Marte esconde una autopista sísmica bajo la superficie y un impacto de meteorito acaba de dejarla al descubierto

La atmósfera de Marte es tan débil que casi nada frena los meteoritos antes de que golpeen el suelo, y ese detalle ya marca cómo es el planeta. Esa falta de protección lo convierte en un lugar duro, pero también en un objetivo que despierta interés porque obliga a hacerse preguntas muy concretas.

Se quiere ir a Marte para saber si alguna vez tuvo agua, si pudo sostener algún tipo de vida y hasta qué punto se podría vivir allí en el futuro. La curiosidad no se queda en la idea general, se centra en entender cómo funciona su suelo, cómo es su atmósfera y qué historia guarda. Todo ese conocimiento define qué tipo de tecnología haría falta para sobrevivir en un entorno que no ofrece ninguna ayuda natural.

Un meteorito reveló cómo viajan las vibraciones bajo Marte

Ese tipo de cuestiones se responde analizando lo que ocurre cuando el planeta recibe impactos, ya que cada golpe deja información sobre su interior. El 19 de febrero de 2021, un meteorito impactó contra Marte y generó ondas sísmicas que recorrieron 1.640 kilómetros hasta llegar al módulo InSight de la NASA, según datos recogidos durante su misión.

Ese tipo de eventos ha permitido unir impactos con señales sísmicas y revisar cómo se comporta el interior del planeta, lo que ha llevado a una conclusión: Marte recibe más golpes de lo que se pensaba y transmite esas vibraciones de una forma distinta a la prevista.

La relación entre un cráter concreto y una señal sísmica se aclaró en la región de Cerberus Fossae, donde un impacto generó ondas que viajaron más lejos de lo esperado. Esa distancia obligó a revisar el recorrido de las vibraciones, que no siguieron un camino superficial, sino uno más profundo y rápido a través del manto.

El análisis permitió distinguir mejor entre movimientos causados por impactos y los originados dentro del planeta, lo que abre la puerta a usar esos datos como una herramienta para estudiar sus capas internas. Tom Pike, profesor en Imperial College London, explicó la importancia de unir ambos registros: “Sin los datos sísmicos, no habríamos sabido dónde buscar un impacto en las imágenes orbitales, y sin esas imágenes no habríamos podido localizar la fuente de la energía detectada”.

El uso de inteligencia artificial ha cambiado el ritmo de este trabajo al permitir analizar miles de imágenes en poco tiempo y localizar nuevos cráteres recientes. En una búsqueda realizada en 2025, los sistemas automáticos identificaron 123 impactos que no estaban catalogados en la zona de vigilancia de InSight, lo que facilitó su comparación con registros sísmicos.

Esa combinación llevó a vincular 49 eventos con impactos concretos y reforzó una idea que ya aparecía en varios estudios: el número de golpes es entre 1,6 y 2,5 veces mayor que el calculado a partir de imágenes tradicionales. Algunas estimaciones apuntan a que cada año se forman entre 280 y 360 cráteres de más de ocho metros.

Conocer esa frecuencia influye en el diseño de misiones que deben operar sobre el terreno. La Agencia Espacial Europea prepara el lanzamiento del rover Rosalind Franklin en 2028, con apoyo de la NASA, y ese tipo de información permite anticipar cómo se comporta el suelo tras un impacto o qué riesgos pueden afectar a los equipos. También ayuda a decidir dónde perforar y cómo proteger las estructuras que se desplieguen en la superficie.

InSight confirmó que Marte mantiene actividad bajo la superficie

El módulo InSight, activo entre 2018 y 2022, aportó los primeros registros sísmicos del planeta y confirmó que Marte presenta actividad interna, aunque no tenga placas tectónicas como la Tierra.

Ese sistema permitió recoger datos suficientes para analizar la composición del subsuelo y detectar una transición a unos 24 kilómetros de profundidad, donde cambian las propiedades de la roca. La misión terminó cuando el polvo cubrió sus paneles solares, pero dejó una base de datos que sigue alimentando estudios posteriores.

Uno de esos trabajos, publicado en Nature Astronomy y desarrollado por investigadores de la Universidad de Oxford, analizó cientos de posibles composiciones para explicar esa transición detectada bajo la superficie.

Tobermory Mackay-Champion, investigador en ciencias de la Tierra, describió el cambio en la interpretación de la actividad volcánica: “Hemos asumido que el vulcanismo en Marte era más simple que en la Tierra, pero estos datos indican sistemas largos en los que la roca fundida evoluciona dentro de la corteza”.

El estudio identifica dos capas distintas, una inferior con más hierro y magnesio y otra superior con mayor contenido en sílice, lo que sugiere un proceso de separación de materiales bajo tierra.

Ese proceso amplía las opciones de encontrar condiciones favorables para la habitabilidad

Ese comportamiento apunta a un tipo de reciclaje de roca que recuerda a lo que ocurre en zonas de subducción en la Tierra, aunque Marte no tenga placas tectónicas activas. Jon Wade, profesor en ciencias planetarias, situó el alcance de este hallazgo en un marco más amplio: “Si Marte pudo desarrollar una corteza compleja sin placas tectónicas, las condiciones para la habitabilidad podrían aparecer en más planetas de lo que se pensaba”. Esa idea amplía el interés por Marte, ya que lo convierte en un ejemplo para entender otros mundos rocosos.

El conjunto de datos sobre impactos, actividad sísmica y composición interna dibuja un planeta más activo de lo que parecía desde la órbita. Ese retrato explica por qué sigue siendo un objetivo prioritario, no solo para buscar rastros del pasado, sino para comprobar hasta dónde puede llegar la presencia humana en un entorno que obliga a resolver cada problema desde cero.