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Amaya Fernández

Secretaria general del Partido Popular del País Vasco

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La torre de babel del PNV

En Euskadi hace años que la ciudadanía empieza a comprobar que el manido oasis vasco defendido por el independentismo liderado por el PNV no es más que un espejismo convincente construido sobre la base de una propaganda que ya no cuela. Para muestra, un botón. Y para botón, la Torre BBVA ahora bautizada como Torre Bizkaia, el proyecto estrella del PNV en su territorio talismán, se ha convertido un amargo jarabe para un nacionalismo abonado a aquello de “todo depende de cómo vemos las cosas, no de cómo son en realidad”. La frase es de Carl Gustav Jung, fundador de la psicología analítica, también conocida como la psicología de los complejos, pero bien podría haber sido acuñada por el presidente del PNV Andoni Ortuzar, por el lehendakari Iñigo Urkullu o por el diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria.

Euskadi ya no es lo que era. Los datos dan cuenta de que el ritmo de destrucción de empleo es mayor que el del conjunto de España y de que más del 90% de los nuevos parados vascos son mujeres. También muestran que la precariedad laboral es ya estructural en Euskadi, pues sólo 1 de cada 10 contratos que se firmaron en enero fueron indefinidos. Muestran, en definitiva, que estamos empezando a notar las consecuencias de las políticas de partidos como el PSOE y Podemos, formaciones que el PNV no sólo ha colocado en La Moncloa, sino que ha convertido en socios prioritarios en Euskadi.

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El legado de Ordóñez

Cuando Javier Ordóñez Iribar, hijo de Gregorio Ordóñez, concedió por primera vez una entrevista dio testimonio de cómo ETA le arrebató a su padre. Y dijo: “Los únicos recuerdos que tengo, desgraciadamente, son lo que me cuenta mi familia, las personas que le conocieron, lo que sale en los libros que pueden estar en cualquier casa o incluso en la Wikipedia. Yo no tengo más que eso”. Leer esas líneas me partió el corazón. 

25 años después del atroz asesinato de Gregorio Ordóñez, quienes vivimos los años más terribles del terrorismo en Euskadi guardamos un recuerdo imborrable de una figura política y social que fue capaz de liderar una revolución. Una revolución contra el miedo. Fue capaz de demostrar que un hombre con convicciones firmes y la voluntad de mejorar la vida de sus vecinos puede convertirse en un líder incuestionable para miles de personas. De izquierdas y de derechas. Nacionalistas y no nacionalistas. En 1995 Gregorio ya era un símbolo de servicio público que puso en jaque al independentismo más intolerante con palabras. La palabra frente al miedo. 

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La sangre como mérito en la universidad

Las calles de Euskadi se llenarían de gente protestando. Todos los partidos sin excepción enviarían a portavoces. Gobierno municipal, autonómico y nacional exigirían firmeza, entonarían reproches y hasta animarían a secundar las protestas. También se alzarían organizaciones de defensa de los derechos humanos. De aquí y del panorama internacional. Si un violador confeso y orgulloso de serlo cumpliese su pena en prisión y al salir de la cárcel una universidad pública le convirtiese en testimonio de autoridad y le abriese las puertas de un aulario para que diese una conferencia sobre cualquier cosa, cualquiera, las calles de Euskadi se llenarían de gente protestando. Pero cuando el ensalzado es un miembro de ETA todo cambia. 

Todo cambia cuando el enaltecido es Juan José Ramón López de Abetxuco, responsable de que ETA asesinase a tiros en Vitoria a Jesús Velasco cuando este llevaba a Begoña e Inés, dos de sus cuatro hijas, de 16 y 12 años, al colegio. Fue asesinado delante de las niñas. Todo cambia cuando el entronizado es Juan José Ramón López de Abetxuco, responsable de que ETA asesinase en Vitoria a Eugenio Lázaro de un tiro en la nuca. Todo cambia y la Universidad del País Vasco, la universidad de todos los vascos, cede sus instalaciones en Vitoria –sí, en Vitoria– para que estas sean utilizadas como trono y tribuna desde la que exhibir a etarras orgullosos de serlo ante decenas de jóvenes; jóvenes a los que la universidad empuja a la radicalización acercándoles a verdaderos indigentes morales y presentándoles como ejemplos de lucha. 

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La pose del lehendakari

El lehendakari Iñigo Urkullu ha aprovechado el auge del nacionalismo y del populismo de derechas a nivel nacional, sin representación en Euskadi, para proponer en el País Vasco un cordón sanitario en torno a VOX que sea capaz de proteger, dijo, la convivencia y a las nuevas generaciones de la radicalidad. Las palabras de Urkullu, pronunciadas desde el hemiciclo del Parlamento Vasco, llaman poderosamente la atención. Lo hacen porque con ellas el dirigente del PNV deja al descubierto las preocupantes contradicciones de su Gobierno, integrado también por el PSE, las de su partido y las suyas propias.

La propuesta del lehendakari llegó dos días después de que el PNV, el PSE y Podemos colocasen una alfombra roja en la Cámara vasca para que la izquierda abertzale, que sigue sin condenar el terrorismo, pudiese estar presente en el Día de la Memoria, un día que precisamente nació para deslegitimar el terrorismo. Y llegó en la antesala de una serie de reuniones bilaterales que el PNV prevé mantener con Bildu, la formación más radical de Europa, para pactar juntos los presupuestos vascos, la expresión en cifras de un proyecto político para Euskadi que el propio lehendakari también quiere acordar con Podemos, un partido de izquierda radical cuyo secretario general ha defendido que “ser demócrata es expropiar”, que “cualquier demócrata debería preguntarse si sería razonable que los presos de ETA deberían ir saliendo de la cárcel” o que “donde hay propiedad privada hay corrupción”.

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Somos el PP vasco

Hace unos días un buen amigo que no es precisamente del PP me dijo algo que me arrancó una sonrisa: “Si el PP vasco no existiera, habría que inventarlo”. Sonreí porque caí en la cuenta de que él había logrado sintetizar en una sola frase el espíritu de la convención que este fin de semana se celebrará en Vitoria, una convención en la que remarcaremos nuestro acento propio, que lo tenemos, y diremos alto y claro que sí es posible construir una alternativa constitucional vasca a un proyecto nacionalista que prefiere banderas a personas liderado por el PNV y consentido por el PSE. 

El PP vasco existe porque lo inventaron un grupo de semejantes y diferentes al mismo tiempo. Porque a partir de culturas políticas como la UCD, el Partido Demócrata Popular, AP, Unión Liberal o el CDS, se integraron en las filas del PP vasco destacadas figuras protagonistas de la Transición y del Estatuto de Gernika de 1979; un Estatuto que tiene su sentido en el marco de la Constitución española, que da validez y vigencia a los derechos históricos de los territorios vascos en virtud de su disposición adicional primera. 

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Toca hacer autocrítica

Tras la jornada del domingo toca hacer autocrítica y reconocer que no hemos sabido conectar con nuestro electorado, que ha sido y es el electorado de centro y moderado que busca opciones políticas centradas en la utilidad.

Formaciones como PSOE o PNV han planteado una campaña sentimental porque no les convenía hablar de paro, de economía, de Osakidetza, de Industria y, en definitiva, de problemas reales. Y nos hemos visto arrastrados, en lugar de buscar el centro político de la mano de políticas de utilidad, donde el PP es fuerte y marca la diferencia.

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Nuestros hijos no se lo merecen

Esta semana la actualidad viene marcada por unos actores que nunca deberían haber sido protagonistas de una noticia así. Nuestros hijos e hijas, sin si quiera saber por qué, se han convertido en intérpretes de un cuento que para sus padres comienza a tornarse en pesadilla. La huelga que afecta a la red concertada tiene un impacto claro: 120.000 alumnos y 9.000 docentes afectados. Esos son los números, pero detrás de esos números hay personas y familias que demandan, de una vez por todas, claridad y efectividad para zanjar un problema que debió atajarse hace años en Euskadi.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La Educación concertada en Euskadi representa al 50% de los alumnos. En Bizkaia el porcentaje de la red es incluso mayor. Con todo, y pese a que sin la concertada la red pública vasca no sería viable económicamente, la primera recibe 614 millones de euros menos al año que la segunda. O lo que es lo mismo, absorbe apenas el 34% de la financiación global, el coste por alumno es casi el doble en la pública que en la concertada y los profesores de la red concertada cobran menos por proporcionar el mismo servicio que sus compañeros de la red pública.

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Y los jóvenes vascos, ¿qué?

Hay quien define la política como la actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país. En ese contexto, es cierto que hay debates de alta política que afectan al desarrollo de Euskadi y que nos ocupan diariamente, nos embarran en discusiones interminables y colapsan los debates parlamentarios. Con todo, últimamente no dejo de pensar en que esa sociedad, ese país, también son los jóvenes vascos, jóvenes que parecen estar cada vez más desconectados de la política en gran medida porque quienes gobiernan Euskadi no sólo no atienden sus necesidades, sino que les invitan a sumarse a batallas identitarias que poco tienen que ver con mejorar su vida diaria.

El lehendakari Iñigo Urkullu y sus socios de Gobierno del PSE, junto con la plana mayor del PNV, sucumben hoy a la tentación de polarizar la vida política vasca en torno a la supuesta necesidad de reconstruir un Estatuto de Autonomía que es de lo poco que sigue uniendo a los vascos. Unos y otros lo hacen en un contexto en el que la opción a favor del actual Estatuto ha recuperado 23 puntos en los últimos años coincidiendo con el procés catalán y en el que quienes están conformes con el texto estatutario ascienden al 81%. Lo hacen justo cuando menos del 45% de los jóvenes vascos muestran interés por la política.

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Fractura social a la vista

En Euskadi ha costado mucho generar un contexto marcado por la estabilidad, por el respeto al diferente y por el respaldo ciudadano al nivel de autogobierno del que goza nuestra comunidad autónoma. Pero todo ello puede saltar por los aires si por mérito del nacionalismo o por demérito del constitucionalismo vasco se insufla oxígeno a quienes prefieren ahondar en lo que nos divide y no en lo que nos une.

Que los intereses de los vascos han quedado desvirtuados tras la llegada del PSOE a La Moncloa no es una sensación, es un hecho constatado en virtud de la primera reunión mantenida entre el nuevo presidente del Gobierno central y el lehendakari del Ejecutivo vasco, Iñigo Urkullu. En ella Urkullu marcó cuáles cree que son las cuestiones que roban el sueño de los vascos, cuestiones por tanto para él ineludibles en un primer encuentro entre el representante de todos los vascos y el nuevo presidente del Gobierno central: presos de ETA, reconocer la “realidad plurinacional” del Estado o la retirada de recursos de inconstitucionalidad que afecten a leyes de dudosa legalidad promovidas por el Parlamento Vasco.

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Ponencia de autogobierno, manzana envenenada

Preocupa el perfil bajo que algunos partidos vascos mantienen tras constatar cómo el PNV, a través de su última propuesta de ruptura estatutaria, ha radicalizado su discurso sentando las bases de un nuevo Plan Ibarretxe en Euskadi. Pero preocupa más aún que un partido constitucionalista que además es socio de gobierno del PNV asuma que el nacionalismo vasco cumplirá la legalidad cuando, de hecho, ya fundamenta su propuesta de Estatuto sobre la base de una contradicción insostenible: una “nación” vasca con “identidad propia” que mantenga una “relación bilateral” con el Estado en el marco de la Constitución Española. Insostenible.

Insostenible jurídicamente e insostenible políticamente en una Euskadi que conoce bien las consecuencias de aventuras rupturistas e identitarias. Tanto las conoce, que las rechaza de plano. Acertó la secretaria general del PSE cuando, en 2015 y en Barakaldo, mi ciudad natal, advirtió de que “el derecho a decidir no paga facturas ni hipotecas”. Aplaudí entonces aquel argumento. Aún lo hago. Pero precisamente porque lo hice y porque aún lo hago creo que ha llegado el momento de que todas las formaciones constitucionalistas desarmemos al nacionalismo de dos modos. Primero, abriendo la puerta a  la consecución de acuerdos que mejoren la vida de los vascos y que evidencien que el proyecto España garantiza la necesaria estabilidad y la cohesión social. Segundo, dando un portazo a cualquier atisbo de aventura secesionista, ruptura social o inestabilidad. Pese a que los constitucionalistas estamos de acuerdo en lo primero, parece que no del todo en lo segundo. Al menos no en los hechos.

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