Japón tira de músculo: 1.800 personas consiguen mover a mano una torre de 360 toneladas

Entre las doce torres del homenaje históricas que todavía permanecen en pie en Japón, la de Hirosaki ocupa un lugar único, ya que es la única conservada en toda la región de Tohoku. El castillo se terminó en 1611, perdió su torre original en 1627 por un incendio provocado por un rayo y recibió la estructura actual a comienzos del siglo XIX, reconstruida en 1811. The Independent recuerda también que el recinto entró en 2006 en la selección de los 100 mejores castillos de Japón, un pedigrí bastante serio para un edificio que hace poco ha acabado viajando sobre raíles.

Los voluntarios desplazaron 360 toneladas mediante cuerdas

Ese viaje reunió a unas 1.800 personas para devolver a su posición la torre fortificada de 360 toneladas, desplazada poco más de dos metros mediante cuerdas y fuerza humana. Según The Guardian, equipos rotativos de unas 80 personas tiraron de cuerdas de 30 metros y lograron avanzar 1,13 metros el sábado y 1,09 el domingo. La torre estaba montada sobre raíles, condición que permitió ejecutar el desplazamiento sin desarmar la estructura.

Once años antes de este regreso, Hirosaki ya había recurrido al hikiya para apartar la torre y poder intervenir en una muralla dañada por un fuerte terremoto. The Guardian señala que aquella operación de 2015 incorporó por primera vez la participación ciudadana en un traslado de este tipo y recuperó, tras aproximadamente un siglo, una variante del método aplicada a un castillo. El desplazamiento actual completa así el trayecto inverso iniciado por aquella intervención.

La muralla que motivó el traslado anterior necesitó años de obras hasta recuperar su configuración previa, con un trabajo piedra a piedra terminado en diciembre de 2024. La restauración recolocó 2.185 piedras en sus posiciones originales, según The Guardian, y dejó preparado el entorno para iniciar el retorno de la torre este año. Ese calendario explica por qué el edificio ha permanecido separado de su emplazamiento durante más de una década.

El sistema utilizado recibe el nombre de hikiya y permite trasladar edificios enteros mediante rodillos o raíles, una solución tradicional que evita desmontar construcciones protegidas. Su empleo estuvo durante mucho tiempo ligado al traslado de inmuebles para liberar terreno destinado al desarrollo urbano o a la ampliación de carreteras. En Japón ha adquirido también una función de conservación, ya que permite mover edificios históricos sin recurrir a su demolición y posterior reconstrucción.

8.000 solicitudes desbordaron las plazas disponibles

Las 1.800 plazas reservadas para participar quedaron pequeñas ante una convocatoria que recibió alrededor de 8.000 solicitudes en apenas dos días, procedentes de Japón y de otros continentes. Kensuke Hayasaka, responsable de parques y espacios verdes del Ayuntamiento de Hirosaki, indicó a The Guardian que la demanda rompió todos los pronósticos. “Recibimos unas 8.000 solicitudes para las 1.800 plazas de los dos últimos días, aproximadamente cuatro veces por encima de la capacidad”, señaló Hayasaka al medio británico. Entre los aspirantes había personas del sudeste asiático, Europa y Norteamérica.

Algunos participantes llegaron con una relación previa con aquel desplazamiento, como Motoharu Nakata, voluntario de 61 años procedente de Hiroshima que también había intervenido en 2015. Según Sankei Shimbun, en un testimonio recogido por The Guardian, Nakata viajó para repetir la experiencia y describió el regreso como emotivo.

The Independent recoge además el caso de una participante de 48 años llegada desde Tokio con su madre, que declaró al Yomiuri Shimbun su deseo de volver cuando la torre esté otra vez en su lugar.

Las máquinas completarán los 73 metros restantes

Alcanzar su emplazamiento tampoco pondrá fin a las obras del castillo, porque después comenzará otra fase de conservación que mantendrá la estructura cubierta y cerrada al público. Hayasaka situó ante The Guardian la reapertura prevista en 2033, de modo que todavía quedan varios años antes de que los visitantes puedan acceder de nuevo a la torre.

La fuerza humana cubrirá únicamente una fracción del regreso completo, ya que la participación ciudadana prevista hasta finales de agosto moverá la torre unos cinco metros con unas 4.100 personas. The Guardian sitúa en aproximadamente 73 metros el tramo restante, que quedará a cargo de maquinaria antes de que termine el año.

El peculiar empujón humano con una construcción centenaria terminará así bastante antes que su restauración, con las máquinas ocupándose del camino que las cuerdas y miles de voluntarios dejarán pendiente.