¿Qué tendría que comer un flamenco para cambiar de color? La ciencia apunta a límites difíciles de superar

Los humedales de medio mundo llevan décadas llenos de aves que parecen pintadas a mano. Los flamencos llaman la atención por las patas largas, por el pico curvado y por un color que casi nunca aparece en otros animales grandes. También tienen otra rareza poco conocida. Aunque casi todo el mundo los imagina rosas desde el nacimiento, las crías salen del huevo con un plumón gris blanquecino y pasan bastante tiempo lejos de ese tono fuerte que aparece en fotografías y documentales.

Esa transformación depende de algo tan básico como la comida. Los flamencos viven en lagunas con agua salada o alcalina y pasan buena parte del día filtrando organismos diminutos. Ahí empieza un proceso que cambia sus plumas durante años y que explica por qué unos ejemplares tienen tonos muy claros mientras otros muestran colores casi rojizos.

Los carotenoides tiñen las plumas según cambia la alimentación

Los flamencos adquieren ese color por sustancias llamadas carotenoides presentes en algas y pequeños crustáceos, según recoge IFLScience y también BBC Wildlife. El beta caroteno pasa de las algas a las gambas diminutas y otros invertebrados, y después llega al cuerpo de las aves cuando se alimentan. El organismo procesa esas sustancias en el hígado y termina depositándolas en la piel y en las plumas. Por eso los tonos pueden variar desde el blanco hasta el rosa fuerte o el naranja, según la especie y el lugar donde vive.

Tim Savage, responsable de aves en el zoo británico de Whipsnade, explicó a la revista CURIOUS de IFLScience que las crías tardan bastante tiempo en adquirir ese color tan conocido. “Cuando nacen están cubiertos por un plumón gris y blanco”, informó. Savage añadió que las primeras plumas también suelen ser claras y que hacen falta varios cambios de plumaje antes de alcanzar el rosa adulto. Ese proceso puede durar un par de años y depende de la cantidad de carotenoides que reciban mientras crecen.

Los zoológicos tienen que reproducir esa alimentación para evitar que las aves pierdan intensidad en las plumas. Amanda Ferguson, responsable de nutrición en Whipsnade y en el zoo de Londres, explicó a CURIOUS que los cuidadores usan un pienso preparado con cantaxantina, otro pigmento de la familia de los carotenoides: “Eso ayuda a mantener su bonito color rosa.” Ferguson comentó que esas sustancias suelen generar tonos rojizos, amarillos o anaranjados y que pasan de los organismos naturales a las plumas después de la digestión.

El color también cambia en los adultos cuando llega la época de alimentar a las crías. Savage explicó en la misma publicación que las parejas transfieren gran parte de esos nutrientes a los polluelos y, durante ese periodo, las plumas pierden intensidad. “Los adultos se vuelven un poco más claros”, matizó. Esa diferencia puede apreciarse incluso dentro de una misma colonia, donde algunos ejemplares muestran tonos suaves mientras otros conservan colores mucho más fuertes.

Las algas marcaron el inicio del color en los flamencos

Las algas son el primer eslabón de toda esa cadena. Los pequeños crustáceos comen esas algas y después terminan en el pico de los flamencos, que filtran el agua con una estructura adaptada para separar partículas diminutas. Ellen Husain escribió en BBC Wildlife que el beta caroteno acaba convertido en pigmentos que pasan a la piel y a las plumas.

La alimentación explica también por qué unas especies muestran colores más rojizos y otras aparecen casi blancas en determinadas estaciones del año. Los cambios en el agua, en la cantidad de alimento disponible y en el entorno de cada humedal alteran la cantidad de carotenoides que reciben las aves.

El azul funciona de otra manera en la naturaleza y ahí aparece el gran límite para cualquier intento de cambiar el color de un flamenco. Ferguson explicó a IFLScience que los tonos azules y verdes no suelen aparecer por pigmentos ingeridos, sino por la estructura física de las plumas y por la forma en que la luz rebota sobre ellas: “Todo tiene que ver con la física de la luz al golpear las plumas.” La especialista puso como ejemplo al martín pescador, que muestra un azul intenso sin depender de pigmentos alimentarios.

Por eso un flamenco nunca se volvería azul aunque recibiera colorantes artificiales. Ferguson dijo que cualquier sustancia ajena a los carotenoides termina degradada en el aparato digestivo y no llega a las plumas. BBC Wildlife recordó además que muchos tonos azules del mundo animal aparecen por estructuras microscópicas en la piel o en las plumas.

El biólogo italiano Alberto Velando explicó que el azul de los pies de los piqueros surge por fibras de colágeno que alteran la luz al reflejarla. Los flamencos seguirán dependiendo de las algas y de los carotenoides, y por eso las lagunas continuarán llenándose de aves rosas en lugar de aves azules.