Las tortugas gigantes vuelven a las islas Galápagos después de casi 200 años
Casi 150 años después de su desaparición, las tortugas gigantes vuelven a caminar por la isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos. El Parque Nacional Galápagos liberó esta semana 158 ejemplares juveniles (de entre 8 y 13 años) como parte de un ambicioso programa de restauración ecológica que busca recuperar una pieza clave del ecosistema insular.
Las nuevas habitantes forman parte de un plan que prevé introducir hasta 700 individuos de manera gradual. Proceden de un programa de cría gestionado por el Parque Nacional Galápagos, con apoyo científico internacional.
Un linaje que se creía perdido
Las tortugas originales de Floreana (clasificadas dentro del complejo Chelonoidis niger) fueron llevadas a la extinción por la caza intensiva de balleneros y colonos en el siglo XIX, además de incendios y la introducción de especies invasoras.
Según datos del propio parque y de la Fundación Charles Darwin, análisis genéticos realizados en la última década detectaron que en el volcán Wolf (isla Isabela) sobrevivían individuos híbridos con un alto porcentaje del linaje original de Floreana. Estos hallazgos permitieron iniciar un programa de reproducción selectiva para recuperar progresivamente esa carga genética.
Investigaciones publicadas en revistas como Current Biology documentaron cómo los estudios de ADN permitieron identificar descendientes de poblaciones extinguidas y sentar las bases científicas para su reintroducción.
Ingenieras del ecosistema
Las tortugas gigantes no son solo un símbolo de Galápagos: son auténticas “ingenieras ecológicas”. Su alimentación y desplazamientos modelan el paisaje, dispersan semillas y mantienen abiertos claros que favorecen a otras especies.
La UNESCO declaró las Islas Galápagos Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978 por su biodiversidad única y su papel clave en el desarrollo de la teoría evolutiva. La recuperación de especies emblemáticas forma parte de los compromisos internacionales de conservación del archipiélago.
Floreana, con apenas 173 kilómetros cuadrados y una pequeña población humana, había llegado a albergar unas 20.000 tortugas gigantes hace dos siglos. Hoy, además de flamencos, iguanas y pingüinos, la isla enfrenta amenazas persistentes como ratas, gatos, cerdos y plantas invasoras.
Los ejemplares liberados son lo suficientemente grandes para resistir a depredadores introducidos y ya han comenzado a explorar el terreno coincidiendo con las primeras lluvias de la temporada.
Más que una simple reintroducción, el proyecto busca reconstruir un linaje y restaurar procesos ecológicos perdidos. En Galápagos, donde la historia natural cambió nuestra comprensión de la vida en la Tierra, el regreso de las tortugas gigantes no es solo una buena noticia ambiental: es una reparación histórica.