Culpable de intentar asesinar a Abraham Lincoln, fue la primera mujer ejecutada por el gobierno de Estados Unidos
El 7 de julio de 1865, cuatro presos fueron conducidos por el patio de la Penitenciaría del Antiguo Arsenal, una prisión militar y civil ubicada a las afueras de Washington D. C., rodeados de miles de personas. Escoltados por el general John F. Hartranft, los presos fueron atados de pies y manos y, en apenas unos minutos, sus cuerpos colgaban sin vida de la horca.
Los protagonistas de esta historia se llamaban Lewis Powell, David Herold, George Atzerodt y Mary Surratt, quienes habían sido acusados de ser cómplices del actor estadounidense John Wilkes Booth. Este había asesinado a Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de Estados Unidos, apenas unos meses antes, en abril de ese mismo año, en el teatro Ford ubicado en la capital del país.
Si bien Powell, Herold y Atzerodt estuvieron sin duda involucrados en la planificación del asesinato del mandatario, la participación de Surratt estuvo mucho menos clara, y sigue siendo objeto de debate más de 160 años después. Nacida en el estado de Maryland, Surratt pasó a la historia como la primera mujer que fue ejecutada por el Gobierno federal de Estados Unidos.
La historia de la mujer a la que declararon culpable
Mary Surratt nació en 1823 en el seno de una familia esclavista. A los 17 años, se casó con John Harrison Surratt, y juntos se hicieron propietarios de una granja y una taberna, donde también tenían a varias personas esclavizadas trabajando para ellos. En abril de 1861 estalló la guerra civil y aunque Maryland permaneció dentro de la Unión, los Surratt, como muchos de los ciudadanos de allí, simpatizaban con la Confederación.
Tras la muerte de su marido, Mary se mudó a una pequeña casa adosada que había heredado en Washington D.C., y convirtió la planta superior en una pequeña pensión que podía alquilar. En aquella época, su hijo John se hizo muy amigo de un actor sureño llamado John Wilkes Booth, y los dos se reunían a menudo en la pensión. Con el tiempo, aquel lugar ubicado a menos de un kilómetro de la Casa Blanca se convirtió en un refugio para agentes y espías confederados.
De hecho, fue allí donde John Wilkes y sus cómplices comenzaron a trazar el plan, primero para secuestrar a Abraham Lincoln, y luego para asesinarlo. Una vez detenida, Mary negó tener conocimiento de lo que estaba ocurriendo, aunque la fiscalía sostuvo que la mujer permitió que los conspiradores se reunieran en su pensión, y la acusaron de haber pedido al encargado de su taberna que tuviera lista unas armas el mismo día del asesinato del presiente.
Ella defendió en todo momento su inocencia, pero sirvió de poco, porque acabó condenada a morir en la horca como el resto de cómplices. Tras la ejecución, muchos estadounidenses cuestionaron si el veredicto había sido justo. De hecho, desde que ocurrió este episodio, la participación de Mary Surratt en el complot de asesinato ha sido puesta en tela de juicio en múltiples ocasiones.