Construido en el siglo XVIII con forma de U, este palacio fue regalado a Sissi y es uno de los monumentos más grandes de este país
A solo 35 kilómetros al este de Budapest se levanta el monumental Palacio de GödöllÅ, considerado el edificio barroco más grande de toda Hungría. Construida en el siglo XVIII, esta joya arquitectónica destaca por su singular planta en forma de U, integrada por ocho alas simétricas de tono ocre. Su diseño grandioso abrazaba un patio ceremonial rodeado por elegantes salas, concebidas para impresionar a los visitantes y reflejar el poder aristocrático. El recinto no solo albergó la alta política imperial, sino también un universo autosuficiente que transformó para siempre el paisaje cultural de la región.
Los orígenes del palacio se remontan a 1735, cuando el noble Antal Grassalkovich I ordenó su edificación al afamado arquitecto austríaco András Mayerhoffer. Grassalkovich, personaje influyente y hombre de confianza de María Teresa, levantó una corte en miniatura que disponía de iglesia propia, orangerie y picadero. Además, el complejo incluyó un extraordinario teatro barroco, conservado hasta hoy como una de las escasas joyas escénicas del siglo XVIII en el continente europeo. A lo largo de tres generaciones, la familia volcó su fortuna en ampliar la finca, consolidando un modelo arquitectónico imitado por la nobleza de toda la nación.
Tras la extinción de la dinastía Grassalkovich en 1841, el palacio atravesó años de incertidumbre hasta que el Compromiso Austrohúngaro de 1867 cambió su destino. Buscando una residencia digna para los nuevos reyes, el Estado húngaro adquirió la propiedad y se la regaló a Francisco José I y a la emperatriz Isabel. Aquel obsequio de coronación tenía un trasfondo político de enorme trascendencia, pues simbolizaba el deseo de estrechar los lazos entre la corona y la nación. GödöllÅ se convirtió así en la residencia oficial de verano de los soberanos, marcando el inicio de una época dorada ligada estrechamente a la realeza.
Para la emperatriz Sissi, el palacio representó un refugio único de libertad donde podía escapar de la rigidez y las ataduras del protocolo cortesano de Viena. Allí hablaba húngaro con fluidez, vestía trajes tradicionales y paseaba sin escolta por los extensos jardines que rodeaban las 136 habitaciones. Apasionada de la equitación, mandó construir un manège circular equipado con espejos para perfeccionar su adiestramiento húngaro mientras escuchaba música al piano. Aquel ambiente relajado convirtió a GödöllÅ en su hogar preferido en el reino, dejando una huella imborrable que aún perdura en la memoria de los habitantes.
El convulso siglo XX trajo consigo momentos oscuros para la majestuosa residencia, afectando seriamente su estructura original y sus refinadas colecciones de arte. Entre las dos guerras mundiales, el palacio sirvió como residencia estival del regente Miklós Horthy, período durante el cual se construyó un búnker subterráneo. Durante la Segunda Guerra Mundial, tropas alemanas y soviéticas saquearon el lugar, destruyendo objetos históricos de valor incalculable tras la ocupación militar. Posteriormente, el complejo albergó cuarteles y se convirtió en un asilo de ancianos, sufriendo un deterioro progresivo que puso en riesgo la supervivencia del templo.
Restaurado y protegido
La salvación de la finca comenzó en 1981 con la declaración de protección histórica, dando paso a un ambicioso programa de restauración estructural a mediados de década. Especialistas recuperaron paulatinamente los techos, las fachadas de color ocre y las habitaciones del primer piso, vestidas nuevamente según el estilo de los años 1880. En 1998, las 26 hectáreas del parque inglés fueron declaradas reserva natural, garantizando la preservación de su entorno ambiental frente al avance urbano. Obras posteriores rehabilitaron el teatro barroco, el pabellón y las alas reales, devolviendo al edificio el esplendor que ostentaba durante su época de gloria.
En la actualidad, el Palacio de GödöllÅ resplandece como un museo de referencia mundial que atrae a miles de visitantes deseosos de descubrir sus estancias históricas. Los recorridos guiados permiten contemplar los aposentos de Sissi decorados en malva, la majestuosa escalinata rococó, la capilla privada y las históricas caballerizas. Asimismo, se celebran espectáculos ecuestres que rinden homenaje a las tradiciones de la Gran Llanura húngara, manteniendo viva la pasión de la reina por los caballos. Este majestuoso símbolo del patrimonio húngaro preserva el legado de los Habsburgo, ofreciendo una fascinante ventana al esplendor barroco de la Europa Central.