La obra de Manuel de Falla que Pastora Imperio bailó y María Lejárraga escribió

Manuel de Falla compuso grandes obras a lo largo de su vida, pero si hay una que ha perdurado en el imaginario colectivo después de tantos años esa es El amor brujo, una composición que llegó al Teatro Lara de Madrid el 15 de abril de 1915. Más de un siglo después, aquel ballet con cante y música sigue siendo una de las piezas más emblemáticas del artista gaditano.

La historia de El amor brujo se remonta al año 1914, cuando Falla comenzó a trabajar en este proyecto a petición de la bailaora gitana Pastora Imperio y su madre. El de Cádiz, que acababa de volver a España después de vivir en París, tenía ganas de rescatar y plasmar en una obra las raíces de la música popular andaluza, y aceptó sin dudar aquel encargo.

De aquella primera versión en la que trabajó surgieron fragmentos tan conocidos como la Danza del fuego. La protagonista de la primera representación frente al público no pudo ser otra que la propia Imperio, una de las más figuras del baile flamenco más célebres de aquel momento, quien también ayudó a Falla a darle forma a la obra.

La bailaora se subió al escenario para interpretar Gitanería en un acto y dos cuadros, subtítulo original de la obra, donde dio vida a Candelas, una mujer perseguida por el recuerdo de su antiguo amante. Pero la historia que acompañaba a la música del compositor gaditano llevaba otra firma, y su nombre era el de una mujer.

De Lejárraga a La Argentina

María de la O Lejárraga, escritora y dramaturga, fue quien redactó el libreto, el texto que articulaba la acción escénica de El amor brujo, aunque su nombre no apareció en la firma pública de la obra, que se atribuyó a Gregorio Martínez Sierra, su marido y colaborador habitual. No fue un caso aislado, pues durante años numerosas obras escritas por Lejárraga circularon bajo el nombre del que fue su pareja.

Mientras la autoría literaria del libreto permanecía en la sombra, la obra continuó su transformación sobre los escenarios. Después del estreno, Falla revisó la composición y preparó una nueva versión, concebida como ballet y con una estructura musical diferente a la original, lo que ayudó a que la obra adquiriera una nueva dimensión y ampliara su proyección más allá de las fronteras de España.

La encargada de dar vida a esta nueva etapa fue Antonia Mercé, conocida como La Argentina, bailarina reconocida por el papel que tuvo en la renovación de la danza española en aquella época. El 22 de mayo de 1925, La Argentina estrenó en París la versión definitiva en formato ballet de El amor brujo, la gran obra de Falla que no sería igual sin la contribución que hicieron todas estas mujeres.