La historia del escultor navarro que llenó su finca de calaveras de piedra
En el Camino de Santiago a su paso por Navarra, existe una parada obligatoria que es el municipio de Estella-Lizarra. Considerada la “Toledo del norte”, esta ciudad destaca por su gran patrimonio monumental medieval y por su vinculación histórica con el Reino de Navarra. La iglesia de San Pedro de la Rúa con su espectacular claustro románico, el Palacio de los Reyes de Navarra o el puente románico sobre el río Ega son solo algunos de estos puntos de interés de visita obligada si pasamos por esta zona.
Pero más allá del pasado monumental, en Estella se puede disfrutar también de un lugar a las afueras que alberga una curiosa colección de arte, el Parque de los Desvelados. Este museo al aire libre impulsado por el escultor Luís García Vidal está ubicado a unos 1,8 kilómetros del centro de Estella-Lizarra, en la falda del monte y se conoce popularmente como el Parque de las Calaveras por el tipo de esculturas que se pueden ver allí.
Un parque dedicado a la muerte
El Parque de los Desvelados es el resultado de un trabajo de 30 años que el escultor Luis García tiró adelante él solo. Su idea era construir un museo al aire libre para concienciar de que la muerte es algo natural. Por eso, llenó una parcela que poseía en el término de San Lorenzo con una serie de esculturas gigantes con forma de cráneo construidas por el mismo con restos de poda de zumaque, un arbusto muy característico de la zona, y que destaca por el color rojizo que sus hojas adoptan en otoño.
Nacido en Melilla en 1927, Luis García fue un escultor y pintor expresionista que vivió en múltiples lugares, desde Málaga a Madrid o Barcelona, pasando por Tetuán, Tenerife o Brasil, donde ganó algunos premios de escultura. Finalmente hizo realidad su sueño de viajar a París, donde conoció a su esposa, Carmen Eguaras, natural de Estella. De esta unión surgió el vínculo del artista con la ciudad navarra, a la que llegó en 1971 y en la que solía pasar los meses de invierno, mientras que en verano seguía viviendo en París.
Ese mismo año de 1971 fue cuando el escultor construyó la primera de las calaveras que acabarían por dar nombre al parque. Acabaría por dedicar 37 años ininterrumpidos de su vida a levantar, moldear y reparar estas esculturas hasta su muerte en misteriosas circunstancias en 2008, cuando su cuerpo apareció flotando en el río.
Coches accidentados
Durante todo este tiempo, García pasaba horas en este parque, que llenó de calaveras, pero también de otros elementos igualmente siniestros. Así, más adelante incorporó a su museo de la muerte una serie de coches que habían sufrido accidentes de circulación, e incluso sillas de bebé rotas. En una de estas obras se puede leer la inscripción “A la muerte le gustan los coches”.
La obsesión por la muerte parece que se debe a lo mucho que le marcó la muerte a los 59 años de su hermano Alberto, también artista y con el que viajó a Brasil. De hecho, hay una obra en el parque en la que se puede ver una dedicatoria escrita de su puño y letra.
Tras la muerte de Luis García, el Parque de los Desvelados quedó abandonado. La finca está rodeada de una valla pero con la puerta siempre abierta, según dicen por deseo de su autor, que quería que todo el mundo pudiera visitar su extraño museo dedicado a la muerte. La falta de mantenimiento ha hecho que algunas de las calaveras hayan caído, pero aún así, el lugar sigue en pie. Incluso se ha llegado a rodar allí una película de zombies.