De la familia de los lenguados, este pez un tanto desconocido intenta ocultar sus manchas naranjas para camuflarse

La solla, científicamente conocida como Pleuronectes platessa, es un integrante fascinante de la familia Pleuronectidae. Este pez óseo destaca por su cuerpo plano y redondeado, que puede llegar a medir un metro de longitud. Aunque se asemeja a otros lenguados, posee rasgos distintivos que lo separan de sus parientes cercanos. Su estructura ósea está regularmente osificada y su cuerpo presenta una forma ligeramente romboidal única. Es una especie común en el Atlántico noroccidental, abundando en zonas como el mar de Barents. A menudo se le confunde con la platija debido a sus similitudes físicas y denominaciones compartidas. Sin embargo, la solla es una presa muy codiciada por su sabor y tamaño considerable.

Su presencia en las costas europeas es un testimonio de la biodiversidad de nuestros ecosistemas. La característica más llamativa de su lomo son las grandes pintas anaranjadas o rojo-amarillentas. Estas manchas contrastan con un fondo de color marrón claro u oscuro que cubre su dorso. Casi todos los ejemplares tienen los ojos situados en el lado derecho de su cabeza. Sobre esta zona, por detrás de los ojos, se aprecian entre cuatro y siete tubérculos óseos. Su boca es pequeña y asimétrica, perfectamente adaptada para alimentarse en los fondos marinos. La parte inferior o lado ciego del pez es de un color blanco puro y liso. A diferencia de otros peces planos, su piel es suave al tacto y tiene escamas pequeñas.

Esta combinación cromática es una de las joyas visuales de los fondos arenosos del océano. El arte del camuflaje, eso sí, es vital para este pez que intenta ocultar sus vibrantes manchas naranjas. Se le conoce como “piel de arena” por su asombrosa capacidad para imitar el sedimento marino. Para protegerse, la solla se agita un poco y se entierra bajo los depósitos del fondo. Sus cambios de color son tan precisos que logra adaptarse a la tonalidad exacta de la arena. En este estado de reposo, prácticamente desaparece ante la vista de los grandes depredadores marinos. Su actividad es mayormente nocturna, pasando las horas del día descansando oculta en el fango.

Es especialmente activa durante la puesta del sol, cuando sale de su escondite para alimentarse. Este comportamiento esquivo la convierte en un desafío fascinante para el estudio de la biología. Este pez prefiere habitar sobre fondos arenosos, fangosos o incluso con grava en zonas portuarias. Se distribuye desde Groenlandia y Noruega hasta las cálidas aguas de Marruecos y el Mediterráneo. Puede encontrarse en profundidades que varían desde pocos metros hasta los 200 metros de sonda. No obstante, los ejemplares más viejos y grandes pueden descender hasta los 400 metros. Tolera muy bien las aguas de baja salinidad, lo que le permite entrar en estuarios costeros. La plataforma continental es su hogar definitivo, un ecosistema rico donde encuentra refugio y alimento. En el Mar del Norte es una de las especies más importantes para la flota pesquera.

El ciclo reproductivo de la solla se produce principalmente durante los meses fríos de invierno. La freza tiene lugar en zonas determinadas a profundidades de entre 20 y 40 metros. Una sola hembra es capaz de poner hasta 500 mil huevos que flotan libremente. Tras eclosionar, las larvas son pelágicas y se alimentan de plancton durante unos dos meses. Lo más asombroso es su metamorfosis, donde un ojo se traslada hacia el otro lado. Cuando alcanzan los dos centímetros de longitud, ya tienen el aspecto de un pez plano. Los juveniles buscan aguas someras y charcas de marea antes de migrar a zonas profundas. La madurez sexual se alcanza generalmente cuando el ejemplar llega a los 35 centímetros.

La solla es un animal bentónico sumamente voraz que busca comida activamente en el lecho marino. Su dieta se compone principalmente de organismos como moluscos, poliquetos y gusanos de trapo. También consume pequeños crustáceos, navajas y, ocasionalmente, huevos de otros peces pequeños. Es un depredador oportunista que aprovecha la fauna variadísima de la plataforma continental. Incluso se ha documentado que puede alimentarse de grandes cangrejos blandos o trozos de caballa. Las lombrices de mar son uno de sus bocados favoritos.

Muy saludable

Esta alimentación rica en nutrientes contribuye a la excelente calidad de su carne blanca. Al vivir pegada al suelo, se especializa en capturar presas enterradas en el sedimento arenoso. Un fenómeno destacado es el llamado “Meischol” o solla de mayo, cuando el pez engorda. Tras el desove invernal, recupera su grosor y sabor a partir de la primavera europea. Durante el verano, puede tener hasta un 30% más de carne que en invierno. Es un alimento muy saludable, rico en ácidos grasos Omega-3, proteínas y vitaminas esenciales. Aporta nutrientes como el selenio y el yodo, que son beneficiosos para el sistema nervioso.

La pesca de la solla es una actividad constante durante todo el año en el Atlántico. Los pescadores suelen utilizar técnicas como el surfcasting desde la orilla o el lanzado. Se emplean anzuelos pequeños, a menudo decorados con perlas fosforescentes para atraer su atención. Debido a su comportamiento pausado, a veces el pescador descubre la captura al recoger el aparejo. Existe un tamaño mínimo legal de captura fijado en 27 centímetros para asegurar la sostenibilidad. Desde muchas organizaciones se recuerda respetar las épocas de veda natural para proteger la población de esta curiosa y anaranjada especie.