El mito de Circe, la poderosa hechicera que embrujó a los hombres de Odiseo y que aparece en la película de Nolan

Polifemo, las sirenas, los lestrigones, el Hades, el vórtice de Caribdis, el monstruo marino de Escila o la poderosa hechicera Circe. Esos son algunos de los mitos, personajes, episodios y monstruos escogidos por el director Christopher Nolan para su adaptación cinematográfica de La Odisea, el famosísimo poema griego donde Homero narra el viaje de regreso de Odiseo a Ítaca tras la guerra de Troya.

Una cuidada selección entre 12.000 versos y más de 7.000 palabras que rescata algunos de los episodios que tuvo que afrontar el afamado guerrero antes de volver a casa. La elección no ha estado exenta de polémica, porque el director estadounidense deja en el tintero a muchos dioses, omite al desdichado Elpénor y excluye la ejecución de las esclavas que han sido desleales.

En cambio, para la adaptación cinematográfica de La Odiosa, Nolan no se olvida del mito de Circe, seguramente una de las escenas más impactantes de las que puede disfrutar el espectador durante las 2 horas y 52 minutos que dura la película. La duración del filme tampoco ha pasado inadvertida para muchos.

El mito de Circe

Circe se lleva buena parte del protagonismo en La Odisea. Hablamos de una hechicera y diosa de la mitología griega, hija del dios sol Helios y de la oceánide Perseis, con talento excepcional para preparar pociones mágicas, como queda bien claro en la película.

Según recoge Homero en su poema, donde se la cita como una “diosa de hermosos cabellos”, el hogar de esta mujer estaba en la isla de Eea. Su guarida, una especie de mansión de piedra donde se resguarda en soledad, está mejor custodiada de lo que parece a simple vista.

Ella misma ha transformado a los hombres que han llegado en lobos y leones que custodian su hogar, como entretenimiento o venganza. Este fue el caso de los hombres de Odiseo, que, en la adaptación de Nolan, irrumpen en la isla amenazándola con cuchillo en mano y en búsqueda desesperada de comida después de días sin probar bocado. La hechicera no se la niega, pero sus pretensiones son otras.

Circe sienta en la mesa al grupo de hombres encargados de explorar la isla de Eea y les sirve un preparado que devoran en unos minutos. Los hombres comen alegremente, sin saber que ha vertido una de sus pociones. El mito cuenta que Circe los golpeó con su vara y los convirtió en cerdos, arrinconados en pocilgas. En la película de Nolan, la imagen es otra: la mujer dando forma con sus propias manos a las caras de los visitantes, deformando sus rostros hasta convertirlos en cerdos.

La tardanza de los hombres inquieta a Odiseo, que decide ir en su búsqueda. No los encuentra y, a su llegada, solo ve los restos de los cuencos de comida y a un nutrido grupo de cerdos que ocupa las pocilgas. El guerrero desconfía y no cae en la trampa. En la adaptación de Nolan, la escapada se resuelve con una negociación, en la Circe da su brazo a torcer y restaura a todos los hombres. Abandonan la isla definitivamente, pero el sufrimiento y el tortuoso viaje están lejos de terminar.