La Guerra de la Independencia dejó una escena insólita: reclusos combatieron a Francia y por la noche ya habían vuelto

Los testimonios describen dos versiones compatibles de la salida

Héctor Farrés

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La negativa de una patrulla española a auxiliar al alcaide Aquilino Sandoval dejó la Real Cárcel de la Corte sin apoyo militar cuando el levantamiento del 2 de mayo de 1808 alcanzó sus puertas. Su parte oficial relata que los reclusos ya disponían de armas, intentaron salir y prendieron fuego a las instalaciones mientras los guardias trataban de contener el incendio.

La guardia de Santa Cruz tampoco intervino porque carecía de orden para abandonar su puesto, de modo que Sandoval regresó al presidio tras comprobar cómo la estructura militar española era incapaz de prestarle ayuda.

Francia aprovechó Fontainebleau para desplegar sus tropas

Dentro de aquella cárcel, Francisco Xavier Cayón de Bustamante, recluso que encabezó la iniciativa atribuida a los presos, planteó una salida temporal para combatir a las tropas francesas y regresar después a las celdas.

El escrito redactado en nombre de los internos señalaba el desorden de Madrid y su voluntad de exponer la vida en defensa de la patria y del rey. Algunos temían también quedar atrapados si los franceses atacaban el edificio, y la versión favorable a los presos asegura que las autoridades terminaron aceptando su compromiso.

La presencia napoleónica coincidió con la caída de Carlos IV, la marcha de Fernando VII a Bayona y una protesta popular

La ocupación francesa había avanzado durante los meses anteriores después del Tratado de Fontainebleau de 1807, que permitió la entrada de contingentes destinados en principio a actuar contra Portugal. Joachim Murat, lugarteniente de Napoleón para sus ejércitos en España, llegó a Burgos el 13 de marzo de 1808 camino de Madrid mientras la monarquía atravesaba una grave crisis. El motín de Aranjuez forzó la abdicación de Carlos IV en Fernando VII, que después viajó a Bayona para entrevistarse con Napoleón y dejó el gobierno en manos de la Junta Suprema.

A las ocho de la mañana del 2 de mayo, dos carruajes situados ante el Palacio Real hicieron pensar a la multitud reunida por el mercado que el infante Francisco de Paula sería trasladado a Francia. El maestro José Blas Molina alertó al gentío y la protesta derivó en una revuelta que Murat trató de sofocar con granaderos de la Guardia Imperial y artillería. Los combates se extendieron hasta la Puerta del Sol, donde unidades de caballería francesa atacaron a madrileños armados con navajas, tijeras, macetas y otros recursos disponibles.

Los reclusos atacaron una posición francesa en Madrid

Una parte de los 56 presos que habrían abandonado la cárcel entre los 94 internos consiguió alcanzar la Plaza Mayor y atacó allí a un destacamento francés que utilizaba artillería contra los sublevados. Según el relato atribuido a los participantes, mataron a varios soldados, capturaron una pieza y efectuaron disparos contra una unidad de caballería antes de inutilizar el cañón por falta de munición. Otros reclusos permanecieron en el edificio, donde protegieron la prisión y trataron de tranquilizar a las mujeres encarceladas ante el fuego que llegaba desde las calles.

Cayón propuso combatir fuera y volver después al presidio

Los Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes conservan testimonios que impiden reducir la salida a un pacto ordenado o a una evasión común, porque las dos versiones describen partes comprobables de una jornada marcada por el colapso de la autoridad.

El relato de Cayón presenta una petición aceptada bajo palabra, mientras el parte de Sandoval documenta armas, incendio y fuga en un presidio que había perdido el control. La Real Academia de la Historia y el Ministerio de Cultura recogen también el regreso de buena parte de los participantes, aunque las cifras transmitidas presentan diferencias.

Cayón rechazó que los funcionarios los registraran como fugados

El retorno de la mayoría terminó convirtiendo aquella salida en un episodio difícil de clasificar dentro de las categorías habituales de prisión y fuga, porque muchos hombres volvieron voluntariamente tras haber combatido. Una de las relaciones cifra en 51 los regresos, con un herido hospitalizado, dos muertos y un desaparecido entre quienes salieron, mientras otra síntesis contabiliza de otra forma las bajas y ausencias.

Cayón protestó cuando los funcionarios registraron a los participantes como fugados, ya que defendía que habían recibido permiso y cumplido su palabra, una disputa administrativa que prolongó dentro de la cárcel el conflicto abierto en las calles de Madrid.

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