Estonia, Letonia y Lituania: el curioso motivo histórico del por qué estos tres países bálticos tienen nombres tan parecidos

Para quien mira el mapa de Europa desde lejos, EstoniaLetonia y Lituania parecen casi una trilogía inevitable. Comparten costa, pasado soviético y una sonoridad que lleva a pensar que todo responde a una misma raíz histórica. Sin embargo, basta rascar un poco para descubrir que ese parecido en el nombre es más engañoso que real. Los países bálticos no forman un bloque homogéneo ni desde el punto de vista lingüístico ni desde el histórico.

De hecho, entender el origen de los países bálticos obliga a separar claramente a Estonia de Letonia y Lituania, aunque hoy aparezcan agrupados bajo una misma etiqueta geográfica.

Estonia: un nombre y una lengua que van por otro camino

El caso de Estonia es el más claro para desmontar la idea de un origen común. El nombre procede de los aesti, una tribu antigua asociada al ámbito finno-urálico. No tiene nada que ver con las lenguas bálticas ni con el indoeuropeo. De hecho, el estonio pertenece al mismo grupo lingüístico que el finés y, más lejanamente, el lapón.

Por eso, cuando se habla de la lengua estonia, se está hablando de un idioma urálico, no indoeuropeo. Esto convierte a Estonia en una excepción dentro de los países bálticos, ya que cultural y lingüísticamente mira más hacia el norte que hacia el sur. Incluso el propio término “finés” procede de una etimología germánica relacionada con la idea de “cazador”, lo que subraya aún más esta diferencia de raíces.

Así, aunque Estonia comparta historia reciente con sus vecinos, su nombre y su lengua cuentan otra historia completamente distinta.

Letonia y Lituania: el peso de las lenguas bálticas

La similitud entre Letonia y Lituania sí tiene una explicación común. Ambas pertenecen al ámbito de las lenguas bálticas, una rama del indoeuropeo con vínculos muy antiguos. En este caso, el parecido fonético no es casual, sino fruto de una raíz compartida.

Los nombres derivan de una raíz báltica reconstruida como lat- o lat-ui-, relacionada con la idea de “orilla” o “ribera”. De ahí proceden términos como latviesu —una forma autóctona de referirse a lo letón— o nombres de antiguas tribus como los latgalios. Esa misma raíz se emparenta con litus, “orilla” en latín, lo que refuerza la idea de territorio vinculado a ríos y costas.

Desde este punto de vista, Letonia y Lituania podrían entenderse como “países de orillas” o “países de ríos”, una denominación que encaja con su geografía y con la forma en que esas comunidades se identificaban.

Antes de ser países: tribus y nombres colectivos

Otro elemento clave para entender el origen de los países bálticos es que ni Letonia ni Lituania existieron siempre como unidades políticas. Durante siglos, el territorio estuvo dividido en múltiples entidades tribales, con nombres propios y estructuras independientes.

Curiosamente, el nombre colectivo que algunos de estos pueblos se daban a sí mismos era el de getes o getai. Es decir, el uso de “Letonia” y “Lituania” como denominaciones consolidadas es relativamente tardío. La historia de los países bálticos es, en gran medida, la historia de cómo identidades dispersas fueron agrupándose bajo nombres comunes.

Las lenguas bálticas, además, están emparentadas con idiomas hoy desaparecidos como el tracio y el dacio, hablados en regiones de los Balcanes. Ese parentesco refuerza la idea de una antigüedad profunda, muy anterior a los estados modernos.

Tres países, una apariencia engañosa

Entonces, ¿por qué suenan tan parecidos los nombres de EstoniaLetonia y Lituania? En parte por geografía, en parte por tradición académica y política, y en parte por una simplificación moderna que agrupa realidades muy distintas bajo el paraguas de los países bálticos.

Pero la realidad es clara: Estonia es lingüísticamente urálica; Letonia y Lituania, indoeuropeas. La lengua estonia no tiene parentesco con las lenguas bálticas, y el parecido entre Letonia y Lituania responde a raíces antiguas vinculadas a ríos y orillas, no a una identidad común moderna.

Entender esta diferencia no es un detalle erudito. Es una forma de comprender que Europa está llena de aparentes similitudes que, al mirarlas de cerca, revelan historias profundamente distintas. Y en el caso del origen de los países bálticos, esa diferencia lo explica casi todo.