Pocos nombres geográficos despiertan tanta curiosidad como el del Mar Rojo. Situado entre África y Asia, al oeste de la península arábiga y conectado por el sur con el Océano Índico, este mar es clave para el comercio mundial, la historia antigua y la geopolítica actual. Pero su nombre sigue generando una pregunta recurrente: ¿por qué se llama así si sus aguas no son rojas?
La respuesta corta es que no hay una sola explicación. El origen del nombre del Mar Rojo es un cruce fascinante de ciencia, religión, traducciones dudosas y antiguas formas de entender el mundo. Y todas tienen algo de lógica.
Una de las teorías más aceptadas tiene base científica. En determinadas épocas del año, en la superficie del Mar Rojo aparecen proliferaciones de una cianobacteria llamada Trichodesmium erythraeum. Este microorganismo, de tonalidad rojiza, puede teñir el agua de un color ocre o rojizo visible desde la superficie.
Este fenómeno no es permanente, pero sí lo bastante llamativo como para haber impresionado a navegantes y pueblos antiguos. De ahí que, para muchos expertos, esta sea una de las explicaciones más plausibles al porqué del Mar Rojo. No porque el mar sea rojo siempre, sino porque en ocasiones lo parece.
El relato bíblico y la sangre en el agua
Otra explicación hunde sus raíces en la tradición judeocristiana. El cruce del Mar Rojo es uno de los episodios más conocidos del Éxodo. Según el relato bíblico, Moisés separó las aguas para permitir la huida del pueblo israelita, mientras el ejército egipcio murió al cerrarse el mar sobre ellos.
La interpretación simbólica apunta a que la sangre de los egipcios habría teñido las aguas de rojo. Desde un punto de vista histórico, esta explicación no se sostiene como origen real del nombre, pero sí ha influido enormemente en el imaginario colectivo y en la consolidación del término Mar Rojo en la cultura occidental.
¿Y si todo fue un error de traducción?
Aquí el asunto se vuelve especialmente interesante. Algunos estudiosos sostienen que el nombre podría deberse a un problema lingüístico. En hebreo antiguo aparece el término Yam Suf, que durante siglos se tradujo como Mar Rojo, cuando en realidad podría significar Mar de los Juncos o incluso Mar de las Algas.
La confusión entre “reed” (junco) y “red” (rojo) en traducciones posteriores habría hecho el resto. Además, existe otra hipótesis lingüística relacionada con Edom, una región cercana cuyo nombre en hebreo significa precisamente “rojo”. De ahí que el origen del nombre del Mar Rojo pueda no tener nada que ver con el color del agua, sino con un contexto geográfico y semántico mal interpretado.
Colores para orientarse en el mundo antiguo
Otra teoría apunta a cómo los pueblos antiguos entendían el espacio. En algunas culturas de Oriente Próximo, los colores servían para marcar los puntos cardinales. El rojo representaba el sur y el negro el norte.
Desde esta perspectiva, el Mar Rojo sería simplemente “el mar del sur”, del mismo modo que el mar Negro se situaba al norte de esos mismos pueblos. Esta explicación refuerza la idea de que el nombre responde más a una convención cultural que a una característica física del mar.
El paisaje como espejo
Por último, hay teorías más visuales que no deben descartarse del todo. El Mar Rojo está rodeado en muchos tramos por montañas y acantilados de tonos rojizos. En determinadas horas del día, especialmente al atardecer, el reflejo del sol sobre estas formaciones puede dar al agua un color cálido, casi rojo.
No sería la primera vez que un accidente geográfico recibe su nombre por lo que el ojo humano cree ver, más que por una realidad constante.
Así que, cuando alguien se pregunta por qué se llama Mar Rojo, la respuesta correcta no es una sola, sino varias. Puede que haya algo de ciencia, algo de mito, algo de error y algo de paisaje. El Mar Rojo es, en ese sentido, un buen recordatorio de que muchos nombres que damos por obvios son el resultado de siglos de interpretación humana.
Y quizá por eso sigue fascinando: porque su nombre, como su historia, nunca ha sido del todo transparente.