De Casa Milà a La Pedrera: por qué casi nadie conoce por su nombre a uno de los edificios más emblemáticos de Gaudí

Atravesar Passeig de Gràcia no es tarea sencilla. Y no solo por la cantidad de gente que lo recorre cada día, muchos de ellos compradores atraídos por las tiendas de lujo que copan sus soportales. Tampoco es fácil moverse por el tráfico rodado, porque no hay que olvidar que esta enorme avenida es una de las principales arterías de la ciudad condal. 

También hay que lidiar con la cantidad de gente que acude para contemplar dos de las obras más importantes de Antoni Gaudí: Casa Batlló y Casa Milà, aunque pocos se refieren a esta última por su nombre, sino que se le conoce como La Pedrera. Un sobrenombre que se explica por los materiales empleados en la fachada. 

Un encargo del matrimonio Milà

La Casa Milà nunca fue concebida con el sobrenombre de La Pedrera. De hecho, esta construcción fue concebida como una enorme vivienda, un encargo del matrimonio Rosario Segimon y Pere Milà, una familia acomodada de la época y que quiso trasladar su residencia a Passeig de Gràcia.

La vivienda daba para mucho y para muchos inquilinos. Los primeros fueron amigos o conocidos de este matrimonio burgués. Según detalla la Fundació Catalunya La Pedrera, durante los primeros años, en el edificio vivieron ilustres como Paco Abadal, propietario de la marca de automóviles Abadal y Cía; el empresario textil Antoni Feliu Prat; o el príncipe egipcio Ibrahim Hassan. 

Una fachada controvertida

La Casa Milà nunca pasó desapercibida. Y uno de los motivos fue la fachada. Al terminar la construcción, su exterior generó controversia. Eso explica el mote que recibió de La Pedrera, porque algunos barceloneses se burlaban del aspecto extravagante y tétrico de su fachada principal, detallan desde el consistorio en su página web. 

A diferencia de otros edificios ideados por Gaudí, su fachada es sobria. Sin colores ni estridencias, pero tampoco son necesarios por la original forma en la que está colocada la piedra caliza que se escogió.

La elección, aunque generó la burla de algunos barceloneses, responde a que, en aquel momento, Gaudí estaba viviendo su etapa naturalista y su máxima plenitud creativa. El popular arquitecto catalán estipuló que la piedra se colocase de forma que recordase a la configuración orgánica de la naturaleza: sin rigidez y con todo tipo de volúmenes. 

Además de su controvertida fachada, la que le ha dado el sobrenombre de La Pedrera, otro elemento que destacan los especialistas de la vivienda es la terraza. Esta presenta decenas de chimeneas, que representan figuras de guerreros petrificados, formando una especie de jardín de esculturas al aire libre.