Un estudio relaciona los rasgos de la Mona Lisa con una enfermedad desconocida en tiempos de Da Vinci

Héctor Farrés

20 de mayo de 2026 15:31 h

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Los médicos trabajaban durante años frente a pacientes que acumulaban dolor en el pecho, bultos bajo la piel o manchas amarillas alrededor de los ojos sin saber que todos esos signos pertenecían a la misma enfermedad. Muchas familias enterraban a padres o hermanos jóvenes después de infartos repetidos y nadie lograba explicar por qué el problema pasaba de una generación a otra.

La hipercolesterolemia familiar formaba parte de esa larga lista de trastornos que existían mucho antes de entrar en los libros de medicina. Algunas señales quedaban registradas en retratos, cartas o descripciones antiguas, aunque las personas de aquella época no podían relacionarlas con una alteración genética concreta. Ese vacío dejó rastros repartidos durante siglos y algunos terminaron dentro de obras famosas que millones de personas observan todavía hoy.

Las imágenes infrarrojas confirmaron marcas originales del lienzo

Un artículo publicado en Current Cardiology Reviews planteó que la Mona Lisa muestra señales compatibles con hipercolesterolemia familiar, según el trabajo firmado por Leiv Ose, médico del Rikshospitalet de Oslo, en 2008. El estudio señalaba dos marcas presentes en el cuadro de Leonardo da Vinci que coinciden con lesiones asociadas a niveles altos de colesterol.

Ose defendía que la pintura realizada en 1506 podría contener la primera representación conocida de esa enfermedad hereditaria, descrita por la medicina mucho tiempo después. El análisis también relacionaba la edad de Lisa Gherardini con el posible avance del trastorno y recordaba que murió con solo 37 años.

La atención del estudio se concentró en dos partes del cuerpo retratado. La primera aparece en el párpado superior izquierdo, donde se aprecia una mancha amarilla con aspecto irregular. La segunda se encuentra en la mano derecha y muestra una protuberancia suave situada bajo el dedo índice.

Una fotografía infrarroja publicada en 1974 permitió comprobar que ambas marcas formaban parte original del lienzo y no procedían del deterioro posterior de la pintura. Esa comprobación reforzó el interés médico por el cuadro conservado en el Museo del Louvre de París. Leonardo retrató a Madonna Lisa Maria de Gherardini cuando tenía entre 25 y 30 años, una etapa en la que esas lesiones resultan poco habituales fuera de algunos trastornos hereditarios.

Los especialistas relacionan la mancha del párpado con un xantelasma y el bulto de la mano con un xantoma o lipoma. Estas lesiones aparecen con frecuencia en personas que acumulan colesterol LDL en niveles muy altos desde edades tempranas. La hipercolesterolemia familiar se transmite mediante alteraciones genéticas que dificultan la eliminación del colesterol de la sangre, y esa acumulación aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares antes de los 40 años.

El cuadro no muestra otro signo habitual, el arco corneal alrededor del ojo, aunque el estudio señalaba que esa ausencia no invalida la hipótesis médica. Hoy se calcula que la forma heterocigota afecta aproximadamente a una de cada 200 o 500 personas, mientras la variante homocigota resulta mucho menos frecuente.

Leonardo estudió arterias y circulación durante décadas

Leonardo da Vinci mantenía un interés profundo por la anatomía y por el funcionamiento de la circulación sanguínea. El artículo recordaba que el artista estudió el movimiento de los fluidos y observó diferencias en el engrosamiento de las arterias entre personas jóvenes y mayores. También rechazó la idea de que la sangre envejecida se volviera más espesa con el tiempo, porque entendía que el cuerpo renovaba ese tejido de forma continua.

Sus observaciones unían anatomía, nutrición y estudio del flujo sanguíneo en una época muy alejada de la medicina moderna. Ese interés científico explica por qué algunos investigadores consideran que prestó atención a pequeños detalles físicos que otros pintores habrían ignorado.

El trabajo científico mencionaba además otro ejemplo relacionado con la historia del arte. Frans Hals pintó en 1663 el Retrato de una anciana, una obra donde aparecen lesiones parecidas en la mano de una mujer de 60 años. Los autores consideraban probable que aquella modelo padeciera también hipercolesterolemia familiar en su forma heterocigota. En ese caso no aparecían señales alrededor de los ojos, aunque los xantomas del dorso de la mano resultaban bastante claros para los especialistas actuales.

Carl Müller vinculó angina y colesterol durante 1937

La relación médica entre colesterol alto y enfermedades del corazón tardó siglos en consolidarse. Carl Müller identificó en 1937 varios pacientes con xantomas tuberosos y angina de pecho, y señaló que el colesterol elevado aparecía de forma repetida en esos casos.

Décadas después, Akira Endo inició en Japón una búsqueda de microorganismos capaces de bloquear una enzima implicada en la producción de colesterol. Después de analizar unas 6.000 cepas encontró compuestos activos en el hongo Penicillium citrinum y desarrolló la mevastatina. Más tarde llegaron otros medicamentos como la lovastatina, la simvastatina y la pravastatina, convertidos hoy en tratamientos habituales para millones de personas.

Leiv Ose defendía en su artículo que Leonardo dejó sobre el lienzo un registro médico involuntario mucho antes de que la enfermedad recibiera un nombre. La sonrisa de la Mona Lisa sigue atrayendo visitantes cada día, aunque algunos médicos ya miran antes el párpado izquierdo y la mano derecha que la expresión de su rostro.