El mar Mediterráneo también sufre olas de calor: las temperaturas aumentan hasta a 40 metros de profundidad

Las olas de calor marinas se han convertido ya en un fenómeno habitual en el mar Mediterráneo, con consecuencias cada vez más visibles en los ecosistemas. Así lo dice el informe anual del proyecto 'Mare Caldo' de Greenpeace Italia, elaborado junto a la Universidad de Génova y el Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental (OGS), que alerta de que el aumento de la temperatura del agua ya no afecta únicamente a la superficie, sino que alcanza profundidades de hasta 40 metros, poniendo en riesgo la biodiversidad marina.

El estudio, basado en datos recogidos durante 2025 en 14 estaciones de monitorización, señala que el calentamiento del mar afecta a las costas italianas con independencia de su ubicación o de que se encuentren dentro de Áreas Marinas Protegidas. Según los investigadores, las anomalías térmicas se han convertido en una constante que está alterando el equilibrio de los ecosistemas mediterráneos y favoreciendo la expansión de especies invasoras adaptadas a aguas más cálidas.

Corales y gorgonias, las especies más afectadas

Los datos científicos evidencian que en varias zonas del Mediterráneo las olas de calor marinas superaron los 200 días de duración, con temperaturas superficiales situadas entre 1,5 y 2,5 grados centígrados por encima de la media climatológica. El caso más extremo se registró en la reserva marina de Asinara, en Cerdeña, donde se alcanzó una anomalía máxima de 3,5 grados durante un episodio de calor que se prolongó 41 días.

Las consecuencias ya son visibles sobre algunas de las especies que estructuran los fondos rocosos del Mediterráneo. El informe documenta mortalidades de entre el 30% y el 60% en las colonias de gorgonia amarilla (Eunicella cavolini) de la isla de Elba, además de importantes daños en las poblaciones de esta especie presentes en Asinara. También el coral madrepórico (Cladocora caespitosa), una de las pocas especies de coral constructoras de arrecifes del Mediterráneo, presenta un acusado deterioro en distintas áreas protegidas.

El calentamiento del agua también está modificando la composición de la fauna y la flora marinas. Mientras algunas especies autóctonas retroceden, otras adaptadas a temperaturas más elevadas encuentran condiciones favorables para expandirse. Entre ellas figura el alga invasora Caulerpa cylindracea, así como peces termófilos como la barracuda mediterránea, cuya presencia es cada vez más frecuente en zonas donde antes resultaba poco habitual.

El calentamiento alcanza las capas profundas

Otra de las conclusiones relevantes del informe es que las anomalías térmicas persistentes registradas entre 2023 y 2024 lograron penetrar hasta las capas más profundas del mar, afectando a especies bentónicas, las que viven asociadas al fondo marino y que presentan una menor capacidad para adaptarse a cambios bruscos de temperatura. Además, gracias a técnicas de análisis de ADN ambiental (eDNA) desarrolladas junto a la Universidad de Urbino, los investigadores detectaron en las reservas de Torre Guaceto y Asinara varias algas exóticas cuya presencia había pasado desapercibida mediante los métodos tradicionales de observación.

El informe dedica un apartado específico a la isla de Elba, la única zona de la red de seguimiento que no cuenta con protección ambiental. Los datos recopilados desde 2019 muestran un deterioro progresivo de su estado ecológico, lo que refuerza la preocupación por la capacidad de recuperación de estos ecosistemas frente al aumento continuado de la temperatura del mar.

Ante este escenario, Greenpeace recuerda que las Áreas Marinas Protegidas siguen siendo una herramienta fundamental para reforzar la resiliencia de los ecosistemas costeros, aunque advierte de que “el trabajo de tutela en estas áreas no basta por sí solo”. La organización insiste en que solo una reducción drástica de las emisiones globales de gases de efecto invernadero permitirá frenar un calentamiento que ya no se limita a la superficie del Mediterráneo, sino que está transformando también los ecosistemas que habitan decenas de metros bajo el agua.