Los ninjas eran muy distintos a los del cine y las fuentes históricas explican cómo actuaban

Las sandalias de cuerda amortiguaban las pisadas sobre suelo irregular y permitían avanzar con menos riesgo de delatar una presencia durante una incursión nocturna. Los ninjas, conocidos originalmente como shinobi, aprovechaban recursos de este tipo para acercarse al enemigo, observarlo o atacarlo con discreción, mientras su importancia dependía de conseguir información útil para el señor al que servían.

La ocultación y la retirada rápida reducían la necesidad de luchar frente a frente, de manera que una misión podía terminar con el adversario muerto o con información obtenida sobre sus planes, defensas o movimientos capaz de perjudicarlo militarmente y dar ventaja a su daimio.

Los señores feudales recurrieron a agentes secretos durante las guerras

La imagen del asesino vestido de negro y preparado para una lucha espectacular encaja mal con buena parte de las fuentes históricas. World History Encyclopedia sitúa desde el siglo XV a estos agentes en tareas de espionaje, sabotaje, exploración y ataque durante las guerras del período Sengoku, cuando los señores feudales necesitaban conocer los planes de sus rivales. Aquellos hombres podían actuar dentro de fuerzas militares y recurrían a la infiltración para entrar donde un ejército convencional habría llamado demasiado la atención.

La ropa negra que hoy identifica al ninja pertenece en buena medida a representaciones posteriores, alimentadas por convenciones del teatro japonés. Los ayudantes vestidos de ese color debían pasar inadvertidos para el público, mientras un agente real obtenía mayor ventaja haciéndose pasar por campesino o monje según el lugar al que pretendiera acceder. Una indumentaria demasiado sospechosa por extraña habría facilitado precisamente aquello que trataba de evitar, que era despertar sospechas antes de cumplir su cometido.

Los shuriken siguieron una transformación parecida hasta convertirse en uno de los objetos inseparables del personaje moderno, aunque Yamada YÅ«ji, historiador de la Universidad de Mie, considera que se utilizaban muy raramente en enfrentamientos reales.

World History Encyclopedia recoge armas y útiles adaptados a necesidades distintas, desde espadas hasta recursos para escalar o provocar incendios. Después de 1600, las antiguas prácticas fueron adquiriendo una identidad más uniforme a medida que desaparecía el mundo militar que las había producido.

Las operaciones secretas se extendieron por distintas regiones japonesas

Los manuales conservados ayudan a conocer esa tradición, pero fueron redactados después de la etapa de grandes guerras civiles y necesitan una lectura prudente. El BansenshÅ«kai reunió en 1676 conocimientos relacionados con Iga y Kōka, dos regiones del Japón histórico especialmente vinculadas a los shinobi, el Shōninki apareció en 1681 y el Ninpiden o Shinobi Hiden pertenece también al siglo XVII. Para entonces, las memorias familiares podían haber influido en la descripción de unas actividades que durante el período Sengoku habían adoptado formas bastante diversas.

Iga y Kōka alcanzaron especial fama, aunque Stephen Turnbull, historiador especializado en historia militar japonesa, considera que las operaciones clandestinas también existieron en otras partes de Japón.

El Tamon-In nikki, diario del abad Eishun vinculado al templo Kōfuku-ji de Nara, relata que en 1541 hombres de Iga penetraron en el castillo de Kasagi y prendieron fuego a varias dependencias. Turnbull interpreta aquel grupo como guerreros provinciales integrados en las relaciones políticas de su época, lejos de una casta hereditaria independiente.

La información obtenida podía valer más que una victoria

Obtener información y regresar para entregarla podía tener mayor valor que derrotar a varios adversarios, una prioridad que Yamada coloca en el centro de las tareas del shinobi. Su preparación atendía a la observación, la resistencia física y la huida, porque descubrir defensas o movimientos enemigos perdía utilidad si el agente terminaba capturado antes de informar. Esa función los acerca mucho más a exploradores militares y agentes de inteligencia que al combatiente acrobático fijado después por películas, cómics y videojuegos.

Los señores feudales empleaban a estos hombres dentro de sus propios intereses militares, y la separación tajante entre ninja y samurái tampoco encaja con la documentación disponible. Turnbull advierte de que un guerrero local podía ejercer como shinobi, mientras un samurái también podía participar en tareas secretas. World History Encyclopedia recoge además la existencia de especialistas que ofrecían este tipo de servicios durante los siglos XV y XVI.

Bajo el nombre de ninja acabaron agrupándose personas y prácticas distintas que tenían una finalidad muy terrenal: entrar sin llamar la atención, averiguar aquello que el enemigo quería ocultar y regresar con ventaja para el señor al que servían.