Esta es la Barcelona que narra David Uclés en 'La ciudad de las luces muertas'

Barrio Gótico de Barcelona

Adrián Roque

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Hay ciudades que cambian con el tiempo y otras que parecen acumularlo todo al mismo tiempo bajo sus calles, sus plazas y sus edificios, y eso es precisamente lo que convierte Barcelona en el escenario perfecto para la nueva novela de David UclésLa ciudad de las luces muertas, una historia donde la capital catalana deja de obedecer las reglas del tiempo y se transforma en una especie de territorio imposible donde conviven todas las épocas de la ciudad a la vez.

La premisa parte de un gran apagón en la Barcelona de posguerra. Una joven provoca accidentalmente un fenómeno que deja la ciudad completamente a oscuras, desapareciendo tanto la luz artificial como la solar. Solo permanecen el fuego y una claridad extraña cuyo origen nadie consigue explicar. A partir de ahí, las distintas Barcelonas que han existido empiezan a mezclarse unas con otras: reaparecen edificios desaparecidos, surgen construcciones del futuro y las calles dejan de pertenecer a una única época.

David Uclés

Siete Barcelonas superpuestas como castillos de naipes

Dentro de ese caos temporal, Uclés -a través de Salvador Dalí, contándole a sus camaradas en el restaurant 4 Gats su hipótesis- define Barcelona como siete castillos de naipes que se entremezclan entre sí, una imagen que sirve para entender bastante bien cómo funciona la novela. No existe una única ciudad, sino varias Barcelonas superpuestas, chocando constantemente entre ellas y compartiendo el mismo espacio durante esa noche eterna donde el tiempo deja de tener sentido.

Eso provoca situaciones tan extrañas como ver cómo la plaza de Francesc Macià recupera de golpe otros nombres que tuvo en distintas etapas históricas, pasando a coexistir simultáneamente con las denominaciones de Calvo Sotelo, Germans Badia y Alcalá Zamora. La ciudad se convierte así en una especie de mapa emocional e histórico donde todas sus identidades políticas, culturales y urbanísticas aparecen a la vez, sin posibilidad de separarse.

La gran particularidad de la novela está en cómo mezcla también figuras históricas y culturales que jamás podrían haberse encontrado en la realidad. En esa Barcelona alterada por el apagón aparecen personajes como Salvador Dalí, Antoni Gaudí, Joan Miró, Carmen Laforet o Mercè Rodoreda, coexistiendo dentro de una misma ciudad suspendida en el tiempo.

La novela juega precisamente con esos encuentros imposibles. Tal cual narra en su contraportada -para no hacer spoilers-, encontraremos cómo Pablo Picasso hace llorar a Simone Weil; Julio Cortázarretrata a Laforet; Gaudí barniza literalmente a los transeúntes; Roberto Bolaño se adelanta a su propia muerte; y Gabriel García Márquez huye en una barca mientras George Orwell protege de los proyectiles de la guerra a figuras como Montserrat Caballé, Núria Espert o Jordi Savall.

Una ciudad construida desde la memoria y la imaginación

Más allá de la fantasía o del componente casi surrealista, la novela parece utilizar Barcelona como una gran metáfora sobre la memoria y sobre todas las capas históricas que siguen coexistiendo dentro de la ciudad actual. La Barcelona burguesa, la republicana, la franquista, la olímpica o la contemporánea aparecen mezcladas dentro de un mismo escenario donde los edificios cambian, los nombres fluctúan y las épocas se pisan unas a otras constantemente.

En ese sentido, la ciudad no funciona únicamente como escenario, sino casi como protagonista absoluta de la historia, una Barcelona que parece incapaz de desprenderse del todo de ninguna de sus vidas anteriores.

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