Felipe VI reconoce abusos en América y este episodio lo explica mejor que ningún otro: la matanza de Tóxcatl en Tenochtitlan
Los cuerpos ya estaban rodeados cuando el primer golpe cayó desde atrás y rompió el ritmo de los cantos. Los hombres que bailaban en el patio quedaron atrapados en un espacio sin salida, y en ese momento Pedro de Alvarado, al mando de los soldados españoles en Tenochtitlan, ordenó el ataque mientras la ceremonia seguía en marcha.
Las armas de acero comenzaron a abrir cuerpos desarmados y el movimiento de quienes intentaban huir se convirtió en un empujón continuo contra muros y pasillos cerrados. Nadie encontraba un camino libre y la confusión dejó paso a una sucesión de heridas, caídas y gritos que se extendieron por todo el recinto.
Felipe VI admitió abusos al revisar el pasado colonial
Ese tipo de episodios forma parte del fondo histórico que hoy se revisa desde distintas posiciones. Felipe VI reconoció ante Quirino Ordaz, embajador de México en España, que “hubo mucho abuso” durante la colonización y añadió que “hay cosas que cuando las conocemos, cuando las estudiamos, en nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, pues no pueden hacernos sentir orgullosos”.
El rey situó esas palabras en un contexto de revisión histórica y explicó que el conocimiento permite entender mejor el presente. Su intervención tuvo lugar en una visita privada a una exposición sobre la mujer en el México indígena.
Las crónicas españolas defendieron la agresión como respuesta preventiva
Las versiones sobre lo ocurrido en el Templo Mayor no coinciden. Bernal Díaz del Castillo, en sus crónicas de Indias, justificó el ataque al afirmar que los mexicas planeaban asesinar a Alvarado durante la ceremonia, una interpretación que también se apoyaba en el rechazo de los conquistadores a los rituales religiosos locales.
Frente a esa lectura, los relatos indígenas recogidos por Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino describen una emboscada sin provocación previa. En esos textos se narra que los asistentes habían pedido permiso para celebrar la fiesta y que estaban desarmados cuando empezó la agresión.
Los testimonios reunidos por Miguel León-Portilla en Visión de los vencidos recogen esa memoria desde dentro de la ciudad. A su vez, el amoxtli trabajado por Kevin Terraciano y Lisa Sousa reúne descripciones en las que los propios mexicas relatan el ataque con detalle. En uno de esos pasajes se cuenta que los soldados “acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos”, una frase que resume la forma en que se desarrolló la violencia dentro del recinto. Los relatos insisten en la imposibilidad de huir y en el desorden que provocaron las heridas.
La festividad de mayo de 1520 terminó con cientos de fallecidos
El contexto de la matanza se sitúa en mayo de 1520, durante la festividad de Tóxcatl dedicada a Tezcatlipoca y Huitzilopochtli. Los asistentes a aquel evento, uno de los más importantes del calendario, participaban en danzas y cantos cuando los españoles bloquearon las salidas y atacaron a nobles y gente común sin distinción.
La información conservada habla de cientos de muertos, con cuerpos alcanzados por espadas y lanzas en un espacio cerrado. Los Anales de Tlatelolco describen que la agresión se prolongó durante tres horas y que continuó incluso cuando algunos intentaron pedir que se detuviera.
Tras la matanza, los españoles se refugiaron en los edificios donde se alojaban y retuvieron a Moctezuma Xocoyotzin. La reacción de los mexicas fue inmediata y derivó en un asedio contra los conquistadores.
Cuando Hernán Cortés regresó desde la costa del Golfo de México, encontró la ciudad en tensión y organizó la retirada que culminó el 1 de julio de 1520. Ese episodio abrió una fase de guerra abierta que marcó el rumbo de la conquista.
La memoria escrita mantuvo el recuerdo de la matanza durante siglos
Décadas después, Fray Bartolomé de las Casas describió el suceso en su relación al emperador Carlos. En ese texto afirmó que los atacantes “comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos cuerpos”, una frase que recoge el impacto que tuvieron aquellos hechos en la memoria de la época.
Esa visión coincide en lo esencial con los relatos indígenas, aunque presenta imprecisiones sobre el número de celebraciones. Con el paso del tiempo, algunos autores españoles optaron por omitir el episodio, mientras que los textos nahuas mantuvieron el recuerdo de lo ocurrido como el origen de la guerra que siguió.