¿Cómo pudo un solo ciclón eliminar el 7% de la especie de gran simio más amenazada del mundo?
Una riada en mitad de la noche basta para cambiar el destino de un animal que hasta ese momento parecía a salvo. La protección humana llega hasta donde alcanzan las reservas, los equipos de vigilancia, las normas y la restauración de hábitats, pero un desastre natural puede romper en horas lo que ha costado años cuidar.
En esos episodios, los animales quedan atrapados en árboles que caen, laderas que se abren, ríos que arrastran comida y refugios que dejan de servir. La intención de protegerlos es importante porque reduce daños previos, evita presiones añadidas y deja opciones de recuperación, aunque la fuerza física de la naturaleza impone un límite muy duro. Por eso, cuando la lluvia, el barro o el viento golpean un territorio frágil, la supervivencia depende también del estado en que ese territorio llegue al golpe.
Un estudio cifró una pérdida crítica en Sumatra
Un estudio publicado en Current Biology estima que 58 orangutanes de Tapanuli murieron tras cuatro días de lluvias extremas y deslizamientos en Sumatra, una pérdida cercana al 7% de una especie con menos de 800 ejemplares.
La investigación, recogida por la BBC, sitúa el daño en el episodio provocado por el ciclón Senyar en noviembre de 2025 y advierte de que la cifra es conservadora, ya que deja fuera muertes posteriores por daños en el dosel, lesiones o falta de alimento. Erik Meijaard, científico jefe de Borneo Futures y autor del trabajo, había calculado en diciembre para la BBC unas 35 muertes, pero el análisis posterior elevó mucho esa estimación.
El barro dejó también una prueba evidente del desastre. Semanas después del ciclón, trabajadores humanitarios encontraron en Pulo Pakkat, en el distrito de Tapanuli central, el cadáver semienterrado de lo que creían que era un orangután de Tapanuli.
Deckey Chandra, miembro de un equipo humanitario en la zona, vinculó aquel hallazgo con el uso habitual del área por estos animales para alimentarse de frutos: “Solían venir a este lugar para comer frutas”. Asimismo, añadió una consecuencia brutal de la riada en ese mismo punto: “Pero ahora parece haberse convertido en su cementerio”.
Meijaard vio fotografías del animal enviadas por Chandra y describió daños compatibles con una fuerza devastadora del terreno. La fragilidad de los simios ante un bosque que se desprende quedó condensada en su valoración: “Si unas pocas hectáreas de bosque se vienen abajo en deslizamientos enormes, incluso los orangutanes fuertes quedan indefensos y acaban destrozados”.
Los científicos vincularon el episodio al calentamiento global
Los investigadores señalaron que Senyar fue un episodio anómalo, aunque no lo trataron como un hecho aislado de la crisis climática. Douglas Sheil, profesor de Wageningen University & Research y participante en el estudio internacional, situó el problema en la relación cada vez más estrecha de dos amenazas que suelen analizarse por separado: “Los fenómenos meteorológicos extremos y la pérdida de biodiversidad suelen tratarse como crisis separadas, pero en realidad están profundamente conectadas”.
El trabajo atribuye al calentamiento provocado por la actividad humana un aumento de la intensidad de la lluvia asociada al ciclón de entre el 9% y el 50%, una subida capaz de agravar deslizamientos en zonas ya debilitadas por la pérdida y fragmentación del bosque.
La escala del daño salió de un cruce de imágenes de satélite y modelos de densidad de población. El equipo cartografió más de 50.000 cicatrices de deslizamientos y calculó que unas 8.300 hectáreas de bosque quedaron afectadas en el bloque occidental del ecosistema de Batang Toru, cerca del 12% de la cubierta forestal de esa área.
El orangután de Tapanuli ya afrontaba un riesgo extremo
Dave Petley, investigador de deslizamientos en Nottingham Trent University, describió un tipo de colapso muy difícil de esquivar para cualquier animal situado en la trayectoria del barro: “Son deslizamientos superficiales de alta velocidad provocados por lluvias intensas”. En terrenos montañosos tropicales, con pendientes muy alteradas por el agua, ni los árboles de raíces profundas garantizan estabilidad cuando la lluvia supera ciertos umbrales.
La especie ya vivía al borde de un umbral peligroso antes del ciclón. El orangután de Tapanuli fue reconocido como especie distinta en 2017 y sobrevive solo en el ecosistema de Batang Toru, en el norte de Sumatra, dividido en tres bloques forestales aislados.
Los estudios citados por los autores indican que podría extinguirse si pierde más del 1% de su población cada año. En ese sentido, Sergei Vich, primatólogo de Liverpool John Moores University y autor del estudio, comparó esa tolerancia con la magnitud de la pérdida estimada en el bloque occidental: “Eso está muy por encima de lo que estos animales pueden soportar”. Jatna Supriatna, profesor del Departamento de Biología de Universitas Indonesia, calificó la muerte de 58 ejemplares como un golpe demográfico devastador para el gran simio más raro del mundo.
Senyar golpeó Sumatra entre el 23 y el 28 de noviembre de 2025 con lluvias que fueron de 103 milímetros en Padang Lawas Utara a 1.003 milímetros en Sumatra Occidental. Al terminar, había causado daños millonarios en Indonesia, Malasia peninsular y Tailandia, además de más de 1.000 muertes, el desastre natural más mortífero del sudeste asiático en 2025.
En Sumatra, el mismo sistema que arrasó viviendas, carreteras y comunidades humanas también alteró el bloque occidental de Batang Toru, donde vive la mayor población restante de orangutanes de Tapanuli.
Indonesia abrió una revisión de los proyectos pendientes
El Gobierno de Indonesia ha paralizado de forma temporal grandes desarrollos en el paisaje de Batang Toru, incluidas la minería, la palma aceitera y la expansión hidroeléctrica. Los autores consideran que esa pausa abre una oportunidad poco común para revisar riesgos ecológicos, mapas de susceptibilidad a deslizamientos y capacidad real del hábitat antes de tomar nuevas decisiones.
Para Meijaard, esa protección debe llegar acompañada de recursos y de un plan de acción coordinado, porque la degradación del bosque y los conflictos con humanos ya presionaban a la especie antes del ciclón.
El estudio remata esa exigencia con una advertencia sobre la extinción moderna de un gran simio: “Mediante una protección nacional reforzada, una planificación adaptada al clima y asistencia financiera y técnica mundial, todavía podemos evitar la primera extinción moderna de una especie de gran simio”.