¿Encontró Heinrich Schliemann la prueba definitiva de Troya o vendió una historia demasiado buena para ser cierta?
Las puertas de Troya se abrieron para admitir un enorme caballo de madera que los griegos habían dejado frente a la ciudad amurallada. Ese episodio pertenece a la guerra de Troya, un conflicto narrado por la tradición griega como un asedio de diez años iniciado después de que Paris se llevara a Helena, mujer de Menelao. Los aqueos fingieron retirarse, escondieron soldados dentro del caballo y dejaron a un hombre encargado de convencer a los troyanos de que era una ofrenda.
Durante la noche, los guerreros salieron, abrieron el paso al ejército que había regresado y facilitaron la caída de la ciudad. El caballo quedó como el episodio más conocido, aunque la existencia exacta de aquella guerra y su relación con los restos arqueológicos siguen discutiéndose.
Heinrich Schliemann buscó la ciudad descrita por Homero
La búsqueda de una ciudad capaz de encajar con ese relato llevó a Heinrich Schliemann hasta Hisarlik, en el noroeste de Turquía, donde terminó una campaña el 15 de junio de 1873. History Daily cuenta que estaba convencido de haber encontrado la Troya de Homero y el tesoro del rey Príamo, aunque Frank Calvert llevaba años estudiando el montículo y había señalado antes aquella ubicación.
La enciclopedia Britannica explica que sus hallazgos cambiaron la percepción de los relatos homéricos, mientras sus métodos destructivos y sus afirmaciones dudosas dañaron su reputación.
La costumbre de embellecer su figura venía de lejos, al menos según la autobiografía que dejó escrita. Britannica recoge que Schliemann afirmaba haber recibido a los siete años un libro con una ilustración de Troya en llamas y que desde entonces decidió encontrar sus ruinas. Esa versión pudo estar adornada, porque varios historiadores han señalado que acostumbraba a rehacer su pasado para engrandecerlo. Lo comprobable es que hizo fortuna en el comercio, aprendió numerosos idiomas y abandonó los negocios para dedicarse a la arqueología cuando ya contaba con recursos propios.
Frank Calvert quedó relegado pese a guiar las primeras investigaciones
Troy explica que Calvert lo condujo hacia Hisarlik tras investigar la zona durante años. El británico aportó estudios y acceso al terreno, mientras Schliemann puso el dinero necesario para continuar las excavaciones. Heinrich Schliemann: Hero or Fraud? recuerda que Richard Pococke y Franz Kauffer ya habían relacionado el lugar con Troya, y que John Brunton había excavado allí antes. Schliemann acabó desplazando a Calvert y atribuyéndose la mayor parte del mérito.
Meet Me in Atlantis y Britannica describen una campaña hecha con picos, palancas, arietes y dinamita. Schliemann buscaba la capa más antigua porque creía que allí aparecería la ciudad homérica, de manera que atravesó niveles posteriores y destruyó numerosos restos.
La Society for American Archaeology defiende hoy procedimientos menos invasivos, con estudios previos, documentación tridimensional y excavaciones lentas. Esa diferencia explica por qué Calvert insistía en examinar cada estrato antes de continuar.
El 31 de mayo de 1873, Schliemann reunió joyas, vasijas y objetos metálicos que bautizó como Tesoro de Príamo. Great Archaeologists y Archaeology as Spectacle señalan que el conjunto procedía de una capa mucho más antigua que la supuesta época de la guerra. Unearthing the Bronze Age añade que varias piezas pudieron hallarse en momentos distintos y presentarse después como un único descubrimiento. Schliemann también afirmó que su esposa Sophia estaba presente, aunque ella se encontraba en Atenas.
How Schliemann Smuggled 'Priam's Treasure' from the Troad to Athens y Homer, Troy and the Turks detallan que sacó las piezas de Turquía sin cumplir el reparto fijado por su permiso. El Gobierno otomano abrió un proceso y recibió en 1875 una compensación de 50.000 francos. Archaeology Magazine relató además que, años después, Schliemann pudo comprar un busto en Alejandría y presentarlo como un hallazgo propio.
Las excavaciones posteriores corrigieron la interpretación del yacimiento
Calvert publicó en 1874 un artículo anónimo para explicar que Schliemann había identificado mal la ciudad que buscaba. La cerámica encontrada en las capas más profundas de Hisarlik pertenecía a la Edad del Bronce Antigua, por lo que era al menos 1.000 años anterior a la época en la que habría ocurrido la guerra de Troya.
Años después, tras la muerte de Schliemann en 1890, otras excavaciones localizaron cerámica de la Edad del Bronce Tardía en una zona distinta del yacimiento. Ese hallazgo demostró que la capa más cercana a la Troya descrita por Homero estaba situada más arriba. El resultado, por lo tanto, confirmó que había pasado de largo por la capa más próxima a la Troya homérica y había destruido parte de ella: encontró el lugar adecuado y entendió mal buena parte de lo que sacó de la tierra.
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