Mientras Europa seguía a Galeno, un médico iraquí escribió sobre el ojo y acabó cambiando la medicina occidental
La imagen que llega al cerebro depende de una materia blanda y húmeda que, a simple vista, parece incapaz de sostener nada estable. Esa condición define el proceso de visión, en el que una sustancia pequeña, viscosa y frágil permite captar la luz y transformarla en información reconocible.
El ojo funciona gracias a cavidades llenas de líquidos y tejidos delicados que reaccionan ante estímulos luminosos, de modo que cada capa cumple una tarea concreta dentro de un sistema muy ajustado. La aparente debilidad de esos elementos no impide que el conjunto actúe con precisión, porque cada parte interviene en una cadena de pasos que termina en el cerebro. Por eso el proceso de ver depende de estructuras que, fuera de ese entorno, no tendrían ninguna utilidad evidente.
Un estudio analiza textos antiguos sobre la visión
Un estudio publicado en Cogent Arts and Humanities, según recoge el trabajo firmado por Dalal H. Al-Zubi en la University of Sharjah, analiza los escritos de Hunayn Ibn Ishaq y muestra cómo sus tratados explican la anatomía del ojo y el funcionamiento de la visión con un nivel de detalle que influyó en la medicina posterior.
El trabajo examina un manuscrito en árabe titulado En el ojo, doscientas siete cuestiones, que amplía otras obras del mismo autor dedicadas a este órgano. En esos textos, el médico describe las capas del ojo y el papel del nervio óptico, además de explicar que solo una de las siete capas participa en la visión mientras las demás cumplen funciones de apoyo. El análisis también recoge que el cerebro dirige los movimientos oculares a través de ese nervio, lo que introduce una relación directa entre estructura y función.
Hunayn Ibn Ishaq, médico formado en Gundishapur y activo en Bagdad y Alejandría, trabajó durante décadas en la traducción de textos griegos al árabe. Dominaba varias lenguas y utilizaba un método en el que primero trasladaba los textos al siríaco y después los adaptaba al árabe con ayuda de su entorno cercano.
Ese trabajo permitió conservar escritos de Galeno e Hipócrates y también obras de filosofía y matemáticas. Además, redactó más de cien libros propios, entre ellos una introducción a la medicina galénica que se usó durante siglos en la enseñanza.
Sus libros incluyeron esquemas detallados del interior del ojo
Las descripciones anatómicas que aparecen en sus tratados se apoyan en dibujos que representan tanto la parte externa del ojo como su estructura interna. En uno de esos esquemas, el globo ocular aparece seccionado e insertado en la abertura de los párpados, con el nervio óptico orientado hacia arriba y el cristalino en el centro.
Otros diagramas detallan los músculos que mueven el ojo o la disposición de las capas internas, como la retina, la coroides o la esclera. También se describen los fluidos que llenan el interior, con comparaciones que los identifican por su aspecto, como el humor vítreo o el albuminoide.
Ese trabajo se desarrolló en un entorno que favorecía el intercambio de conocimiento. Bagdad se convirtió entre los siglos IX y XII en un centro cultural destacado, impulsado por los califas abasíes, y la Casa de la Sabiduría reunió textos de distintas tradiciones.
Allí se tradujeron obras de Grecia, India y Mesopotamia, lo que permitió integrar conocimientos diversos en un mismo espacio académico. Hunayn participó en ese movimiento y contribuyó a fijar una terminología médica en árabe que después se extendió a otros ámbitos.
Una obra sobre el ojo se perdió y se reconstruyó en 1928
El libro más importante sobre el ojo que escribió durante unos 30 años, conocido como Diez tratados sobre el ojo, desapareció durante siglos hasta que Max Meyerhof logró reconstruirlo en 1928. El historiador alemán utilizó dos manuscritos árabes incompletos y varias versiones latinas para recomponer el contenido original.
Uno de esos textos procedía de una copia realizada en 1156 y el otro de un ejemplar fechado en 1196, ambos derivados de una versión anterior. Esa reconstrucción permitió recuperar también algunos de los diagramas que acompañaban al texto.
La obra se organiza en varios tratados que abordan desde la constitución del ojo hasta las enfermedades y sus tratamientos. Los primeros capítulos describen la anatomía y el papel del cerebro en la visión, mientras que los siguientes se centran en las causas y los síntomas de las afecciones oculares. Los últimos apartados explican los remedios disponibles, con un enfoque que combina observación y conocimiento acumulado.
Sus escritos influyeron en la medicina europea durante siglos
El trabajo de Hunayn influyó en autores posteriores y sus escritos circularon durante siglos tanto en el mundo islámico como en Europa. Maamoun Saleh Abdulkarim, profesor de la University of Sharjah, explica que “Hunayn ibn Ishaq desempeñó un papel fundamental en la traducción de textos médicos griegos al árabe”. Por su parte, Mesut Idriz señala que “sus escritos y traducciones influyeron tanto en el mundo islámico como en la Europa medieval”.
Ese recorrido convirtió sus obras en un punto de apoyo para la enseñanza médica en universidades europeas, donde versiones latinas de sus textos se utilizaron durante generaciones, mientras las descripciones del ojo seguían apoyándose en esa misma estructura de capas y fluidos.