Cristina de Suecia, la reina rebelde que usaba pantalones y que contribuyó indirectamente a la formación del Museo del Prado
La vida de Cristina de Suecia no fue nada convencional. Hija de Gustavo II Adolfo y de María Leonor de Brandeburgo, heredó el trono poco antes de cumplir seis años tras el fallecimiento de su padre en la batalla de Lützen, una de las muchas que se libraron dentro de la guerra de los Treinta Años. Se convirtió entonces, por deseo explícito de su progenitor, en la primera mujer soberana del país, para disgusto de su madre.
Cristina de Suecia fue única por eso y por otras muchas cuestiones. La joven reina hizo del conocimiento y de las artes una parte esencial de su vida, algo muy poco frecuente para una monarca en la Europa del siglo XVII. Se le consideraba como una estudiosa, coleccionista y amante del teatro, la música y la ciencia. A ello dedicó gran parte de sus esfuerzos.
Esa fama se la ganó a pulso, porque la monarca no dudaba en invertir en la compra de obras de arte a fin de enriquecer los bienes culturales de Suecia. También se convirtió en mecenas de varios artistas y notables intelectuales, que terminaron visitando lo que se consideró como el centro del humanismo en Europa. Por ahí desfilaron el filósofo francés René Descartes y el pintor galo Sébastien Bourdon.
Cristina también apoyó el desarrollo del ballet y del teatro. La joven monarca trajo a Estocolmo compañías francesas, neerlandesas, alemanas e italianas, que presentaban sus ballets y pantomimas, además de óperas y piezas en sus propios idiomas.
No solo por su interés en el arte y el conocimiento. La monarca fue transgresora por muchos otros motivos. Le encantaba vestir con pantalones, una prenda que en esa época solo usaban los hombres y tampoco era muy dada a utilizar joyas y otros elementos decorativos pomposos.
En declaraciones a la BBC, la biógrafa Veronica Buckley la define de la siguiente manera: “Caminaba como un hombre, se sentaba y cabalgaba como un hombre, y podía comer y maldecir como el soldado más rudo. Su voz era profunda y áspera, y su temperamento caliente: sus sirvientes no eran ajenos a golpes ni contusiones”. Y añade que era extremadamente inteligente.
Cristina de Suecia tampoco quiso casarse, pese a las peticiones internas que le llegaban para que asegurara la sucesión al trono. Ella terminó abdicando a los 28 años en favor de su primo Carlos Gustavo, que aceptó y se convirtió en Carlos X Gustavo. Luego se trasladó a Roma, donde siguió cultivando su interés por el arte y el conocimiento. Fue allí donde decidió pasarse del protestantismo al catolicismo, para sorpresa de las monarquías europeas y de los súbditos a los que ella dirigió. Terminó falleciendo a los 62 años.
Homenaje del Museo del Prado
La reina rebelde, como también se le conoció, tuvo una contribución decisiva para los fondos escultóricos del Museo del Prado, aunque fuera indirectamente. Su interés por la antigüedad se plasmó en una destacada colección de escultura clásica, adquirida posteriormente por Isabel de Farnesio e incorporada a las colecciones reales españolas.
Este conjunto constituye actualmente una parte fundamental de los fondos de escultura del Museo del Prado y sitúa a Cristina de Suecia entre las mujeres que contribuyeron históricamente a la formación de sus colecciones.
Ahora, con motivo de los 400 años desde su nacimiento, la pinacoteca española dedica una sala al universo escultórico construido por la monarca: piezas de época helenística, copias romanas de originales griegos, retratos, bustos imperiales, esculturas barrocas que integran fragmentos antiguos originales, e incluso un ejemplar del tratado de pintura de Leonardo da Vinci dedicado a la soberana. Todo se reúne en la nueva presentación de la sala 74 del Edificio Villanueva.
0