breve pero trascendental, ya que murió en una de las habitaciones de la casa el 10 de junio de 1902, pero ese tiempo bastó para ligar eternamente el nombre de la masía a su memoria. Su fallecimiento golpeó profundamente a toda la sociedad catalana, que salió en masa a las calles para rendirle un último tributo. El entierro de Verdaguer se convirtió en el acto más multitudinario recordado hasta ese momento en la ciudad de Barcelona. Desde el mismo instante de su muerte, la casa fue considerada un lugar de memoria, preservando intactos los espacios que ocupó. El oratorio, el despacho y su cama de muerte se mantuvieron como reliquias de una trayectoria literaria y personal inigualable. Aquel 1902 marcó el fin de una vida, pero inició la mitificación de un espacio que hoy sigue siendo un referente. La masía ya no sería recordada solo por su arquitectura, sino por ser el santuario del gran maestro de la palabra.
Tras la muerte del poeta, el ayuntamiento de la capital catalana compró la finca a la familia Miralles en 1920 para darle un nuevo uso. En 1921, el edificio fue transformado en una escuela de educación especial que resultó ser pionera en toda Europa. Este innovador proyecto, basado en el método Montessori, atendía a niños con discapacidades intelectuales, ceguera y sordera de forma integral. Además de la parte pedagógica, Vil·la Joana albergó un laboratorio científico dedicado a la investigación en psicología, psiquiatría y otorrinolaringología. Profesionales de gran prestigio, como el doctor Pere Barnils, colaboraron en este centro que incluía talleres y musicoterapia. Durante décadas, hasta 1973, las aulas convivieron con el recuerdo del poeta, creando un vínculo único entre educación y literatura.
De masía a museo
Aquella fue una etapa donde la masía se llenó de vida y esperanza para los colectivos más vulnerables de la ciudad condal. El proceso de convertir la masía en un museo comenzó formalmente en 1963, cuando se dedicaron algunas estancias a la vida de Verdaguer. Sin embargo, no fue hasta las intervenciones arqueológicas y arquitectónicas de 2014 y 2015 cuando el edificio recuperó todo su esplendor. Esta rehabilitación fue compleja debido a que la estructura se encontraba en una situación de ruina técnica al carecer de cimientos. Pero se logró estabilizar la superposición de las masías de los siglos XV y XVII y hoy el espacio forma parte de la red patrimonial del Museo de Historia de Barcelona como Casa Verdaguer de la Literatura.
El objetivo fue trascender la biografía del autor para explicar el papel de Barcelona como motor de creación literaria. Así, Vil·la Joana se reinventó como un centro de difusión de la palabra reconocido internacionalmente por la UNESCO. La museografía actual huye de la simple decoración y apuesta por un itinerario que conecta la historia de la casa con la literatura. En sus salas, los visitantes pueden contemplar una nube de palabras donde destacan conceptos como ‘Amor’ o ‘Sant’, recurrentes en su obra. El recorrido transita por el dormitorio situado en la galería, la mesa de escribir y los objetos personales del autor. No se trata solo de un memorial, sino de un espacio que explora cómo la literatura ha retratado las distintas Barcelonas históricas. El segundo piso se ha destinado a la investigación y el estudio, acogiendo seminarios, másteres y talleres para grupos reducidos. La casa invita a los ciudadanos a participar en un ambiente de cultura popular que integra diversas disciplinas y formatos. Cada rincón del museo tiene un sentido profundo que busca transmitir el fenómeno de la experiencia literaria universal.