Aunque se llama masía, este edificio inspirado en Gaudí nunca fue agrícola sino residencia, conservatorio o colegio electoral

Es uno de los monumentos más admirados de Terrassa, pero esconde una paradoja histórica tras su denominación popular. Pese a que su silueta blanca con arcos insinuantes evoca las solanas y estructuras de las tradicionales masías rústicas catalanas, la 'bautizada' como “Masia Freixa” nunca tuvo vocación agrícola ni albergó ganado o cultivos. Su origen real se remonta a finales del siglo XIX, en un periodo de plena expansión industrial. Concebido como una fábrica textil de hilados de alpaca para la firma Freixa i Sans, el inmueble refleja la pujanza económica de una ciudad volcada en la producción textil.

Entre los años 1907 y 1910, el industrial Josep Freixa decidió transformar la antigua nave fabril en su residencia familiar privada. Para llevar a cabo semejante metamorfosis encomendó el proyecto al destacado arquitecto municipal Lluís Muncunill i Parellada, ferviente admirador de la obra de Antoni Gaudí. Muncunill conservó la estructura perimetral previa pero superpuso una innovadora concepción dominada por arcos parabólicos y bóvedas de ladrillo plano. La cubierta se revistió con un deslumbrante trencadís de vidrio y mortero gris brillante que capta la luz del sol, dotando al edificio de una singular elegancia.

El interior de la vivienda fue diseñado con un exquisito gusto modernista por el artista Joaquim Vancells, quien preservó formas orgánicas en la carpintería de álamo barnizado con bordes redondeados. La distribución sustituyó el vestíbulo urbano por una gran sala central que organizaba las estancias de la casa y conectaba con el majestuoso comedor. Asimismo, el entorno exterior se acondicionó con unos representativos jardines de estilo romántico proyectados por el pintor Rafael Benet i Vancells. Este parque incorporó reproducciones de estatuas clásicas como la de Donatello, que dio nombre al parque actual.

Tras décadas funcionando como residencia particular de la familia Freixa, el devenir político y social del siglo XX alteró drásticamente el destino del inmueble. Con el estallido de la Guerra Civil, la finca fue incautada por las autoridades republicanas para instalar en sus dependencias la Escuela Nova Unificada. Este episodio supuso la primera ruptura de su carácter estrictamente privado y marcó el inicio de su reorientación hacia usos colectivos de carácter público. Tras el conflicto bélico, la edificación retornó a sus propietarios, pero la transformación del entorno urbano despertó el interés municipal.

En el año 1958, el Ayuntamiento de Terrassa formalizó la compra de la finca completa, que abarcaba una superficie superior a los veinte mil metros cuadrados. Apenas un año después, los antiguos jardines privados de la residencia abrieron sus puertas a la ciudadanía convertidos en el Parc de Sant Jordi, constituido como el primer parque público en el centro urbano. La integración de la antigua finca burguesa en la red patrimonial del municipio permitió proteger su valor arquitectónico y garantizó el libre acceso de los vecinos a un pulmón verde repleto de especies botánicas y caminos sinuosos.

Durante un largo periodo de la segunda mitad del siglo XX, la Masia Freixa asumió una destacada función cultural al albergar la sede del Conservatorio Municipal de Música de Terrassa. Sus salones decorados con sinuosas molduras de yeso y sus salas abovedadas sirvieron de aulas para generaciones de estudiantes de canto e instrumentos musicales. Las notas de pianos y violines resonaron cotidianamente bajo sus arcos parabólicos, otorgando al edificio una vibrante vida académica que se prolongó hasta el año 2003, momento en el que el centro docente fue trasladado a unas instalaciones más modernas.

Deterioro y restauración

Tras el traslado del conservatorio a su nueva ubicación, el edificio atravesó una etapa de transición en la que su uso principal quedó momentáneamente en suspenso. No obstante, durante ese periodo la estructura asumió un papel cívico esencial al ser utilizada puntualmente como colegio electoral para la celebración de diversos comicios municipales, autonómicos y nacionales. Los ciudadanos acudían a depositar sus votos en las urnas bajo los icónicos techos de Muncunill. Durante los primeros años del siglo XXI, el inmueble comenzó a mostrar signos de deterioro, lo que impulsó planes para su restauración.

Tras una profunda y rigurosa rehabilitación que permitió recuperar el esplendor de sus elementos originales y habilitar espacios inaccesibles, la Masia Freixa renació integrada plenamente en el Museu de Terrassa. En la actualidad funciona como Casa-Museo y alberga la Oficina Municipal de Turismo, además de ser sede de la Red de Turismo Industrial de Catalunya. Los visitantes pueden recorrer hoy sus plantas y ascender a su estilizada torre para admirar una obra cumbre del modernismo catalán que, tras transitar entre telares, salones, aulas y urnas, se erige en símbolo del patrimonio de la localidad barcelonesa.